Rol de China como futuro socio de países en desarrollo en el área de biotecnología vegetal

Carlos F. Quiró[email protected] Mientras se debate la utilidad de los cultivos transgénicos, principalmente en países europeos, el gobierno chino invierte cada vez más en el área de biotecnología vegetal con el fin de garantizar la seguridad alimentaria de sus habitantes. Recientemente, investigadores chinos y norteamericanos han informado en las revistas Science y The Plant Journal […]

Carlos F. Quiró[email protected]

Mientras se debate la utilidad de los cultivos transgénicos, principalmente en países europeos, el gobierno chino invierte cada vez más en el área de biotecnología vegetal con el fin de garantizar la seguridad alimentaria de sus habitantes. Recientemente, investigadores chinos y norteamericanos han informado en las revistas Science y The Plant Journal sobre los avances que en este campo ha llevado a cabo la República China.

En estos artículos se describen no sólo los beneficios económicos sino también los beneficios sociales que los pequeños agricultores de ese país obtienen como resultado de utilizar cultivos transgénicos. Estos beneficios se basan en que los cultivos transgénicos requieren un menor uso de pesticidas a la vez que reducen el tiempo dedicado a las tareas en el campo. La adopción del algodón Bt, resistente al gusano de la bellota, es presentado como el principal ejemplo de estos beneficios.

Básicamente el uso de este tipo de plantas transgénicas representa un ahorro de más de US $700/ha por campaña de cultivo, lo que es una cantidad muy significativa para una economía donde la mayor parte de la población agrícola vive con menos de US $1 al día.

El próximo cultivo, que ya está en la última fase de aprobación por los organismos reguladores de transgénicos en China, es el arroz con genes Bt que confieren resistencia a la salinidad y a la quemadura bacteriana. Estos resultados son interesantes ya que también pueden aplicarse a los pequeños agricultores de países en desarrollo de América Latina y de otros continentes.

Un hecho importante de destacar es que en China el apoyo a esta tecnología es casi totalmente gubernamental, mientras que en países desarrollados es principalmente la empresa privada la que invierte en este tipo de proyectos. Aunque inicialmente los científicos chinos usaron las variedades transgénicas desarrolladas por compañías transnacionales para transferir transgenes a variedades adaptadas a sus condiciones ambientales, tuvieron el buen juicio de desarrollar paralelamente su propia tecnología no sólo para identificar, aislar y sintetizar genes de importancia económica, sino también para transferir estos genes a especies cultivadas. De este modo, no sólo están libres de pagos de regalías y otras restricciones en el uso de estos materiales genéticos y uso de protocolos de laboratorio, sino que estarán muy pronto capacitados para transferir su propia tecnología a países en desarrollo compitiendo frontalmente con los líderes transnacionales en biotecnología.

Será interesante ver la política que desarrollará el gobierno chino al respecto: si venderá esta tecnología como otra transnacional más o si tendrá en cuenta posibles donaciones a los países económicamente más pobres pero que pueden, potencialmente, beneficiarse aplicando esta tecnología.

Aunque el gobierno chino continuará invirtiendo en la biotecnología agrícola para garantizar la seguridad alimentaria de su pueblo, ve con cautela la producción de productos transgénicos para la exportación debido a la controversia existente principalmente en países europeos, Japón y otros. Recientemente han tenido una experiencia desfavorable con el tabaco transgénico resistente a virus, que fue uno de los primeros productos de la genética recombinante producidos por la China. Estas restricciones, sin duda, se basan en propósitos políticos, mercantiles y/o arancelarios mas que en el beneficio real que representan los transgénicos, no sólo para la economía de los países en desarrollo, sino también para la protección del ambiente.

En resumen, el ejemplo chino sirve para descartar varios de los argumentos en contra de la biotecnología y de los cultivos transgénicos. Primero, que la crítica de que la tecnología está controlada por grandes transnacionales que fuerzan la venta del paquete tecnológico completo, semillas, tecnología de producción y químicos, ya no puede usarse como argumento válido. Segundo, que la biotecnología sólo beneficia a los grandes agricultores también puede descartarse como argumento al ver los beneficios directos recibidos por el pequeño agricultor en la China.También puede agregarse que, claramente, esta tecnología puede aplicarse para garantizar la seguridad alimentaria en países pobres, sobretodo mitigando pérdidas de producción por plagas y enfermedades.

Tercero, también debe desecharse que esta tecnología es muy cara puesto que todos sus componentes están patentados. La prueba está en que la República China ha desarrollado su propia tecnología, en forma independiente y paralela, a un costo mucho menor que aquella desarrollada por los países desarrollados. Probablemente, otro hecho importante es que en el futuro este país vea favorecida sus negociaciones con otros países en desarrollo para transferir su tecnología como donación o a precios razonables. Finalmente, es preocupante ver que en muchos países en desarrollo, donde el apoyo a la investigación agropecuaria por parte del gobierno es prácticamente nulo, no tienen aún ni siquiera la infraestructura y personal para captar el gran potencial de la biotecnología agrícola. Más aún, en varios de estos países no se han establecido todavía formalmente instituciones reguladoras y evaluadores de organismos generados por genética recombinante (los mal llamados organismos genéticamente modificados). Esta deficiencia no permite la introducción legal de cultivos transgénicos para evaluar sus bondades y posibles riesgos ecológicos (si es que realmente existen en el país de introducción) antes de ser adoptados para la producción. Esta limitante realmente les quita a los agricultores más necesitados la oportunidad de salir o al menos mitigar su pobreza. El resultado es que, una vez más, el país puede perder el “bote del progreso” debido a la inercia y a la falta de políticas de las autoridades de turno que muchas veces no actúan por presión de instituciones antitecnológicas las cuales, con frecuencia, se autocalifican como protectoras del ambiente. Con su intransigencia, ellas y las autoridades políticas manipuladas (o sobornadas), serán las grandes responsables de la muerte avisada por hambruna de niños y adultos en los países donde la falta de alimentos está pronosticando la inminencia de esta catástrofe humana.

(Referencias: Huang, J. et al. 2002. Plant Biotechnology in China, Science 295:674; Pray, C. et al. 2002. The Plant Journal 31:423).

El autor es catedrático de Genética, Department of Vegetable Crops, University of California, Davis.  

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