Lorena Zamora-Rivas
Recibí por el Internet —bendito Internet que nos permite conocer muchos mensajes positivos con una gran cantidad de personas—el mensaje siguiente:
Cuando veo la tierra quebrada y abandonada; hogares y vidas humanas arrasadas por la furia de los ríos; amigos y compatriotas con la mirada perdida porque perdieron todo, hasta lo irrecuperable; me pregunto… ¿Dónde estarán las manos de Dios?
Cuando observo la injusticia, la corrupción, el que explota al débil; me pregunto… ¿Dónde estarán las manos de Dios?
Cuando aquel pequeño a las tres de la madrugada me ofrece su periódico, su miserable cajita de dulces sin vender, cuando su mirada me reclama una caricia, cuando lo veo sin esperanzas vagar con la única compañía de un perro callejero, me pregunto… ¿Dónde estarán las manos de Dios?
Y tuve la osadía de enfrentarme a Él y le pregunté: “¿Dónde están tus manos Señor, para luchar por la justicia, para dar una caricia, un consuelo al abandonado, rescatar a la juventud de las drogas, dar amor y ternura a los olvidados?” Después de un largo silencio escuché su voz que me reclamó: ”¿No te das cuenta que tú eres mis manos?, Atrévete a usarlas para lo que fueron hechas: para dar amor y ser instrumento.” Y comprendí que las manos de Dios soy yo,… y eres tú!
Meditando la respuesta de Dios, temblé y me di cuenta que ése es nuestro objetivo aquí en la Tierra. Ser las manos de Dios. Y esto no le toca sólo a una persona sino a cada uno de los que habitamos en este planeta. Somos nosotros los que hemos fallado. Esta tierra tiene tantas bellezas, riquezas, potenciales. Pero somos los que la habitamos los que nos encargamos de destruirla, y destruirnos, de empobrecerla y empobrecernos.
Los padres de familia deben valorar la riqueza de una buena educación y buscar el compromiso de estos a exigirles a sus hijos un rendimiento y compromiso con el aprendizaje. Con frecuencia nos quejamos de que exigimos mucho. Pero en la realidad, y cuando vemos hacia atrás, siempre sobresale la persona que nos exigió más, la que no se conformó con cualquier cosa, sino que nos hizo dar lo mejor de nosotros. No hay que equivocarnos. Todos tenemos que exigirnos a hacer cualquier cosa que sea, lo mejor que podamos. No por salir del paso. Sino como las manos de Dios.
El campo de la educación es muy amplio y las necesidades totalmente insatisfechas. Según el “Informe mundial 2002 sobre el seguimiento de la educación para todos” que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) dio a conocer el 17 de noviembre del 2002, Venezuela, Nicaragua y Paraguay figuran en la lista de los que no lograrán que todos los chicos en edad escolar accedan a la educación de aquí al 2015.
Pero hay que buscar siempre la respuesta en uno mismo, antes de pedir cuentas a otros. Estoy segura que la mayoria de las veces la respuesta será la misma que dio Dios…vos sos mis manos….asi que adelante, y agradezcamos y alabemos al Altísimo por un año con grandes logros para la educación de los que son el futuro de Nicaragua.
Hay otra historia que contiene una gran enseñanza dada por una profesora, que habia enviado una nota a los padres de cada uno de sus alumnos la siguiente frase: “felicitaciónes padres, su hijo (a) es el mejor alumno de la clase. ¿Se imaginan lo que pasó cuando cada uno de los padres reclama entonces que su hijo o hija es el o la mejor? Y viene la sabiduria de la profesora y les responde que cada uno de sus hijos es el mejor…en algo. Una verdad que pocos ven, y por eso no creen. Si éste no es inteligente, es el más dulce; si no es el más rápido…es el más persistente; aunque no sepa matemáticas, es el mejor en historia. No sabrá las tablas de multiplicar, pero es el mejor arquero de la escuela, cuando jugamos al fútbol. Si aquella bien anda floja en Historia, es la más cariñosa de todas; que aquel es el mejor en matemáticas, pero me callo si no es servicial…Y aquélla es su peor alumna en ortografía, ¡pero es la mejor de todos a la hora de trabajo manual! y así individualmente cada uno era el mejor en algo. Ella era la maestra y debía construir el mundo con esos chicos. Pues entonces, ¿con qué levantaría la patria? ¿Con lo mejor o con lo peor? Los padres siempre habían visto principalmente los defectos, y ahora empezaban a sospechar que cada defecto tiene una virtud que le hace contrapeso. Y que es cuestión de subrayar, estimular y premiar lo mejor. Porque con eso se construye mejor. La belleza de esto es que cada uno es como el mejor…para es algo único y todos somos… las manos de Dios y no debemos permitir que permanezcan ociosas.
La autora es arquitecta y empresaria.