Miguel [email protected]
Ha pasado mucho tiempo desde aquel Irán de 1979. Ya los ideales de aquella revolución islámica huelen a podridos; y a pesar de que Washington lo incluye dentro del denominado “axis del mal”, creo que contra Teherán no necesitarán fuerza militar.
Explico. Irán es gobernado por un regimén de clérigos islámicos (Shi’a), que pretenden imponer su versión teológica en la tierra; sustentados por un estado policial y altamente represivo; el financiamiento del grupo terrorista Hezbollah, que opera contra israelitas via el Líbano; pocas o inexistentes libertades civiles y —como no— un odio al “gran Satán”, los EE.UU.
Mientras la juventud post 1979 se crece harta de la teocracia y pujan por cambios, los ayatollas se ven descreditados y sin más remedio que el de apretar sus medidas tiránicas. Al fallecer el Ayatolla Khomeni en 1989 no se vieron señales divinas en el cielo; y su delfin y supuesto sucesor, Montazeri, fue visto como una amenaza liberal por la mayoria de los clérigos, así que el encargado desde entonces es el Ayatolla Khamenei (ya vemos que no son tan “santos” como pretenden). Y éste vé cómo através de la reelección del presidente reformista Khatami en 2001, el pueblo persa, tradicionalmente bien educado, reitera su deseo de abrirse al mundo occidental; pero Khatami tiene poco espacio para maniobrar; su título es más ornamental que otra cosa ¡ni quiera Dios que enfade a sus jefes!
Simplemente, la raíz del problema para Teherán radica en que cada día les cuesta más vender la idea de “Lucifer & Cía.”. En la Copa Mundial de Francia 1998, Irán se enfrentó a EE.UU. y ambos equipos desplegaron un partidazo de futbol; además de la euforia de haber triunfado 2-1, el combinado iraní habrá pasado palabra de que el mundo occidental no es tan malo como lo pinta Teherán. No sé cuánto tiempo se habrá tomado el regimén islamico en darse cuenta cuán “peligroso” es el fútbol como infiltrante de los males occidentales, lo que sí sé es que al no clasificar para el Mundial de Alemania 2002, dieron un gran suspiro…
En anticipación de lo que pudiese acontecer, a finales de enero pasado una encuesta realizada en Irán reveló que —de la ciudadanía favorece reestablecer contactos con EE.UU.— sus dos encuestadores van a prisión por 8 años. Esto no muestra meramente un enamoramiento con Washington —Teherán prohíbe celebrar el Día de los Enamorados— si no que un deseo de saborear los valores democráticos que tanto anhela un pueblo sumido en pobreza, poseedores de una cultura magnífica y dinámica y un potencial economico deslumbrante. A como yo lo veo, tarde o temprano, habrá que llegar la lujuria de la democracia… o Tienanmen II.
El autor es estudiante nicaragüense de ciencias políticas en la Universidad de Villanova (Pensilvania) y miembro de la Fundación por la defensa de la democracia (FDD).