Vida Luz Meneses
Por medio de LA PRENSA quiero dirigirme a la ministra de Salud, Lucía Salvo, a quien siempre he admirado por su entereza y rectitud. Ser ministro, por lo menos ante los ojos de Dios y la Patria, es una responsabilidad seria. Prácticamente exige las 24 horas del día, porque a todas horas se enferma y hay tan pocos recursos.
A ella la acusan de ser la “Dama de Hierro”, pero yo más bien pienso en la mujer fuerte de la Biblia, “cuyo vestido está lleno de fortaleza y gracia”, mientras se desvela por el bienestar de los suyos.
Dos cosas quiero, sin embargo, señalar: la primera tiene que ver con la situación de los médicos y enfermeras del sistema de salud.
Dicen que no hay suficientes recursos, pero tal vez se pudiera crear un fondo para ayudarles en la educación de sus hijos —siempre la educación— y un seguro de salud, que es tan cara. Es sólo una idea, pero hay que contribuir para ayudar a aquéllos que cuidan de nosotros cuando caemos enfermos, para que no les falte a ellos lo que con tanto esfuerzo nos dan a nosotros.
La otra cosa es más delicada, y tiene que ver con la ética. Me refiero al aborto, al que veo que se opone por razones religiosas y morales. Pero no hay que olvidar que como responsable de la salud de todo un pueblo, también tiene que velar por aquellas mujeres que mueren sin atención médica por el concepto erróneo y obsoleto que se tiene del aborto. Aparte de que sea un pecado ante los ojos de Dios, al Estado en sí no le concierne pues éste no tiene que ver con la vida después de la muerte, sino con lo que sucede aquí. Es absurdo penalizar el aborto porque de hecho no podemos castigar a la madre. Más bien hay que ayudarla para no empeorar la situación matando también a la madre y dejarla morir o encarcelándola después. Nadie hace eso. En EE.UU. y los países de Europa ya se permite el aborto. No podemos pensar que esos países son menos civilizados que nosotros.