Enrique Genie A.
Es triste saber lo que le sucedió a la niña de nueve años que fue abusada sexualmente hace algunos meses en Costa Rica, y más doloroso aún debe ser para ella (la niña) ya que a su corta edad ha tenido seguramente que pasar por muchas dificultades y tristezas, y probablemente se encuentre muy desorientada.
En Nicaragua frecuentemente los medios de comunicación informan sobre el continuo abuso sexual a los menores de edad, pero la más triste es saber que la mayoría de esos abusos son cometidos por familiares o personas muy cercanas a ellos. Es alarmante que un niño o una niña no pueda confiar ni en sus propios hermanos o tíos y a veces ni de su propio padre.
En la mayoría de los hogares, ambos padres tienen que trabajar para el sustento de la familia y para eso muchos de ellos tienen que dejar a sus hijos e hijas bajo los cuidados de otros, sin que los padres se den cuenta pueden ser abusados sexualmente o físicamente maltratados, porque los niños o niñas callan por miedo bajo amenazas o simplemente por no saber qué es lo que les está sucediendo en su corta vida.
No puedo dejar de imaginarme lo confundida que debe estar la niña de nueve años que, a su edad tuvo en su vientre a otro niño sin estar preparada para ello, y peor aún entender, si es que lo entiende, que ese niño era producto de una violación. Pero… ¿y el violador dónde está? Posiblemente se trata de un costarricense que en la actualidad está pagando increíblemente su pena en la calle, libre como un pájaro, sin que las autoridades de Costa Rica y de Nicaragua hagan algo al respecto, ya que lo único que se ha discutido es que si debía someterse a un aborto terapéutico o no.
Nunca había visto tanto interés por las instituciones gubernamentales o no gubernamentales competentes en esta materia, dedicadas a discutir para decidir la vida o el destino de un niño o niña. Siento que se ha conducido esta tragedia como un circo. La privacidad de esta niña y de su familia fue manejada, publicada e irrespetada por “moros y cristianos”.
Creo que nadie se ha puesto a pensar cómo estará la niña o qué está pasando por su cabecita en estos momentos, o más adelante, cuando quiera o trate de rehacer su vida. Podrían mejor estar pensando cómo ayudarla porque nunca volverá a ser la misma. Cuando quiera salir a jugar, pasear o estudiar como cualquier otro niño normal será seguramente hostigada por las personas en la calle o recibirá miradas indiscretas, risitas o burlas de otros niños de su edad en la escuela, lo que pudiera producirle un daño psicológico irreparable. Aunque reciba un tratamiento adecuado, porque una herida de ese tipo debe ser profunda y muy difícil de sanar.
El autor es licenciado en diplomacia y relaciones internacionales.