En letra pequeña

Fabián [email protected]

DOS IGLESIAS

¿Por qué Nicaragua funciona al revés? Por ejemplo, hace unos días el Papa pidió a los periodistas buscar la verdad, aunque sea incómoda. Sin embargo, en mi país cuando esto sucede la jerarquía católica reacciona indignada y habla en sus sermones de “ataques contra la santa madre iglesia”. ¿Es que acaso estamos hablando de dos iglesias distintas? ¿En qué momento el Cardenal Obando dejó de pertenecer a la misma iglesia de Juan Pablo II? Y si no es así ¿por qué en Nicaragua es pecado lo que el Papa considera una obligación de cristiano?

GATO BRAVO

Leyendo el derecho canónico, uno se da cuenta que la Iglesia Católica tiene previsto un mecanismo para que se produzcan sin traumas los relevos de sus autoridades. A los 75 años el sacerdote está obligado a poner la renuncia. Pero qué va, en Nicaragua la cultura del “gato bravo” se impone, y se cumple con la renuncia en el entendido que es “de mentiritas”. Es que apenas se insinúa que se debe dejar el cargo, se habla de campañas oscuras, confabulaciones del capitalismo salvaje… Y, en fin, la guerra de las sotanas.

CRUENTA BATALLA

Y según como se ven venir las cosas, habrá una nueva guerra por la sucesión de Obando. Los curas, que deberían ser ejemplos de amor y fraternidad, entran en cruentas batallas por esos cargos. Recuerden la última elección del arzobispo, en la que salió designado el entonces Monseñor Obando y Bravo. La disputa llegó a tal punto que uno de los obispos tuvo que colgar la sotana y calificar aquellas elecciones como “un pleito de perros”. ¿Llegarán hasta ahí esta vez?

PRINCIPIO DE PETER

Pedro Solórzano es definitivamente un mal político. Su capital era la popularidad de la que gozaba y que casi lo lleva a la Alcaldía de Managua una vez, y lo colocaba como uno de los mejores aspirantes para las futuras elecciones. Ahora, con su triste actuación en un ministerio que se lo ganó como premio en las correrías electorales pasadas, ha perdido considerablemente su capital, aunque se haga acompañar de una decena de carretones por donde aparezca. Si Pedro hubiese tenido algo de sensatez, nunca habría tomado un cargo para el que estaba incapacitado, siguiendo el principio de un tocayo suyo que dice que todos tenemos un nivel de incapacidad, y a veces hay malintencionados que abruptamente nos colocan en ese nivel para hacernos deslucir, tal como le está sucediendo a Pedro Solórzano en este momento.

CÁSCARA

En un país donde casi todo nos falta, sobra la “cáscara” de algunos. Imagínense, el diputado Edwin Castro se siente ofendido porque llaman incapaz a la Asamblea Nacional. ¿Y qué quería? ¿Premio por su actuación?

NUNCA PIERDE

No entiendo al ministro Eduardo Montealegre. ¿Cómo es que ahora se pronuncia a favor de la “reducción paulatina de los salarios” de los altos funcionarios si hace apenas unos días proponía un buen aumento que él llama “sinceramiento”? Reconozcámosle algo: Montealegre es de los que siempre celebra sus derrotas.  

Editorial
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