El Arbolito

Bayardo Muñiz Las primeras noticias sobre el Arbolito de Navidad provienen de un anónimo ciudadano alemán que escribió en 1605 que “En la Navidad colocaban árboles de abeto en los salones de Strasbourg, de donde colgaban rosas de papel de varios colores, manzanas, galletitas, dulces, etc….”. Pero como nunca falta un pelo en la sopa […]

Bayardo Muñiz

Las primeras noticias sobre el Arbolito de Navidad provienen de un anónimo ciudadano alemán que escribió en 1605 que “En la Navidad colocaban árboles de abeto en los salones de Strasbourg, de donde colgaban rosas de papel de varios colores, manzanas, galletitas, dulces, etc….”. Pero como nunca falta un pelo en la sopa o un crítico de cafetín, apareció un teólogo de Strasbourg sumamente disgustado con la gente que adornaba los abetos con muñecas y dulces. “No se de dónde vienen esas costumbres” —comentaba airadamente— “…es un juego de niños….. sería mejor dirigirlo hacia Jesús, el árbol espiritual”.

A pesar de las constantes críticas desde el púlpito de este celoso clérigo, la idea del árbol se extendió por Europa. En un documento fechado en 1737, Karl Gottfried Kissling, a la sazón profesor de la Universidad de Wittenburg, cuenta que una de sus amigas preparaba un arbolito para cada uno de sus hijos. Prendía velas a su alrededor y colocaba regalos debajo del mismo. Entonces llamaba a sus hijos uno por uno para que recogieran sus respectivos árboles y regalos.

En documentos de 1789 hay referencias en Irlanda sobre el uso y decoración de pinos durante la temporada navideña, pero no fue sino hasta 1840 que esta costumbre se popularizó después que la Reina Victoria de Inglaterra y su esposo, el Príncipe Alberto, adornaran un Arbol de Navidad en su residencia de Balmoral, en Escocia.

Luego esta tradición se desarrolló en forma notable por todo el continente europeo, comenzando por Finlandia, en 1800, Noruega y Dinamarca, en 1830, Suecia en 1862, Bohemia en 1863 y más tarde se extendió a Rusia, España, Italia, Holanda y los Estados Unidos. A partir del siglo veinte, la costumbre de tener un arbolito navideño en casa se había extendido universalmente a tal punto que su origen y su historia se pierden entre las brumas del tiempo.

Nuestro Rubén Darío no fue ajeno a estas fiestas tradicionales y en su hermoso poema “La rosa niña”, nos dice en una de sus estrofas: “ Yo sé que ha nacido Jesús Nazareno, / que el mundo está lleno de gozo por Él, / y que es tan rosado, tan lindo y tan bueno, / que hace al sol más sol, y a la miel más miel.”  

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