Las grandes conquistas de la mujer occidental

Leonie Suhr

El 8 de marzo de 1857, las trabajadoras de la confección de ropa, en Nueva York, manifestaron por la primera vez para obtener mejores condiciones de trabajo, un día de 10 horas, y por el reconocimiento de la igualdad de trabajo.

En los años que siguieron, las mujeres obtuvieron muchas mejorías en el sitio de trabajo. Principiando por la suspensión de trabajo de noche para los menores de edad. Obtuvieron mejores condiciones, como el respeto de parte del patrón, más tiempo para comer, mejorías hasta en los servicios sanitarios en el lugar de trabajo.

En 1910 fue que Clara Zetkin propuso de hacer definitivamente el 8 de marzo, la jornada internacional de la mujer.

Fue Polonia el primer país, en 1918, que decidió dar el derecho de voto a la mujer, seguida por Alemania en 1919. Los Estados Unidos le dieron el derecho de voto a la mujer en 1928, Francia en 1945 y Nicaragua en 1957.

El Siglo XX fue una centuria llena de riquezas en cambios para la mujer. Estos cambios han permitido conquistas para ellas poniéndolas al igual al hombre en muchos dominios.

Nadie podría dudar que el Siglo XX estuvo marcado con la irrupción de las mujeres en la vida social y en la política. Una de las conquistas más grandes ha sido la libertad física y legal.

Al final de la Primera Guerra Mundial, la liberación de la mujer fue marcada por una transformación en el físico. Adiós corset, vestidos largos y melenas largas. Mostrando sus piernas y el pelo cortado a la garcon, nació el símbolo de la mujer nueva. La mujer comenzaba a afirmar su derecho de existir según sus deseos.

La emancipación de la mujer no es hoy en día algo excepcional. Se ha generalizado en los últimos cincuenta años. Ya quedó atrás la era de las pioneras, hoy se vive en la era de la evidencia del lugar que ocupa la mujer en la sociedad. Aunque este lugar está asegurado; ya nadie se asombra de ver mujeres, abogadas, doctoras, licenciadas con varios títulos, hasta mujeres pilotos en líneas aéreas internacionales. ¿Y que me dicen de “las astronautas”?

Hay todavía posiciones que siguen un poco fuera del alcance de la mujer. ¿Cuantas mujeres hay en puestos de ministros? ¿De cónsules, de embajadoras? La igualdad de los sueldos da mucho que desear también. La mujer ha combatido por más igualdad en el mundo de trabajo para obtener el derecho de puestos con responsabilidad. Han demostrado que son tan competentes como el hombre.

¡Hay un peligro! El peligro de la independencia es la soledad. ¿Y si en vez de hablar de igualdad se hablara de enseñar a las unas y los otros una complicidad complementaria? La mujer, ¿no es ella la mejor defensora del hombre? ¿Y el hombre de la mujer? Un mejoramiento en la participación en la vida social de ambos lados sería de interés y beneficio para todos. La mujer ha dejado el papel precario de madre y ama de casa, en muchos casos, olvidando su feminidad. En la evolución de la mujer, la feminidad tiene que reinar. Olvidándose de este atributo la sociedad acepta mal la evolución de la condición femenina.

La mujer occidental ha adquirido el derecho de vivir como más le apetece, de votar, de tener hijos cuando le parece, de escoger su domicilio y de divorciarse. De heredar en toda legalidad, de igual a igual. En todo esto, la medicina se ha vuelto su cómplice, para deshacerse de todos esos males femeninos, el decaimiento o el parto peligroso, sin olvidar la malnutrición. La mujer ha obtenido un lugar en la sociedad que no está solamente reservado a los hombres de hoy en día. Tiene campo de acción donde ella puede ejercer nuevas funciones.

Los próximos cincuenta años prometen ser apasionantes en todo sentido.

La autora es periodista.  

Editorial
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