- Es el menor de cinco hermanos. Leonés de pura cepa, ingeniero agrónomo y dice estar felizmente casado desde hace 38 años. Álvaro Fiallos Oyanguren es el presidente de la organización de productores más grandes del país y considera que la dependencia que tienen los productores de los gobiernos es uno de los lastres que hay que eliminar.
Gabriel Sánchez Campbell [email protected]
Mantener un mismo tono de voz puede ser difícil. Más cuando has estado enfermo y peor si se está en una entrevista frente a algún periodista y las preguntas involucran el plano personal, pero Álvaro Fiallos estuvo siempre tranquilo y sereno. Constante con su ritmo de conversación, no se exalta con facilidad.
A sus sesenta años, considera encontró la felicidad por un concepto práctico: La solidaridad, la cual ha encontrado en su esposa, sus hijos y el resto de su familia, con quien dice mantener una relación cercana, aunque en cuestiones político ideológicas tengan diferencias abismales.
Dice que ha hecho de todo en su vida. Logros y fracasos, está felizmente casado desde hace 38 años, lo cual considera ha sido su mayor mérito:
“Eso y haber educado y criado a mi familia, a como lo hice”.
También ha tenido que hacer cosas difíciles: “Como tener que entregar mi herencia”, comenta.
“El Infierno”, la finca que heredó de sus padres, aquélla que le ayudó a iniciar sus prácticas como ingeniero agrónomo mientras estudiaba. Esa que administró y dirigió después que salió de la universidad, cuando le tocaba hacer el último examen y le dieron una de las peores noticias de su vida:
“La muerte de mi padre… en 1964, un año antes de graduarme. Con una cosecha de algodón encima, pero con el apoyo de mis hermanos”.
Los hermanos pequeños con los que peleaba o se resentía pensando en quién era el mimado de la familia. El cumiche o su hermano mayor Mariano Fiallos, el mismo que le lleva nueve años de diferencia y fungió como presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE).
Parrandero. Militante de izquierda. Pariente de altos funcionarios del gobierno en diferentes épocas dice que es amante de la tranquilidad. Cuenta que la afición por la agricultura inició desde pequeño.
¿Cómo es que Álvaro Fiallos se introduce al asunto de la agricultura?
Por mi padre. Tenía una finca de 700 manzanas que en 300 de ellas cosechaba algodón. En la otra se dividía con el ganado. Yo permanecía en Managua durante toda la semana y los fines de semana fue ahí donde puse en práctica lo que aprendía.
¿Fue difícil para usted estudiar en Managua solo?
No mucho, al principio…. pues todos pasamos creo por eso, pero no mucho.
¿Mantenía estrechos vínculos familiares?
Siempre los he tenido. Con mi familia, tanto mi esposa, mis hijos como los demás familiares.
¿Con cuál de sus hermanos mantuvo mayor cercanía?
Con Eugenio. Él me lleva un año, estudiaba aquí en la UNAN, Medicina y con él salía, parrandeaba y era con quien mejor me llevaba, yo lo atribuyo al asunto de la edad, porque mi hermano mayor, Mariano me llevaba nueve años… yo soy el menor.
Y…¿mimaban mucho al cumiche..?.
Yo decía que era a los mayores, pero ellos decían que eran a mí, porque era el menor y es que la verdad que uno cuando es hijo siempre cree que a los demás los miman, pero no a nosotros.
¿Qué pasó cuando el menor creció?
Bueno después que salí de la universidad, a los 22 años, decidí casarme. Creyéndome el rey del mundo le propuse matrimonio a Maria Antonieta Gutiérrez Arana. Mitad Managua y mitad León, con quien tengo 38 años de casado y cinco hijos, tres mujeres y dos varones. Todos excepto una, casados.
¿Mientras se fue a León y administró El Infierno que hizo?
Estuve dando clases en la universidad de León y después salí de ahí. Fui el primero que salió. Con el triunfo de la revolución me llamaron para trabajar en el Ministerio de Desarrollo Agropecuario y Reforma Agraria (Midinra), supuestamente por un corto tiempo, pero después analicé con mi esposa la necesidad de vivir en Managua y nos dimos cuenta que era lo mejor.
Fiallos se trasladó con toda la familia y trabajó los diez años de la revolución, en el Midinra. Viendo algunas cosas técnicas del cultivo del algodón. Estuvo en Posoltega durante cuatro años, y llegó a ser director general de Tecnología Agrícola. Para las elecciones del 90 se lanzó como diputado por el departamento de León, pero no ganó.
“Cuando hicieron la clasificación y cortaron la lista, mi nombre era el que seguía, creo que fue buena suerte, digo yo, porque quién sabe a dónde andaría ahora si hubiese sido diputado, creo que las cosas que suceden en la vida así se tienen que tomar”.
Al iniciar la década del 90 cuando Violeta Barrios asumió la presidencia de Nicaragua, quedó desempleado y buscó trabajo como profesor en la UCA. En esa década se inserta a la Unag y participa en las mesas de negociación entre el gobierno y esa institución, en el llamado proceso de concertación, experiencia gracias a la cual adquirió los conocimientos necesarios sobre negociaciones.
“Pero en 1993 fui llamado por doña Violeta, para ocupar el cargo de viceministro del Instituto Nicaragüense de Reforma Agraria (INRA) y en 1994 me nombró ministro y como era miembro de la directiva de la Unag, pedí tiempo para retirarme de la junta directiva ya que tenía un mandato de la Presidenta: terminar con el proceso de titulación de las tierras”.
¿Y qué aprendió de todo eso?
Cuando vos tenés que sentarte en una mesa entre afectados con la reforma agraria y beneficiados con ésta, sin ningún compromiso, eso me enseñó a que uno puede negociar sin renunciar a los principios, porque cuando uno puede negociar las cosas se pueden conseguir. Ver como un beneficiario y un afectado que había iniciado la reunión como con una pistola, que después se entendían, eso me ayudó a conocer mejor a la gente.
Además me ayudó a aprender la paciencia. No era nada fácil tener que tratar con todos ellos. Yo estaba en dos y hasta en cuatro aguas diferentes y tenía que hacerlo bien.
¿Ese ha sido el momento más difícil de su vida?
No. Fue cuando tomé una decisión, cuando llegue a la conclusión que la situación económica que yo tenía por endeudamiento por los bancos, por la situación del comercio era insostenible y en vez de no seguir peleando para que no me quitaran la finca tenía que renunciar a ella. Cuando llegué al banco y les dije tomen: Aquí está la finca. Y entregué todo, me quedé sin casa, sin finca, sin nada. Pero puse en cero mis deudas. Pasó ocho meses para que recibieran la finca, la herencia y mi patrimonio.
¿Tomó solo esa decisión?
Tener que entregarla… no fue sólo una decisión personal, se convocó a una especie de asamblea familiar y llegamos a la conclusión que eso era lo más importante, hablé con mis hermanos y lo hice, porque los afectaba ya que era el patrimonio y sus hijos le dijeron :Preferimos verte a vos tranquilo a que te dé un infarto o que te pegués un tiro como mucha gente. Yo lo hice porque tenía una profesión.
¿Le gustaría recuperarla nuevamente?
Iba a entrarle este año, pero las condiciones actuales de la agricultura para poder sembrar, meterme a un negocio con los pies hinchado, después de todo lo que pasé y quedar en lo mismo, pues no. Aunque tengo la ilusión de volver el próximo año porque también siempre he estado metido en la agricultura, desde los amigos, hasta los familiares, estoy en un ambiente de agricultores y productores.
¿Cómo llega a la presidencia de la Unag?
En 1997 fui electo vicepresidente y como Daniel Núñez tenía ya 20 años en la presidencia de la UNAG, éste se fue apartando poco a poco y se fue apartando poco a poco de las cosas que hacía y preparó bien su salida…
¿Le preparó el terreno?
Más o menos. Se podría decir… aunque él preparó su salida
¿Cómo entra en el sandinismo?
En cierta forma es casi una herencia de mi papá, a él le llamarían hoy una persona con principios avanzados de justicia, ética y de las cosas que debían ser con un sentido más social. Hay que considerara que en la década del setenta hubo revolucionarios en todo el mundo y el romanticismo de la juventud… y la universidad fue el medio donde me lanzó a ello. Estuve muy metido en los movimientos, auque orgánicamente nunca fui directivo…
¿Y qué logró de todo eso?
La solidaridad. Había solidaridad, aunque ahora en los 90 la solidaridad se perdió. Antes había un sentido más colectivo de la sociedad, ahora en individualismo es lo que priva y la solidaridad es una cosa muy escasa, desgraciadamente, entonces cada quien se tira a su sentido personal y familiar.
Creo que de allá para acá cada vez se prima más el individualismo, el mercado libre como se aplica ahora le implica ser individual, a pesar que tenga que hundir al otro y eso viene desde mi percepción en contra del principio solidario. Individual.
¿Y en su familia también pasó eso. Se perdió la solidaridad?
No. Mantenemos algún tipo de relación con toda la familia. Y cuando no nos vemos hablamos por teléfono por lo menos dos veces a la semana. Pero por la internet nos comunicamos con más frecuencia. Tengo unos hijos que están fuera del país. Una de mis hijas se casó con un salvadoreño y viven en El Salvador, otra se casó con un colombiano y viven en Miami. Dos están casados aquí, pero la comunicación es permanente. La menor está soltera y tiene 18 años.
Tiene 38 años de matrimonio. ¿Cuál ha sido el éxito?
Respetar el espacio, respetar los espacios, la paciencia y creo que lo principal que hemos tenido es el respeto como persona. Tenemos la confianza para salir con los amigos.
¿Y a su esposa la deja salir a donde quiere?
Con sus amigos y sus amigas, tal vez eso ha sido que como siempre he trabajado con mujeres y la confianza mutua. Para evitar algunas circunstancias…
¿Y se le han presentadoa usted “circunstancias”?
En la vida siempre se presentan, pero se han sabido sobrellevar muy bien, se aclaran porque no hay que dejar las cosas pendientes para muy largo. Veo en mi mujer, una ama de casa excelente y una compañera en la que puedo descansar, pegar cuatro gritos nada más, pero hay una buena dosis de cariño, un verdadero amor.
Productores dependientes
Como dirigente de la mayor organización de productores Álvaro Fiallos dice que hay que cambiar dos cosas: La dependencia que se tiene hacia el gobierno y la forma de producción. Considera que eso ha incidido negativamente para el desarrollo del sector y ha sido por una herencia que no se ha podido quitar desde la década de los años 1980.
¿Cuál cree es el principal problema en los productores?
Padecer de la dependencia del gobierno. Creo que es una de las herencias que la mantenemos. Fue un error haberlo llevado a tanta dependencia. Estatizar la economía fue un problema. Pero permitió una distribución más justa, pero creo la dependencia es uno de los errores que la economía todavía arrastra.
¿Qué hacer?
Nosotros debemos cambiar como productores. Entre menos tomemos en cuanta al gobierno, mejor nos podremos desarrollar. Viendo para atrás creo que como productores hemos tenido dos grandes defectos: generalmente Nicaragua ha vendido sus precios más bajos del mercado y no pensamos en el mercado y eso ha sido una gran dificultad. No pensamos primero en lo que el mercado quiere y no tenemos sentido de la calidad. El control de calidad es una cosas que casi no conocemos, vendemos sin mejorar el productos.
Se debe hacer un cambio de actitud a corto plazo, del mercado nacional pero se debe pensar en el mercado nacional y después a competir, porque competir con las transnacionales es locura.
¿Pero a nivel de sistemas qué cambiar?
Nosotros no producimos mejor porque no hay financiamiento, las deudas son a corto plazo y por eso no hay inversión ni en infraestructura. Si produzco menos y lo vendo mal soy menos rentable, si soy menos rentable no soy sujeto de crédito y si no soy sujeto de crédito vuelve la rueda a dar vuelta, y eso es lo que los tecnócratas del Gobierno no han entendido. Creo que hay que cambiar eso para meternos al mercado y que en productor entienda que se debe vender y hay que ir organizándose en formas colectivas, al productor que le ayude a llegar al mercado.