Fernando Valenzuela con el uniforme de los Naranjeros de Hermosillo el año pasado en el béisbol mexicano, en una apertura frente a Vicente Padilla en Culiacán.

Fernando Valenzuela no tiene prisa

Espera con paciencia su posible cita con la eternidad Carlos Alvarado Aquellos ojos que miraban al cielo en cada lanzamiento ahora ven de frente un panorama tan esplendoroso como la carrera de su dueño. Ya es una leyenda. Lo único que falta es que sus hazañas sean plasmadas para siempre en el Salón de la […]

  • Espera con paciencia su posible cita con la eternidad

Carlos Alvarado

Aquellos ojos que miraban al cielo en cada lanzamiento ahora ven de frente un panorama tan esplendoroso como la carrera de su dueño.

Ya es una leyenda. Lo único que falta es que sus hazañas sean plasmadas para siempre en el Salón de la Fama del Béisbol de Grandes Ligas.

La Asociación de Escritores de Béisbol de Estados Unidos (BBWAA), el organismo encargado de elegir a los peloteros que merecen ingresar al templo sagrado de Cooperstown, no esperó mucho para colocar a Fernando Valenzuela en la lista de candidatos. Lo hizo en su primer año para ser elegible.

Las votaciones deben estar concluidas el 31 de diciembre y los resultados serán anunciados el 7 de enero. Para ser electo un pelotero tendrá que aparecer al tope en al menos el 75por ciento de las boletas.

En el camino a la eternidad, acompañan al más grandioso de los beisbolistas mexicanos, 16 elementos, entre los más destacados se encuentran: Eddie Murray y Lee Smith.

Murray es el único toletero en alcanzar 500 jonrones y 3,000 carreras impulsadas. Smith encabeza la lista de todos los tiempos en juegos salvados (478 en 18 temporadas).

Cualquiera diría que Valenzuela estaría frotándose las manos o brincando de contento. Pero no es así.

El siempre recordado “Toro de Etchohuaquila” aguarda su posible viaje al más allá beisbolero con la misma frialdad que se le vio en la lomita de los disparos por 17 temporadas en las Ligas Mayores.

“Es algo grande. Creo que hay buenas posibilidades, sólo queda esperar a ver qué sucede”, dijo Valenzuela, en una cita exclusiva con La Opinión, llevada a cabo en su modesta, pero cómoda oficina ubicada en la ciudad de Hollywood.

“Aquí si ya no es un juego de béisbol”, agregó el zurdo sonorense, tratando de esconder una sonrisa.

“No depende de uno, depende de otras personas. En ese sentido veo la cosa muy difícil, pero sí muy cerrada [la votación]. En lo que respecta a mí me siento confiado. El solo hecho de estar allí en el primer año es un paso muy significativo”, subrayó.

Para poder ser candidato a ingresar al Monte Olimpo del béisbol, los reglamentos exigen cinco años de retiro definitivo.

Fernando no dio a conocer a nadie cuándo decidió guardar su guante para siempre. La sencillez que lo ha caracterizado no se lo permitió, pero la junta directiva del Salón de la Fama estaba pendiente de su trayectoria y ahora Valenzuela podría estar a un paso de saltar a la gloria eterna del deporte de las bolas y los strikes.

“Realmente el tiempo se fue muy rápido. Mucha gente me preguntaba: ‘Bueno ¿y el retiro cuándo lo vas anunciar? —No sé, a lo mejor el otro año—les respondía. Y así pasaron estos cinco años y no los noté”, manifestó.

“Creo que cuando dejé de jugar en las Grandes Ligas, al año, para ser exacto, me consideré como un jugador retirado del béisbol de Grandes Ligas. No necesariamente hay que anunciarlo. La verdad es que nunca me llamó la atención [anunciar el retiro]”, aseguró Valenzuela.

Así las cosas, el último equipo al cual perteneció uno de los más extraordinarios serpentineros zurdos de la historia, fue los Cardenales de San Luis. Lo hizo en 1997, contaba entonces con 36 años de edad.

Por esas ironías del destino y del propio beisbol, fue precisamente a los Cardenales a quien Fernando les tiró su único juego sin hit ni carrera. Fue un 29 de junio de 1990 en el Dodger Stadium. Ha sido uno de sus máximos laureles, según lo reconoce el propio Valenzuela.

“Los juegos sin hit ni carrera llegan solos, cuando uno menos los espera. Pero hay que reconocer que no sólo es mérito del lanzador. Es un trabajo de equipo. La defensa es un factor importante. Recuerdo que el jardinero central (el dominicano Stan Javier) capturó un batazo entre dos. Al final tuve la suerte de desviar un batazo de Pedro Guerrero y el juego terminó con un doble play”, rememoró.

MÉRITOS DE SOBRA

A ese no hitter antecedió más de un hecho que fue registrado con letras doradas en la historia del beisbol más exigente del planeta.

¿Cómo olvidar aquellas ocho blanqueadas en su segunda temporada (1981) que se sumaron a ocho triunfos al hilo al arranque de ese año? Una cifra que hasta la fecha aún no ha sido superada.

¿Quién no recuerda aquel Juego de Estrellas en el cual ponchó a cinco en línea? Sólo otro grande, Carl Hubbell, lo hizo en 1934.

Sin lugar a dudas, la BBWAA tomará en cuenta aquella campaña de 1986 en la que logró completar 20 partidos. Ese ejemplo de consistencia, continúa vivo. De esa época hasta nuestros días no ha surgido ni un solo serpentinero que recorra 20 veces la ruta completa en una sola campaña.

Sólo la muerte de su padre, un suceso que Fernando considera uno de los momentos más difíciles de su vida privada y beisbolera, pudo haber interrumpido su constancia en temporadas tras temporadas.

“Tuve que hacer un esfuerzo máximo cuando me comunicaron que mi papá había fallecido. Pero luego comprendí que es parte de la vida y que tenía que continuar mi trabajo”, dijo.

Aunque Valenzuela se siente orgulloso por esa muestra de vigor y entrega, el otrora magistral exponente de la lomita reconoce que en la actualidad el tecnicismo ha invadido al llamado beisbol moderno.

“En ese entonces, yo me decía: si este juego es de nueve innings, ¿por qué dejarlo a la mitad, si uno está haciendo bien las cosas?”, subraya Valenzuela.

INVESTIDO DE DODGER

Valenzuela ratificó la nobleza con la cual se dio a conocer en todos los ámbitos beisboleros.

El legendario zurdo mexicano no da como un hecho su ingreso al Salón de la Fama, no obstante, accedió a informar el uniforme con el cual inmortalizaría su nombre.

Pese a que los Dodgers se deshicieron de sus servicios no en la forma que él merecía aquel 28 de marzo de 1991, Fernando eligió a la franela número 34 blanco y azul para recibir los honores en Cooperstown.

“Los Mayos de Navojoa fue mi primer equipo profesional, no puedo olvidarlo, aunque pasé más tiempo con los Naranjeros de Hermosillo. Pero los Dodgers me dieron la oportunidad de haber sido lo que fui en las Grandes Ligas y tengo que reconocerlo”, señaló.

“Peter O’Malley se mantiene en comunicación conmigo. Me llama de vez en cuando para saludarme y preguntar por mi familia”, puntualizó.

Tomado de La Opinión.  

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