Un joven palestino arroja un barril contra un tanque israelí que incursionó en Hebrón. (LA PRENSA/AP)

Revelan detalles de vínculos entre el Mosad y palestinos

EFE MADRID.- El objetivo de los servicios secretos palestinos es “mantener abiertos los canales con el Mosad israelí para que, aunque Ariel Sharon no quiera ver a Yaser Arafat, las dos partes puedan negociar”, según las revelaciones de un “espía” palestino. En el relato de su vida que aparece en el libro “Mi vida contra […]

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MADRID.- El objetivo de los servicios secretos palestinos es “mantener abiertos los canales con el Mosad israelí para que, aunque Ariel Sharon no quiera ver a Yaser Arafat, las dos partes puedan negociar”, según las revelaciones de un “espía” palestino.

En el relato de su vida que aparece en el libro “Mi vida contra el Mosad. Confesiones de un espía palestino” (Editorial Espasa), el general Shamir Eissa cuenta, a través de la pluma del periodista español Francisco Medina, el papel “mediador” en los momentos de mayor crisis entre los esos servicios de inteligencia “enemigos”, bajo la mediación de la Central de Inteligencia Estadounidense (CIA).

Ello sin olvidar que la relación entre el Mujabarat palestino y el Mosad israelí ha sido siempre “la lucha del ratón y el león” o “la lucha de un gato contra un tigre”, y que en ocasiones se tiñe de sangre con la muerte selectiva y la venganza indiscriminada, dijo ayer Francisco Medina a EFE en Madrid.

Una de las revelaciones que hace Eissa en sus “confesiones” es la de que “Septiembre Negro”, responsable de la matanza de las Olimpiadas de Munich en 1972, fue un grupo creado por los servicios secretos palestinos y que dio a conocer “el llamado problema palestino” en el mundo.

Eissa, uno de los oficiales palestinos encargados de abrir las vías de contacto entre su servicio y el KGB soviético, el MI6 británico, la CIA estadounidense o el CESID español, vive exiliado en “una capital de Oriente Medio”, después de que las autoridades israelíes le negaran la entrada en la Autonomía Palestina tras los acuerdos de Oslo por “delitos de sangre”.

Discípulo de Salah Jalaf, más conocido por Abu Iyab, Eissa formó parte de un reducido grupo de oficiales responsables de los servicios de seguridad de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

Tras el asesinato de su “maestro” Abu Iyab, el 15 de enero de 1991, Eissa acusó de estar detrás de esa muerte tanto al grupo disidente palestino Abu Nidal, como al Mosad israelí, con quien los servicios de inteligencia palestinos entablaron contactos después de los Acuerdos de Oslo de 1993 para la paz entre ambos pueblos.

Eissa recuerda que en organizaciones judías como la Haganah (la Defensa), creada en 1920 y que realizó numerosas acciones brutales contra la población palestina (quema de cosechas, palizas e incluso asesinatos) militó la mayor parte de quienes luego dirigieron el Estado de Israel: David Ben Gurión, Moshé Dayán, Isaac Rabin o Shimon Peres.

Se refiere a la “soberbia” de Dayán, el mítico vencedor de la Guerra de los Seis Días, quien decía que “la guerrilla palestina era como un huevo en su mano, que podía aplastar cuando deseara”.

Pero también destaca la soberbia del presidente iraquí, Saddam Hussein, quien no quiso responder a los consejos de mediación que le ofrecieron para evitar la guerra del Golfo el rey Husein de Jordania y Yaser Arafat, entre otros líderes.

Asimismo, critica al líder de la Revolución libia, Muamar al Gadafi, pues considera que rechaza a quien le contradiga.

El “espía” sostiene que “los palestinos jamás aceptarán como líder a alguien que llegue subido en un tanque o un helicóptero estadounidense”, en la que podría ser una alusión a situaciones como las creadas en Afganistán.  

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