- En condiciones adversas, numerosas familias campesinas cultivan la tierra, aplicando técnicas sencillas y rudimentarias para multiplicar sus cosechas en áridas zonas del norte del país. Parcelas modelos son ejemplo de tenacidad, en un esfuerzo apoyado por el programa Soynica, que recientemente cumplió 23 años de trabajar en la seguridad alimentaria
Dolores RugamaEspecial para LA [email protected]
Familias campesinas de escasos recursos económicos de San Lucas, Totogalpa, Yalagüina, Mozonte y Dipilto, son ejemplo de tenacidad, y confirman el adagio de que “querer es poder”, pues donde antes era desierto, con mucho esfuerzo y en condiciones precarias ahora producen alimentos, venciendo problemas de sequía, degradación del suelo y falta de fuentes de agua, entre otras dificultades.
Las iniciativas y la perseverancia de aferrarse a producir y alcanzar el éxito, en un medio adverso, fueron socializadas y plasmadas en un texto didáctico denominado La Cartilla Escuela, bajo el patrocinio de la Asociación Soya de Nicaragua (Soynica).
El texto, que resume la sabiduría y experiencia de los campesinos está a disposición de las familias rurales, gracias al auspicio del Fondo Canadá para Iniciativas Locales (FCIL), del Comité de Apoyo para los pueblos de Centroamérica, de Suecia, y Psiche y Philip Hughes.
Aunque no se trata de un manual fijo o un recetario, lo cierto es que las ricas experiencias de los campesinos servirán de mucho a otros, cuyas tierras en patios o pequeñas parcelas erosionadas carecen de fuentes de agua y padecen de otros problemas que surgen a diario, ocasionando poco rendimiento en sus cosechas.
FRUCTÍFEROS RESULTADOS
Son interesantes los ejemplos de la campesina Elsa Ramírez, cuya cosecha florece hoy porque se las ingenió para irrigar sus cultivos sembrados en un ambiente totalmente árido; de Marcia y Alejandro Pérez, quienes tenazmente vencieron las dificultades y hasta cuentan con un estanque de peces, así como de Marcos Florián e Higinia Gómez, en Los Arados, Mozonte, que desafiaron el viento para salvar sus cosechas.
La sabiduría campesina, combinada con tecnología y ecología, ahora asegura el desarrollo planificado de sus unidades productivas, procurando alimentos, así como algunos excedentes económicos.
El SISTEMA DE LA OLLITA
Uno de los problemas fundamentales que han resuelto es el del agua. Hay que recorrer distancias de dos kilómetros y hasta más para conseguirla, pero con las experiencias acumuladas han implementado el antiquísimo y prodigioso sistema de la ollita —método que desarrollaron y aplicaron ampliamente los incas en las secas y áridas regiones montañosas de Perú y Bolivia—, con óptimos resultados para mantener y hacer crecer los sembradíos.
Para regar al goteo, los campesinos norteños emplean también envases plásticos que se colocan al pie del árbol y se les gradúa una salida para lograr una gota a la velocidad que la planta necesite. Los campesinos cubren los alrededores de la planta con ramas para evitar que los rayos del sol toquen directamente el suelo, así se conserva la humedad y, por lo tanto, se ahorra agua.
ABONOS ORGÁNICOS
El suelo es fertilizado con abonos orgánicos, y eso lo han asimilado muy bien los campesinos de la Parcela Escuela. El estiércol es un producto que usan para tal fin, lo que les permite aprovechar recursos propios sin depender de los que venden al mercado.
También, en lo que denominan compost o abonera, fabrican abono orgánico de excelente calidad, mezclando estiércol con restos de alimentos, cáscaras de frutas, hojas y otros productos. Otra forma de obtener abono orgánico es a través de las lombrices rojas californianas con lo que producen lombri-humus, un producto de manufactura local.
La siembra diversificada y asociada es otro aspecto importante de las parcelas escuelas. El monocultivo de sólo maíz o frijol quedó atrás, con el consecuente resultado: más productos para la alimentación y el pequeño mercado, se reducen las plagas y enfermedades, se estimula el desarrollo de insectos benéficos y el suelo se agota menos.
Paralelo a la tecnificación de la siembra en las parcelas, los campesinos han mejorado su nutrición al integrar a su dieta alimentos variados, además de frijoles y tortilla, añaden guisos de hortalizas y hojas verdes, así como frutas. Han aprendido a elaborar el excelente complemento nutreico llamado extracto foliar, el que se prepara a base de las hojas verdes comestibles que ellos mismos cultivan.
UNA PARCELA MODELO
Uno de los mejores lugares de observación para palpar en el terreno el efecto de la experiencia en la producción agrícola lo constituye la parcela de Alberto y Elsa Ramírez, del Rodeo Número 1, en la jurisdicción de Somoto.
Atrás quedaron los sinsabores y los fracasos en las cosechas. Ambos recuerdan que cuando comenzaron a sembrar en la parcela, en septiembre de 2001, sólo contaban con ocho matas de guineo completamente desnutridas, y un año después, aplicando correctamente las técnicas, son poseedores de plantas bien formadas, entre ellas: 18 de aguacate, ocho de naranjas, nueve de mangos, 40 papayales, 16 cepas de plátanos e igual número de cepas de guineos, seis parras de calalas, 300 sembradíos de yuca y 80 de camotes, así como otras hortalizas.
Don Alberto, quien es promotor de Soynica en su comunidad, revela que la escasez de agua la resolvió con el sistema de goteo, labor en la que le ayudan sus hijos en el llenado de los recipientes.
Señala que usa abonos verdes, los que obtiene asociando a los cultivos variedades de frijol como Kaupí, China Popo y Terciopelo, así como el Guandul, que además de abono le sirven como cortina rompevientos.