Silvio Avilez Gallo
He seguido con interés la polémica que sus- citó un artículo de doña Élida de Solórzano, que fue objeto de una réplica de don Carlos Mejía Godoy y también de un comentario del señor Jorge Mejía Peralta. No es mi deseo intervenir para defender o atacar a alguien; los propios protagonistas tienen oportunidad de exponer sus argumentos.
Lo que me interesa es referirme al tema central de la controversia en torno a la Misa Campesina, porque hay puntos tocantes a la fe que no pueden ser pasados por alto. Señalo que es lamentable que no pueda aceptarse una crítica sin entrar en descalificaciones: que el uno es ateo, que la otra es fundamentalista, etc. Al parecer, no hemos aprendido todavía a vivir en democracia, herencia sin duda de malos hábitos que nos inculcó el totalitarismo, que sí es excluyente e intolerante. Cita don Carlos un pasaje del Evangelio (Mt 5, 6) para sustentar el argumento que su pecado imperdonable es cumplir con una sentencia de Jesús. Por supuesto que no hay tal pecado. Pero a la hora de citar pasajes bíblicos es importante conocer el contexto y las circunstancias en que se produjeron lo hechos relatados. Así, por ejemplo, al decir que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja probablemente tenemos en mente un delgado y diminuto instrumento utilizado para coser. La aguja en cuestión no tiene nada que ver con labores de costura, sino que era una pequeña puerta peatonal abierta en la muralla que protegía a las ciudades en la antigüedad contra las invasiones. En dicha puerta difícilmente podía pasar un camello, salvo quizá que doblara sus extremidades y lo forzaran a pasar. De ahí el símil.
En relación con la bienaventuranza “dichosos los pobres porque de ellos es el reino de los cielos”, que cita el señor Mejía Peralta, Jesús se refería principalmente a la pobreza espiritual, es decir a la humildad, porque la soberbia y el orgullo son casi siempre patrimonio de los ricos y poderosos. Cierto es que los pobres materiales fueron sus predilectos, como lo fueron los pecadores y los rechazados por la sociedad, pero Jesús nunca excluyó a nadie ni menos profesó odio —que no cabe en su corazón porque como bien dice San Juan, “Dios es amor”— por determinada clase. La salvación se dio por todos los seres humanos, porque Dios no hace diferencias.
El hecho que la “Misa” no sea aceptada por la Iglesia Católica se debe a que su texto se aparta no tanto de la liturgia como de cuestiones fundamentales de la fe. Podrá ser aceptada por otras religiones, como afirma el señor Mejía Peralta, pero no por la Iglesia de Roma. El texto litúrgico de la Misa romana es uno solo. En esto no hay que ver ningún fundamentalismo, sino simplemente un punto de vista estrictamente doctrinario. No debe utilizarse el argumento de la fe para atacar despiadadamente, como lo hace el señor Mejía Peralta, a la Iglesia Católica.
En lo personal, me encanta la música de la “Misa” del señor Mejía Godoy y pienso que es digna de figurar en una antología de la música popular latinoamericana. Pero en materia de fe, como católico, considero que el texto de su “Misa” constituye una relectura sesgada del Evangelio y se contrapone a la doctrina oficial de la Iglesia. Se es católico o no se es; no se puede ser “a mi manera” y aceptar solamente los puntos que son de mi agrado. En esto no hay fundamentalismo y considero que ningún católico debe ser criticado por defender sus creencias.
El diálogo es bueno y el debate con argumentos y sin insultos es propio de gente civilizada. Tener tolerancia y respeto por otras creencias es signo de amplitud de criterio, pero no significa necesariamente que se deba aceptar todo lo que otros opinan. Hay que mantener un debate de altura, como corresponde a quienes se consideran (incluido yo) herederos de una cultura que tiene sus orígenes en Roma y Atenas, pero que además recibió los aportes de la civilización judeo-cristiana.
El autor es embajador de Nicaragua en Chile.