Mario Ruiz Castillo [email protected]
Las ciudades de los países desarrollados son limpias, y las ciudades de los que están desarrollándose son sucias, ¿es cosa del desarrollo, cumplimiento de la ley o la cultura?
La casa del rico es limpia y la del pobre sucia, ¿es falta de dinero, tiempo o cultura?
La escuela privada es limpia, ordenada y arborizada; la escuela pública es sucia, desordenada y desértica, ¿es ausencia de recursos, cultura o buena voluntad?
El transporte público en las ciudades ricas, va lento y protege al usurario, tiene un horario estricto y la delincuencia es mínima; en las ciudades subdesarrolladas viajan como bólidos en competencia, la vida del pasajero no vale un céntimo, pasan cuando quieren y la delincuencia es prolífica.
El mercado al aire libre es limpio y toda la verdura se ve fresca en las ciudades grandes de los países desarrollados, en nuestros mercados el hedor, la suciedad y delincuencia proliferan por doquier, pareciera que porque somos pobres sólo tenemos opción a la inmundicia, la chabacanería y la palabra soez.
El respeto a las normas y reglas de tránsito se palpa en esas ciudades limpias; de igual manera es ostensible su irrespeto en nuestros lares.
Las calles están limpias o sucias, riqueza y pobreza se contraponen, ¿o será desacatamiento de normas legales y cultura?
La oficinas privadas son limpias y ordenadas, las públicas por lo general al revés, escaso presupuesto es la excusa ¿o se requiere un poco más de educación?
Cuando la ley no es más que un marco de referencia, que se cumple para beneficio y protección del poderoso, toda anda mal; cuando se considera que la limpieza requiere grandes recursos económicos, todo está sucio e inmundo; cuando el desaseo es la norma el que sigue reglas higiénicas es mal visto. Si la generalidad es corrupta el malvado es el honesto, casi un tonto, porque no se aprovecha. Cuando existen grandes diferencias sociales y económicas no hay desarrollo pleno. Sin duda alguna existe una relación entre el cumplimiento de la ley, la cultura y el desarrollo y éste último no es alcanzable sin una sociedad de derecho, educación y cultura.