Luis Sánchez S.luis.sá[email protected]
En la edición navideña de Selecciones leí una ilustrativa información sobre la piñata, ese popular juego de niños que alegra también a los adultos en los cumpleaños y otros festejos infantiles.
Pero la piñata significa también, en Nicaragua, aprovecharse del poder para adueñarse de lo ajeno, desde que el FSLN confiscó y expropió innumerables propiedades de todo tipo y las repartió entre sus seguidores, pero ante todo, las más valiosas, entre sus principales dirigentes y allegados. Por eso el Diccionario del Uso del Español Nicaragüense, editado en el año 2000, incluyó las palabras: “Piñata: Apropiación de bienes públicos o privados; piñatear: Hurtar, robar, confiscar bienes; y piñatero: Que se apropia de bienes públicos o privados”.
Significativamente, en la revista antes mencionada se explica que la piñata “simboliza el mal, a Satanás, cuya apariencia atractiva es engañosa e incita al pecado. Contiene los placeres que tientan al hombre. Este debe luchar contra el mal con una fe ciega, y por eso se le vendan los ojos a quien trata de romper la piñata”.
La palabra piñata viene del italiano pignatta, según el Diccionario de la RAE, que la define como una “especie de olla panzuda; vasija de barro, llena de dulces, que en el baile de máscaras del primer domingo de cuaresma suele colgarse del techo para que algunos de los concurrentes, con los ojos vendados, procuren romperla de un palo o bastonazo. Por extensión, la que se pone en una fiesta familiar, de cumpleaños o infantil”.
Según una versión mexicana, la piñata en realidad es originaria de China, y habría sido llevada a Italia por Marco Polo. Luego se popularizó en todo el mundo por medio de los carnavales, o carnestolendas, como les dicen también en España.
Según José Callejas Vales, el carnaval se hace en el lapso de los tres días antes del Miércoles de Ceniza, cuando comienza la cuaresma, o sea los cuarenta días hasta la Semana Santa durante los que era prohibido comer carne. Por lo tanto en esas setenta y dos horas se podía comer toda la carne que se quisiera, pero algunos creían que en el carnaval también podían hartarse de “carnes lujuriosas”, y “durante esos tres días lúbricos, hombres y mujeres, mujeres y hombres, fornican mañana, tarde y noche, sin reparos ni métodos, y para darse al fornicio indiscriminado se ponen máscaras que los ocultan”. Tales excesos en el carnaval se atribuían a provocaciones del demonio, y por eso se estableció la costumbre de quebrar una piñata al inicio de las fiestas carnavalescas, para golpear a Satanás y combatir al mal.
En México prehispánico los nativos celebraban, en el tiempo que corresponde al diciembre actual, el nacimiento de Huitzilopochtli, un dios principal que nació de manera fabulosa. Durante esa fiesta colgaban una olla de barro llena de agua y joyas que quebraban a palos para que les cayera encima el contenido, que simbolizaba fertilidad y riqueza. Y al final hacían sacrificios humanos y comían carne de guajolote (pavo).
A la alucinante apropiación de propiedades ajenas que hicieron los del FSLN cuando perdieron el poder, fue LA PRENSA que la bautizó como “piñata”, el sábado 31 de marzo de 1990, en el titular de una información sobre que se estaban robando las residencias de la Colonia Becklin y Planetarium. A partir de entonces el calificativo se popularizó hasta convertirse en parte del lenguaje nicaragüense, e inclusive internacional.