¡A navegar¡

Si eres amante de los deportes acuáticos, no pierdas la oportunidad de ser parte de la primera escuela de vela de Nicaragua, ubicada en Granada. Este deporte, según sus instructores, requiere de mucha dedicación y práctica, y es muy seguro. Hasta el momento se encuentran inscritos unos 20 jóvenes Ricardo Cuadra Garcí[email protected] Lago Cocibolca, Granada. […]

  • Si eres amante de los deportes acuáticos, no pierdas la
    oportunidad de ser parte de la primera escuela de vela de
    Nicaragua, ubicada en Granada. Este deporte, según sus
    instructores, requiere de mucha dedicación y práctica, y
    es muy seguro. Hasta el momento se encuentran inscritos unos 20 jóvenes

Ricardo Cuadra Garcí[email protected]

Lago Cocibolca, Granada. 3:30 p.m.— Una veintena de entusiastas adolescentes y niños se reúnen a orillas del majestuoso lago, dos botes de vela Optimist que se encuentran varados serán utilizados para la clase de la tarde. El fuerte viento augura un día perfecto para navegar.

Tras colocarse su chaleco salvavidas, Ángel Javier Bonilla, de 10 años, se sube a la embarcación de vela de 35 kilogramos de peso. Acompañado por un compañero navega custodiado por una lancha de motor y con un par de salvavidas. Se introducen al lago unos treinta metros, en el trayecto uno se encarga de manipular la vela en la dirección que desean tomar y el otro con un recipiente saca el agua que se introduce con el vaivén de las olas.

El viaje, todo un éxito, duró poco menos de veinte minutos. Ahora el turno es para otra pareja de niños.

Manuel Resano, es un joven argentino de 20 años, que —al igual de sus cinco hermanos— desde los siete años se dedica a navegar botes de vela. El fin de semana pasado llegó a nuestro país con el objetivo de enseñar y entrenar de forma gratuita a jóvenes y niños de la ciudad de Granada.

Resano, quinto lugar en el Campeonato Mundial de Vela de Irlanda (1998), ha participado además en decenas de competencias internacionales en Sudamérica y Estados Unidos. Recomendado por la Federación Internacional de Vela, se encuentra junto con su compañero Máximo Saubidet en Nicaragua donde permanecerán seis meses por gestiones de la Fundación NicaFrance.

Según Resano, este deporte, al igual que todos, requiere de mucha dedicación y práctica, y es muy seguro.

La práctica de este deporte ha despertado el interés de muchas personas en Granada, donde en sólo dos meses ya cuenta con unos veinte jóvenes interesados en aprender.

“Es un deporte muy bonito, mis hijas están aprendiendo, me gusta además porque aparte de distraerse, aprenden a nadar y navegar en bote, los jóvenes se entretienen y dedican su tiempo libre en algo útil”, aseguró Rosa Dinora Largaespada, madre de familia.

Para practicar este deporte es necesario cumplir con las respectivas medidas de seguridad, para evitar algún accidente. Antes se subir a la embarcación es obligatorio ponerse primero el chaleco salvavidas, y siempre su bote de vela debe ir custodiado por la lancha con los socorristas. En las primeras clases los jóvenes y niños aprenden a nadar.

Siempre me he preguntado ¿cómo un bote de vela puede ir al frente en dirección contraria al viento? Una embarcación se mueve hacia el viento gracias a las fuerzas que se crean a cada lado de la vela. La fuerza total es la combinación de una fuerza positiva (de empuje) en el lado de barlovento y una fuerza negativa (de atracción) en el lado de sotavento, actuando ambas en la misma dirección. Aunque cueste creerlo, la fuerza de atracción es en realidad la más fuerte de las dos.

En 1738, el científico Daniel Bernoulli descubrió que un aumento en la velocidad del flujo de aire con relación al aire circundante disminuye la presión en el área donde el flujo de aire es más rápido. Esto es lo que sucede en el lado de sotavento de la vela; el aire se acelera y crea una nueva área de baja presión por detrás de la vela.

El principio físico por el que se mueven los barcos de vela parece simple: el viento infla por detrás una superficie que genera una tracción del casco hacia delante. Sin embargo, para que este movimiento sea eficaz es necesario tener en cuenta las leyes básicas de la aerodinámica y la hidrodinámica.

Debajo de la línea de flotación, quilla y orza evitan que la embarcación se desplace lateralmente y, en el caso del timón, que cambie de dirección. Arriba, una vela elemental actúa en vertical como las alas de un avión, que lo sustentan en el aire en horizontal. A barlovento, en la parte convexa, la corriente de aire ejerce una baja presión que se incrementa por la alta presión del viento a sotavento.

Esto es lo que produce el tirón que impulsa el barco hacia delante. Hasta aquí, lo esencial. La combinación de unas velas con otras de manera acertada y su manejo en la navegación constituye un arte muy sofisticado en el caso de las arboladuras de los grandes veleros de dos y tres palos.

Optimistas de nicaragua

La Escuela de Navegación Deportiva “Optimistas de Nicaragua”, pertenece a la organización sin fines de lucro Fundación NicaFrance. Según el secretario de esta fundación, Eric Poncon, los objetivos son fomentar la práctica gratuita de los deportes de vela (en los jóvenes y niños de Granada), contando con el apoyo de empresas nacionales y de la Federación Internacional de Vela.

“La Fundación se decidió por el desarrollo del deporte de vela porque es una actividad nueva para Nicaragua y con un gran potencial. Además desarrolla nuestras virtudes, respeto, caballerosidad, paciencia, autoestima y aprecio por la naturaleza. Asimismo puede ser una actividad competitiva al igual que recreativa”.

El deporte de vela es una actividad sana y de bajo costo operativo una vez establecida la flota inicial. Las diez embarcaciones con las que cuenta la escuela fueron construidas en nuestro país, en Masaya, con playwood y madera de caoba y cedro. Y las velas fueron donadas por la Federación Internacional de Vela de Holanda. Construir un bote de vela cuesta alrededor de mil dólares.

“Nicaragua cuenta con las ventajas de tener excelentes condiciones naturales, grandes lagos, costa en ambos mares, buen viento y buena temperatura todo el año”.

La idea surgió en diciembre pasado, cuando un grupo de amigos, quienes practicaban este deporte en Europa y Estados Unidos, formaron la fundación para echar a andar la escuela. Para la primera actividad visitó nuestro país el campeón mundial de vela Gonzalo Pollitzer.

Las clases, impartidas los días viernes, sábado y domingo, de diez de la mañana a dos de la tarde son recibidas por niños de 7 a 14 años. Según Poncon, aún cuentan con algunas limitaciones, como el número de velas y más patrocinio para el salario de los entrenadores internacionales de primer nivel y que los niños continúen recibiendo sus clases de manera gratuita. El programa es de cuatro clases al mes de tres horas de duración.

Aún no existe una Federación Nacional de Vela en nuestro país, pero ya se están realizando los primeros pasos. Se espera que en el mes de diciembre, del 5 al 7, se realice un encuentro centroamericano de vela. “Para esa fecha esperamos ya tener unas treinta velas”, finalizó Poncon.

¿Cómo se logra el movimiento?

Para entender cómo se logra este movimiento, necesitamos identificar primero algunas de las partes de una vela.

El borde delantero de una vela se llama gratil (luff), se coloca hacia el frente de la embarcación. El borde que cuelga por la parte de atrás se llama caída (leech). Una línea horizontal imaginaria del gratil a la caída se llama cuerda (chord). El grado de curvatura en una vela se llama calado (draft), y la medida perpendicular de la cuerda al punto de calado máximo se llama profundidad de cuerda (chord depth).

El lado de la vela que el aire llena para crear una curva cóncava se llama el lado de barlovento (windward side). El lado que es empujado hacia afuera para crear una forma convexa se llama el lado de sotavento (leeward side).

Según el argentino Máximo Saubidet, de 21 años, nuestro país cuenta con muy buenas condiciones para practicar este deporte. Tenemos lago, playas y lagunas que ofrecen las condiciones requeridas. “Cuando vine a Nicaragua me sorprendí al ver este lago tan lindo, tan espectacular, pero también me sorprendió que no hubiera ninguna vela”, aseguró.

Navegante desde los seis años, herencia de su padre y sus ocho hermanos mayores, Saubidet es amante de este deporte porque se está en contacto con la naturaleza, el aire puro. “El único motor que utilizamos en este deporte es el viento, me hace sentir muy independiente y me da una sensación de libertad”. Este joven compitió de los 8 a los 14 años en muchos campeonatos nacionales e internacionales en la categoría de vela Optmist.  

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