Ceniza

Luis Sánchez [email protected]

Esta semana fue el Miércoles de Ceniza, que marca el inicio de la Cuaresma, o sea los 40 días previos a la Pasión y Muerte de Jesucristo, que se supone deben ser de ayuno y penitencia, pero que en realidad los católicos en general se limitan a abstenerse de comer carne los viernes comprendidos en este lapso.

Pero, ¿por qué 40 días? Pues, porque fueron 40 días los que Jesús ayunó y oró a solas en el desierto; porque durante 40 años el pueblo elegido anduvo perdido en el desierto cuando iba en busca de la Tierra Prometida; y porque 40 días pasó el patriarca Noé encerrado en su Arca mientras el diluvio arrasaba la Tierra como castigo de Dios a la impenitencia de los hombres.

La imposición de la ceniza es el miércoles después del domingo de Quincuagésima, o sea el 50mo. día antes de la Pascua de Resurrección. De modo que en la misa de ese día el sacerdote y los ministros de la Eucaristía impusieron la ceniza bendita en la frente de los feligreses mientras repetían la inobjetable sentencia del Génesis (3:19): “Pues polvo eres y al polvo volverás”.

Es que el polvo, la tierra, y en este caso la ceniza, significa el dolor, la muerte corporal y la fugacidad de la vida terrenal. Ya desde la remota antigüedad la ceniza simbolizaba al cielo oscuro de la noche. Para los hebreos la ceniza representaba la aflicción, la penitencia y el ayuno. Y en otros pueblos de Oriente, cuando faltaba el agua se usaba la ceniza en los ritos de purificación.

Según algunos historiadores, en el siglo VII después de Cristo se comenzó a usar la ceniza, mezclada con vino y agua, para la consagración de las iglesias y particularmente de los altares. Pero la imposición de la ceniza en la frente de los fieles, como simbólica intención piadosa de alcanzar la penitencia espiritual, es una ceremonia que se practica desde los orígenes de la Iglesia.

La ceniza que se usa en la imposición sacramental es la que resulta de incinerar las palmas benditas del Domingo de Ramos, o sea del día que comienza la Semana Santa y conmemora la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén.

Por otro lado, los oniromantes (intérpretes de los sueños) aseguran que soñar con ceniza es de buen agüero; que si en el sueño se recoge ceniza significa un futuro próspero; y que si en el sueño sólo se ve la ceniza, es que le irá bien en los negocios.

En el mito del Ave Fénix, que es de origen egipcio, la ceniza representa la resurrección y la eternidad. El Fénix era un ave fabulosa, parecida al pavo real, que lucía un penacho sobre la cabeza, tenía plumas doradas en el cuello, la cola blanca con manchas rojizas y los ojos tan brillantes como las estrellas.

Cuando sentía la proximidad de la muerte el Fénix hacía un nido con maderas impregnadas de resina aromática, y se tendía bajo el Sol para morir calcinado. Luego, de sus cenizas nacía un gusano que engendraba a otro Fénix, joven y radiante, cuya primera tarea era sepultar las cenizas del que le dio origen, o sea de su padre.

Se creía que el Fénix sólo se dejaba ver cada 500 años, y supuestamente la última vez fue en el 330 después de Cristo, en Bizancio, el día que esta histórica ciudad adoptó el nombre de Constantinopla.  

Editorial
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