AP
SAN DIEGO.- Ha habido 36 Super Bowls, pero ninguno había enfrentado al mejor ataque contra la defensiva más destacada. Este domingo todo cambiará.
El ataque dinámico y ultra punzante de los Raiders de Oakland, que atenazó prácticamente a cuanto rival se le interpuso, se mide a la portentosa defensa de los Bucaneros de Tampa Bay, que en sentido contrario ha desbaratado todo esquema ofensivo que le ha hecho frente.
Se trata de un partido con todos los atributos para un verdadero clásico, donde al técnico de un equipo le toca medirse con un adversario del cual hace menos de 12 meses llevaba la batuta.
Hay de todo y para todos lo gustos.
El más llamativo es el que presenta a Rich Gannon, el quarterback de los Raiders y jugador más valioso de la NFL, ante Derrick Brooks, el defensa del año.
Todavía hay más: Jerry Rice, por mucho el mejor receptor en la historia de la liga, ante Brian Kelly, el cornerback de Tampa que fue el líder en pases interceptados.
Y qué tal el choque entre Charlie Garner, el versátil tailback de los Raiders frente a John Lynch, el aguerrido safety de los Bucaneros.
“Más perfecto no pudo ser: El mejor ataque contra la mejor defensa”, señaló Lynch. “Soy de la opinión que ésta ha sido la mejor temporada en la historia de la NFL, con todas las sorpresas y partidos definidos en tiempo extra. Y para coronarlo, por primera vez tenemos este partido”.
Como pocas veces ha ocurrido en la cita máxima de la NFL, uno de los técnicos se ha convertido en el centro de atención.
Jon Gruden, el estratega de Tampa, fue el arquitecto del esquema ofensivo de los Raiders hasta hace unos cuantos meses.
Los Bucaneros, hartos de sumar derrota tras derrota en los playoffs, desembolsaron 8 millones de dólares en compensación a los Raiders, para que anularan el último año del contrato de Gruden.
Bill Callahan, a quien Gruden contrató para ser el coordinador ofensivo de Oakland, tomó las riendas de los campeones de la Conferencia del Este, que disputan su primer Super Bowl en 19 temporadas.
Tampa Bay, por su parte, apenas hace su primera presentación en la gran final.
Cada equipo está repleto de luminarias.
Para empezar, Rice, a sus 40 años viene de completar una de sus temporadas más productivas de su ilustre carrera, al atrapar 92 pases para 1.211 yardas y siete touchdowns con los Raiders.
A Tim Brown, otro de los wide receivers de Oakland, no le fue del todo bien, pero se las arregló para atrapar 81 pases que se tradujeron en 930 yardas.
Garner produjo 962 yardas por tierra y anotó siete touchdowns. Pudo haber superado con facilidad la barrera de las 1.000 yardas, pero los Raiders son un equipo cuya fórmula de ataque gira en torno al pase. Garner también demostró buenos kilates en esa tarea, al apañar 91 pases, la mayor cantidad para un running back en la liga.
El arsenal de Oakland es interminable. Jerry Porter, el tercer wide receiver, promedió 17,5 yardas con sus 10 pases atrapados en los dos juegos de playoffs que los Raiders disputaron, con dos touchodowns.