Sobre la reconciliación que solicitan algunos obispos

Virginia Vigil [email protected]

Educada en colegios católicos desde mi más temprana edad, aprendí que la Santa Madre Iglesia exige, para perdonar al pecador, que cumpla cinco condiciones:

1. Examen de conciencia.

2. Dolor de los pecados.

3. Propósito de enmienda.

4. Confesión del pecado.

5. Cumplir la penitencia.

También aprendí que, si falta una de esas condiciones, la Iglesia le niega la absolución al pecador. Además, la Iglesia siempre ha mantenido que si el pecado es público todo el proceso ése debe ser público, incluida la confesión del pecado, el propósito de enmienda y el cumplir públicamente la penitencia.

En todo el proceso de investigación de los hechos delictivos que han sumido al país en la pobreza no he podido observar que ninguno de los transgresores llene las condiciones arriba mencionadas. Lo único que tristemente he podido observar es un obcecado deseo de parte de algunos de los jerarcas en confundir al pueblo pidiendo una reconciliación que no ha sido pedida por parte de los ladrones y sin exigirles las condiciones necesarias para ello.

Con el objeto de aclarar este doloroso debate que desgasta a nuestra iglesia, me permito citar el Numeral 14 de la Encíclica “Dives in Misericordia”, de Juan Pablo II que trata sobre el tema de la reconciliación.

“Cristo subraya con tanta insistencia la necesidad de perdonar a los demás que a Pedro, el cuál le había preguntado cuántas veces debería perdonar al prójimo, le indicó la cifra simbólica de “setenta veces siete”, queriendo decir con ello que debería saber perdonar a todos y siempre.

Es obvio que una exigencia tan grande de perdonar no anula las objetivas exigencias de la justicia. La justicia rectamente entendida constituye por así decirlo la finalidad del perdón. En ningún paso del mensaje evangélico el perdón, y ni siquiera la misericordia como su fuente, significan indulgencia para con el mal, para con el escándalo, la injuria, el ultraje cometido. En todo caso, la reparación del mal o del escándalo, el resarcimiento por la injuria, la satisfacción del ultraje son condición del perdón.”

Un poquitito más abajo, en el mismo número 14, sigue diciendo la Encíclica:

“El cumplimiento de las condiciones de la justicia es indispensable, sobre todo, a fin de que el amor pueda revelar el propio rostro”.

La Iglesia debe aplicar su ley pareja a todos sus creyentes. No puede andar condenando a una pobre mujer que abortó por ignorancia, desesperación o miseria y no condenar a los pecadores políticos que han desbaratado la vida de todo un pueblo.  

Editorial
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