Annabelle Sánchez Duarte
A más de 50 años de la firma de la Carta de los Derechos Humanos, suscrita por casi todas las naciones del mundo, y en una época que será recordada como la que reflexionó sobre el carácter global de su existencia, se impone la urgencia de pensar en un mundo capaz de conciliar lo particular y lo universal, la persona y la sociedad, la libertad privada y las garantías públicas.
Hoy, 10 de diciembre, se celebra el Día Mundial de los Derechos Humanos. La noción de derecho ha variado en la historia, tomando diversos matices según la problemática propia de cada época y de cada cultura. No ha sido claro desde un comienzo el respeto que le es debido a cada ser humano más allá de las evidentes diferencias que caracterizan a las personas en particular; son justamente estas diferencias —de sexo, edad, tamaño, rapidez, salud, capacidad, condición inicial, experiencia, conocimientos, carácter, etc.— lo que puede ser usado para fundamentar un trato injusto o prepotente. Cuando en una cultura una determinada diferencia es interpretada como ventaja, necesariamente esto implica alguna desventaja en el otro, justificando alguna forma de desvalorización.
Esto ya ha ocurrido y ocurre hoy. Por eso es tan indispensable defender a la persona por el hecho de ser tal, al margen de toda diferencia. Una sociedad formalmente se constituye cuando se decide regular en base a consideraciones que no sean la fuerza, las relaciones recíprocas entre las personas: no la fuerza sino la justicia; no las ventajas del poderoso sino lo que es bueno para todos.
Se ha llegado aquí a una idea clave: reconocer la humanidad de cada una y cada uno, es decir, reconocer las prerrogativas que se desprenden directamente de la noción de persona humana, será el fundamento para una sociedad que renuncie voluntariamente al uso de la prepotencia —que es un uso violento del poder— para construir un mundo digno de llamarse humano. Los derechos humanos se presentan finalmente como el argumento racional para construir una convivencia entre las mujeres y los hombres que permita la realización plena de cada una y cada uno, realización que implica también las relaciones con los demás, porque hay algo de la persona que sólo se realiza en presencia y en compañía de los demás.
La historia usará una y otra vez la referencia a los derechos humanos en la lucha por la afirmación de los débiles frente a los poderosos, como sucedió en la guerra de independencia de los U.S.A. Esta misma idea, pocos años después, inspirará los revolucionarios franceses, que el 26 de agosto de 1789 proclamarán los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
Desde entonces ha crecido enormemente el listado de derechos humanos, pasando de aquellos de primera generación, derecho a la libertad, a la libre expresión y a la participación política, a los de segunda generación, como el derecho al trabajo y a la educación; para llegar a reconocer hasta derechos de tercera generación, como el derecho a un medio ambiente sano y el derecho a la paz.
¿Qué significa para cada persona tener derechos humanos? ¿Tiene sentido la posesión de derechos humanos si éstos no son reconocidos por alguien? Descubrir que el ser humano es portador de derechos significa garantizar frente a éste una conducta que no sea mecánica, o sea, utilitaria. El respeto del ser humano, de todos los seres humanos, nos ubica en el mundo de una manera distinta y nos obliga rehuir de las simplificaciones materialistas o racionalistas: ni la acción del hombre responde a una mecánica del cálculo de costos y beneficios, ni la libertad es mera conclusión de un silogismo. La complejidad del mundo y de las personas nos impulsa a buscar más en profundidad todas las aristas del ser y el deber ser.
En conclusión, sólo sobre la base de un humanismo perenne los derechos humanos son un elemento fundamental para el crecimiento de nuestra humanidad; esto nos compromete a todas y todos. Finalmente, la actitud de este compromiso se sintetiza con las palabras del dramaturgo Terencio: “soy humano y nada de lo humano me es ajeno”.
La autora es Directora de Promoción de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos.