José Ramírez Lumbí
La apertura de numerosos centros de estudio, a nivel nacional, es una respuesta al déficit del Estado. Sin embargo se requiere mayor control de las instancias que tienen la responsabilidad de asegurar una educación integral, acorde a las normas básicas emitidas por el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes.
Mientras el MECD ha considerado la posibilidad de ampliar un año a la modalidad de secundaria, para alcanzar los niveles de Centroamérica, algunos centros de estudio ofrecen “bachillerato” en tres años y medio, al que adicionan un título de “Técnico Medio”. Inclusive manifiestan que dichos “bachilleres” podrán ingresar de inmediato a estudiar licenciatura que obtendrían en tres o cuatro años. El colmo es que dichas modalidades son en cursos sabatinos y se les ofrecen a jóvenes que desarrollaron sus estudios en turnos nocturnos, en educación de adulto, donde en muchos casos los estudiantes tienen un programa especial que permite culminar la primaria en tres años.
En otras palabras un joven que esté en estas modalidades supuestamente en 10 años será profesional, contrario a los que estudian en turnos regulares que tendrán que estudiar 16 ó 17 años.
¿Qué calidad tendrán estos licenciados, bachilleres o técnicos? ¿Quién controla a estos centros de estudios que ofrecen dichas modalidades, que de forma irresponsable han invadido facultades propias del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes e Inatec?
Se requiere que las autoridades superiores de ambas instituciones educativas investiguen a las instituciones privadas que ofrecen tales modalidades al margen de la Ley. No se puede jugar con la necesidad de la población ni mercantilizar la inteligencia de los profesionales. Hay que vigilar la secundaria, el desarrollo de la nación descansa en los futuros profesionales y por tanto hay que cuidarlos como a la niña de los ojos.