El lenguaje de las encuestas

LA PRENSA invierte regularmente importantes recursos en las encuestas que realizan firmas de reconocido profesionalismo y capacidad —CID/Gallup (internacional) y M&R Consultores (nicaragüense)—, para prestar un mejor servicio al público y darle un excelente valor agregado a su oferta informativa, que sin dudas es la mejor de Nicaragua.

Las encuestas son instrumentos que sirven para indagar la realidad, reunir información y medir la opinión pública en los temas fundamentales de carácter social, económico, comercial y político. Las encuestas permiten conocer, por ejemplo en lo político, la mayor o menor aceptación de los candidatos y las opiniones de los gobernados sobre la gestión del gobierno; en lo comercial lo que piensa la gente sobre los productos y los precios; y en general sirven para medir cualquier actividad humana.

El servicio de las encuestas es para toda la sociedad, aunque también los políticos lo pueden aprovechar siempre y cuando quieran atender la opinión pública y tengan voluntad de rectificar sus estrategias y sus actitudes, de acuerdo con lo que quieren y esperan los ciudadanos.

En la política las encuestas han demostrado su utilidad desde que se comenzaron a usar en las elecciones de febrero de 1990, y casi siempre han acertado en sus estimaciones previas sobre los resultados de las votaciones populares. Por supuesto que nos referimos a las encuestas independientes que hacen firmas profesionales de prestigio nacional e internacional, no a los sondeos manipulados que se dan a hacer algunos líderes políticos para autocomplacerse y tratar de engañar a los electores indecisos.

En el caso de la última encuesta de M&R Consultores, cuyos resultados fundamentales publicamos en nuestras ediciones de lunes y martes de esta semana, podría ser aprovechada por el presidente Enrique Bolaños para reconocer que la catastrófica caída de su apoyo y credibilidad entre la población no se debe sólo al desgaste normal que sufre todo gobernante en el ejercicio del poder, sino al incumplimiento de sus promesas fundamentales y a la incongruencia de sus palabras con los hechos.

Es obvio que muchos nicaragüenses se han sentido defraudados por el presidente Bolaños al no renunciar éste a su pensión millonaria de ex vicepresidente; al no reducir significativamente los megasalarios de la cúpula gubernamental; al no renunciar a su inmunidad —a pesar de que lo prometió solemnemente— para enfrentar las acusaciones de que cometió delitos electorales; pero sobre todo al no poder mejorar la economía para crear nuevos empleos. De modo que su parcialmente exitosa lucha contra la corrupción ha sido eclipsada por la permanencia de los problemas que más afligen a los nicaragüenses en términos generales.

Por su parte los miembros del Poder Legislativo podrían, si quisieran, atender la opinión de la mayoría de los ciudadanos que quieren un mejor desempeño de los diputados y que éstos sean elegidos de manera directa y personal (uninominal), y no en las planchas cerradas que imponen los partidos, que es como se les “elige” en la actualidad.

En cuanto a las directivas de los partidos liberal y sandinista, podrían hacer caso a los resultados de la última encuesta de M&R Consultores, según los cuales 9 de cada 10 ciudadanos opinan que “por el bien de la democracia” Daniel Ortega debería retirarse de la vida política activa; y la misma proporción de 90 por ciento piensa igual sobre Arnoldo Alemán, inclusive 8 de cada 10 que se dicen simpatizantes liberales.

Inclusive los conservadores, deberían hacer caso al dato de que ya no existen como partido en la memoria histórica de los nicaragüenses, sólo entre ellos mismos, y que deberían por lo menos cambiar de nombre para tener éxito en la formación de una alternativa electoral y política a las paralelas libero-sandinista.

Pero los líderes políticos nicaragüenses, casi sin excepción, sólo atienden los resultados de las encuestas si les son favorables. De lo contrario las denigran y acusan a quienes las hacen de que quieren perjudicar sus imágenes, como si no fueran ellos mismos los que se perjudican con sus ineficiencias y corrupciones.

Por eso es que insistimos en señalar que estos políticos no representan la solución de los graves problemas que sufre la nación, pues ellos mismos son parte fundamental de dichos problemas.  

Editorial
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