Gajes del oficio

El Presidente Enrique Bolaños calificó como “grosero” el Editorial de LA PRENSA del miércoles de esta semana (“Sacando sangre de donde no hay”), en el que criticamos la política impositiva del Gobierno, así como la posición del Presidente de la República contraria a la exoneración de impuestos para los medios de comunicación establecida en la Constitución.

Pero la verdad es que al revisar cuidadosamente el mencionado Editorial de LA PRENSA, no encontramos ninguna expresión fuera de tono, ninguna ofensa a don Enrique Bolaños como persona ni en su carácter de Presidente de la República, y en fin, nada que se pudiera considerar como “grosero”, que según cualquier diccionario de la lengua española significa ordinario, basto, descortés, indecente, rústico, incorrecto, vulgar.

En realidad, está muy lejos de nuestra intención querer ofender con groserías al Presidente Bolaños, ni a nadie. Y si en realidad lo hubiéramos hecho, puede estar seguro el Presidente Bolaños que no vacilaríamos en ofrecerle disculpas y darle satisfacciones, pues nosotros acostumbramos a reconocer públicamente nuestros errores, cuando los cometemos.

Sin embargo debemos aclarar que tampoco usamos palabras obsequiosas para halagar al Presidente de la República ni a ningún otro prominente funcionario del Estado, de la empresa privada o de instituciones no gubernamentales. Como periódico profesional, independiente, serio y responsable que es LA PRENSA, no le cabe el uso de frases melifluas para agradar a los gobernantes, ni a nadie.

El Presidente Bolaños dijo que él no había dicho lo que se criticó en el Editorial de LA PRENSA calificado por él como “grosero”. Se refería el Presidente a las declaraciones que dio el domingo pasado en Granada, al responder a preguntas de periodistas sobre las exoneraciones de impuestos a los medios de comunicación establecidas constitucionalmente, al respecto de las cuales el vocero presidencial aclaró después que no era cierto que (el Presidente) hubiera dicho lo que criticamos. Al Presidente “le preguntaron su opinión de qué pensaba de las exoneraciones que están establecidas en la Constitución, y él dijo: bueno, eso está establecido en la Constitución, pero si hay alguien que quisiera voluntariamente decir: voy a empezar a pagar mis impuestos, a él le parecía bien”, explicó el vocero presidencial, según lo transcribimos en nuestra edición del martes 4 de marzo corriente.

El problema con el Presidente Bolaños es que a veces dice una cosa y luego se contradice, o aparece su vocero explicando que no fue eso lo que el Primer Mandatario dijo o quiso decir. Así ocurrió inclusive con las declaraciones internacionales que el Presidente Bolaños brindó a la cadena de televisión de Estados Unidos que transmite en español, CNN, sobre el monto de su salario y la pensión de ex vicepresidente de la República que recibe mensualmente.

En todo caso, lo que nosotros quisimos decir con el lenguaje claro y firme pero respetuoso y carente de groserías que usamos invariablemente, es que no tiene razón el Presidente Bolaños al cuestionar las exoneraciones de impuestos a los medios establecidas en la Constitución; ni al decir que sería bueno que los medios de comunicación “empezáramos” a pagar nuestros impuestos, pues de esta manera da entender que no pagamos los impuestos que deberíamos pagar.

La verdad es que LA PRENSA sí paga los impuestos que le corresponde pagar, por ejemplo sobre la venta de publicidad, sobre las operaciones de su imprenta comercial, sobre los discos que ofrecemos a nuestros lectores a precios muy favorables, etc.

Las exoneraciones de impuestos establecidas en la Constitución para los medios de comunicación, son en el caso de LA PRENSA para el papel, la tinta y algunos insumos y equipos. Pero ese beneficio, que fue establecido para proteger a la libertad de prensa de las presiones económicas y fiscales de los gobiernos, lo trasladamos directamente al público, pues el precio de venta del periódico es de 3 córdobas y recuperamos sólo 2.10., de modo que esa diferencia se subsidia con los ingresos por publicidad de los que, repetimos, pagamos escrupulosamente los impuestos correspondientes.

Pero no sólo el Presidente se molesta con nuestras críticas. Igual recibimos quejas, protestas y presiones de otros funcionarios, empresarios privados, políticos, religiosos, dirigentes sociales, etc., cuando los criticamos con nuestras opiniones. Son gajes del oficio.  

Editorial
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