Rafael E. Castillo Noguera
Con respecto a la teoría de Joel Gutiérrez, Secretario de Comunicación de la Casa Presidencial acerca del sueldo del Presidente de la República, no es mi propósito considerar si es alto o bajo, ya que eso es algo muy personal.
Es de conciencia valorar si el sacrificio hecho por el empleador para pagar el sueldo lo merezco o no. Independiente del costo-sacrificio, también es algo personal, más en casos en los que no existen dos partes (pueblo-presidente), que negocian sueldo pero el mismo lo establece un tercero que se llama Asamblea Nacional, independientemente de lo que pida el Ejecutivo.
De acuerdo con la teoría de Gutiérrez, el Presidente de Estados Unidos debería ganar nueve millones de dólares anuales y no los trescientos mil que devenga actualmente, y se justificaría diciendo que el aporte por ciudadano estadounidense sería menos de un centavo.
Presidentes de los países del Primer Mundo, en especial el señor Bush, deben estar solicitando a sus embajadores en Nicaragua copia de la nueva teoría económica para el pago de un salario “más justo”.
Estoy seguro que el señor presidente integrará a Gutiérrez al Gabinete Económico de la República por la enorme posibilidad de que con su criterio se pueda enriquecer y finalmente salir con los programas económicos y planes de desarrollo que nos permitan entrar al famoso nuevo amanecer anunciado desde los ochenta por el sandinismo, el gran despegue económico anunciado por el ingeniero Antonio Lacayo en los noventa, y ser el granero de Centroamérica que prometió el doctor Arnoldo Alemán.