Mario A. Saavedra
La Ministra de Salud, Lucía Salvo, expresó en una entrevista lo apremiante que es aumentar la partida presupuestaria del Minsa para compra de medicamentos. Esa demanda coincide con la del presidente de la Comisión de Salud de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, quien también funge como Secretario General de la Federación de Trabajadores de la Salud (Fetsalud). En diferentes alocuciones, el diputado Porras ha insistido en la necesidad de adjudicar para la adquisición de medicamentos la asignación presupuestaria que se requiere y no la que el Gobierno ha venido determinando. El mismo Porras ha propuesto que el Ministerio de Hacienda y Crédito Público asigne el 4.5 por ciento de los ingresos tributarios proyectados cada año, para la compra de medicinas y materiales de reposición periódica.
Estos puntos de coincidencia entre la ministra de Salud y el diputado Porras se hacen eco del sentir de la mayoría de los nicaragüenses, cuya principal aspiración es que este inveterado problema de desabastecimiento de medicinas no continúe siendo una “piedra en el camino”, en detrimento de la salud pública.
Sin embargo, es oportuno advertir que aunque se canalicen los recursos económicos que permitan adquirir un inventario que satisfaga la demanda nacional de medicamentos, por parte del Minsa, este aparente punto de equilibrio será efímero pues a corto plazo se presentarán los caracterizados déficits en las diferentes unidades de salud. Cabe señalar que este ya crónico problema podría ser reducido gradualmente si la Dirección Superior del Minsa, con apoyo de Fetsalud y la Sociedad Civil, logran aplicar rigurosamente algunas medidas eficaces de control. Por ejemplo, es prioritario frenar los “mega-robos”. Me refiero a las grandes sustracciones de medicinas que han venido haciendo, determinados “peces gordos”, algunos ya identificados.
También hay que ponerle coto a las pequeñas sustracciones de medicamentos, en las que intervienen algunos sectores del personal médico y paramédico del Minsa, al igual que personas ajenas a la institución que operan de forma individual o en contubernio asociado.
Las sustracciones menores se han diseminado en todo el territorio nacional, y alcanzan grandes volúmenes, incluso, de mayor cuantía que los mega-robos. Es importante enfatizar que una de las causas que obligan a algunas personas a caer en esta clase de delitos, es el bajísimo salario que devengan los trabajadores de la salud.
Otro aspecto que contribuye al desabastecimiento de medicamentos es su uso irracional. Me refiero a las inconsistencias que se observan en el manejo de algunos síntomas y/o enfermedades: Excesivo e innecesario uso de antibióticos de amplio espectro en afecciones digestivas, bronco-respiratorias, renales, entre otras, que además de su alto costo causan enorme daño al organismo; excesivo y poco controlado uso de ansiolíticos, los que crean resistencia en el organismo a tal grado que llega un momento en que el efecto terapéutico en casos de insomnio, depresión y otros, se reduce a cero. En países como el Salvador y Guatemala los médicos, prescriben tabletas de Valeriana oficinales de efecto moderado, o algún placebo, que ejerce sugestión en el paciente.
Lo mismo sucede con otros fármacos cuya innecesaria e irracional prescripción influye determinantemente en el desabastecimiento de medicamentos por parte del Ministerio de Salud.
El autor es consultor y director del Centro para el Desarrollo de la Medicina Tradicional (CEDEMETRA).