Mario Ruiz C.
La escuela, o sea el centro de enseñanza que va desde el jardín infantil, hasta las aulas universitarias, se supone que nos prepara para la vida. Las aulas de enseñanza no pueden ser lugares en donde nos llenan de conocimientos teóricos alejados de la realidad circundante.
Enseñar a contar a un niño con trenes en donde éstos no se conocen, posiblemente no sea erróneo, pero sí discordante a su medio, dificultando la capacidad del aprendizaje, su comprensión del mundo y su entorno.
Equivocadamente se cree que entre más información se brinda en la escuela, se está facilitando la adaptación del niño, adolescente y joven a la vida; por ello subsiste aún hoy en día, el maestro que exige la lección de memoria y el mejor alumno es el que recita como loro un texto que en la mayoría de los casos no corresponde al medio que ellos se desenvuelven.
La escuela por un lado muestra el mundo idealista o un mundo distinto al que se vive, ya sea porque no toma en cuenta éste, o simplemente se ha copiado modus vivendus ajenos al nuestro; y cuando se regresa al hogar, a la calle, al trabajo, con los amigos, se enfrenta y confronta en todo sentido, por lo tanto se rompen esquemas que llevan a descalificar a uno de los entornos: La escuela o nuestro medio, o algo peor a convivir con ambos como cambiándose traje de trabajo y de noche, comportándome en uno y otro lado de manera distinta, sin que exista una coherencia en el actuar, así el alumno excelente, podrá ser delincuente en la calle, porque nada tiene una cosa que ver con la otra, existe una disociación entre ellas.
Por nuestro afán de instruir y ofrecer al niño, al adolescente y al joven mayores oportunidades, se crean escuelas, con las mejores intenciones, con condiciones que realmente dejan mucho que desear y a veces sería mejor no existiese para no engañar con algo que ni siquiera es instrucción mucho menos educación. Local inapropiado, maestros deficientes o sin experiencia, limitándose a la recepción de un cúmulo de conocimientos dispersos y muchas veces equívocos.
Instruir y educar, va más allá de impartir clases, implica poner en contacto directo al estudiante con su entorno, por ello una escuela tiene que ser el lugar en donde se enseñe a ser amigos, a compartir y competir en el deporte, el arte, a ser responsable, a respetar a los que piensan distinto a nosotros, aprender a gobernar y ser gobernados, a cumplir y exigir derechos, en otras palabras es un centro en que se vive como en una pequeña República, de ahí surgirán los líderes del mañana, y serán o no responsables según se les eduque, los profesionales, científicos y artistas, la escuela es donde se debaten las ideas, se crea e innova, de ahí tiene que surgir la tendencias en el arte, la ciencia y el deporte y el prestigio de cada centro dependerá de su aporte a la sociedad. El Gobierno tiene que ser muy cuidadoso al acreditar y autorizar los centros de enseñanza de toda índole, así como el uso eficiente de los recursos y el ciudadano cauteloso en donde deposita el futuro de sus hijos; la falta de una verdadera educación es precisamente toda la causante de la triste realidad hiriente que guía a la mayoría de los políticos, líderes empresariales, profesionales y ciudadanía en general. Si los centros educativos de hoy, exclusivamente imparten instrucción fuera del entorno, alejada de la realidad, con violencia, irrespeto e inmoralidad, al tipo garaje en donde se tira todo, y no me refiero literalmente al edificio en sí, sino al modo de educación y enseñanza que brinda, no hay quejarse después que exista un remedo de República, se cosechare lo que se siembra.
El autor es abogado.