Don King dijo tener gran aprecio por Nicaragua y Venezuela, y expresó que los golpes de Ricardo Mayorga serán el motor de promoción del país. (LA PRENSA/G. Flores)

Es un hombre espectáculo

Hace todo para llamar la atención Wilder Pérez [email protected] Dicen que es más fácil lograr lo que se quiere con una sonrisa que con una espada. Pero promotor de boxeo Don King hace mucho más que eso para alcanzar lo que se propone. Así lo demostró durante su primero de dos días de estadía en […]

  • Hace todo para llamar la atención

Wilder Pérez [email protected]

Dicen que es más fácil lograr lo que se quiere con una sonrisa que con una espada. Pero promotor de boxeo Don King hace mucho más que eso para alcanzar lo que se propone.

Así lo demostró durante su primero de dos días de estadía en Managua. Durante todo el día fue perseguido por periodistas y admiradores. Desde su arribo al aeropuerto, su paso por el hotel Princess, hasta su presencia en el Hospital Berta Calderón, King se mantuvo en total actividad.

Él gritaba: “¡Viva Nicaragua!” o “¡I loved Nicaragua!” Él simulaba el ruido de una ambulancia, él pegaba un grito, él saludaba al que encontraba, él bendecía a Ricardo Mayorga o a su mamá, él hacía bromas aun sabiendo que pocos le entendían, él daba autógrafos, él levantaba las manos, él se tomaba fotos, él agitaba banderas. En fin, fue la parte antagónica de la fama que tiene de ser un manejador del boxeo cuyo único interés es el dinero.

Desde que llegó al país en su jet blanco privado (11:30 a.m., con dos horas de retraso), fue todo sonrisas, en compañía de su hijo Cal, su asistente Dana Jamison, un escolta y un pequeño equipo de reporteros gráficos. Casi fue recibido como indica su apellido, como un rey. En el aeropuerto y luego en el hospital, los trabajadores dejaron sus ocupaciones para conocerlo, rodeándolo junto a admiradores que se conformaban con un saludo y recibían hasta un abrazo.

En compañía de su gente, del ingeniero Renzo Bagnariol y del campeón Ricardo Mayorga, King transitó las calles de la cuidad con una patrulla de la Policía Nacional apartando los vehículos del camino, una escolta de tres miembros de las Brigadas Especiales y cuatro oficiales. La caravana consistía en un Mercedes Benz azul del hotel Princess, otros dos de Bagnariol, dos autos deportivos, una “Toyotona”, y al final, un microbús repleto con las 20 maletas que el promotor trajo para menos de 48 horas de estadía.

MÁS ATRAYENTE QUE LA MISA

El arrastre de Don fue tal, que cuando caminaba por un pasillo del Hospital Berta Calderón, la gente dejó hablando sólo al sacerdote por voltear a ver al extrovertido personaje, que visitaba el edificio en compañía de la primera dama, Lila T. Abaunza de Bolaños.

Había que ver a la esposa del presidente, que en cada grito de King pelaba los ojos en un gesto retorcido de susto e ironía a la vez.

Don King debió pasar por la misa nuevamente, cuando se disponía a salir del hospital, y aunque interrumpió al cura, le brindó un saludo que fue retribuido por éste con una sonrisa, pero sin la señal de la cruz que los clérigos hacen con su mano derecha.

El señor del cabello al cielo saludó a cuantas personas se encontró en el “Berta Calderón”, y a la salida hasta compró siete décimos de lotería con terminaciones en 3 y en 9, a una mujer que mostró emoción al saludarlo.

Eran más de las 5:00 p.m. y King no había almorzado. Su retraso del vuelo desde Estados Unidos y una desorganizada y extensa rueda de prensa en el hotel donde se hospeda, no le dieron oportunidad, pero siempre tuvo en mente el pan de doña Miriam Pérez, madre Mayorga, del que dio buena referencia. Luego fue a visitarla antes de caer la noche.

El promotor más famoso del boxeo mantuvo su mensaje de esperanza hacia la nación nicaragüense, a la que calificó de fuerte y trabajadora. Dijo que su misión es de paz y de amistad, además de revelar sus intenciones de brindar ayuda a través de Ricardo Mayorga como lo hizo con Puerto Rico por medio de Félix “Tito” Trinidad.

Esta mañana King tenía planeado visitar el Parque Nacional Volcán Masaya antes de un almuerzo privado, para luego entrevistarse con el presidente Enrique Bolaños y partir a su tierra natal.  

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