- Salvadoreños con sólidos escenarios deportivos
Hijalmar PadillaEl salvadorEnviado [email protected]
Unas 20 instalaciones deportivas totalmente modernas, con un nivel próximo al panamericano y mundial hablando olímpicamente, ya tiene de legado para hoy y el mañana la niñez y juventud de El Salvador.
El país salvadoreño, el más pequeño de Centroamérica con una extensión de 21,070 kilómetros, sumando los Bolsones, ahora se da el lujo de poseer la infraestructura más flamante de Centroamérica.
Los salvadoreños tienen el honor de ostentar los edificios deportivos más impresionantes del istmo, con excepción del Estadio Nacional de Béisbol en Panamá, el Domo de Guatemala y el Estadio Olímpico de Fútbol en San Pedro Sula, Honduras.
La dirigencia deportiva, Gobierno y Empresa Privada cuscatletca, no han tenido que quebrarse mucho la cabeza durante los últimos ocho años.
La sociedad en su conjunto ha comprendido fácilmente que la infraestructura es la base fundamental para tener un lugar donde desarrollar el nivel competitivo, desde su raíz hasta sus frutos para el presente y el porvenir.
“Todavía a principios de la década de los años noventa, el Estadio Flor Blanca daba pena, con sus gradas de concreto agrietadas por efectos de la naturaleza y por causa de la destrucción de la mano del hombre”, relata Eva María Dimas, la atleta más completa del llamado “Pulgarcito de Centroamérica”.
“Asistir a este estadio de béisbol (Saturnino Bengoa) era un martirio por la suciedad y las malas condiciones que imperaban”, agrega.
En la actualidad la comunidad salvadoreña puede glorificarse de su herencia en mobiliario deportivo, tras el sacrificio que han hecho todos, incluso con el atraso de otros proyectos sociales.
“Hoy esto es un lujo tenerlo, con instalaciones y equipos que ya alcanzan una estatura mundial”, se jacta el ingeniero Enrique Mollins, presidente del Instituto de Deportes de El Salvador (INDES) y presidente del Comité Organizador de los XIX Juegos Centroamericanos y del Caribe, que concluyeron con éxito el último sábado.
Después que sus principales lugares de competencia, la mayoría construidos en el decenio de los años sesenta, fueron dañados por los terremotos que han afectado al país entre 1990 y el 2002, el Gobierno decidió invertir dinero en su remodelación.
Si bien la obra de restauración comenzó en 1991, previo a los V Juegos Centroamericanos de 1994, la mayor inversión se dio a partir de 1996 para garantizar los escenarios deportivos en ocasión de los XIX Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Se invirtieron 30 millones de dólares, exactamente, para la construcción de nuevas instalaciones, destacando el Complejo Deportivo Universitario, con 28 edificios totalmente intachables.
Además aproximadamente 21.5 millones de dólares fueron gastados en reconstrucción y compra de equipos nuevo, como el caso del Estadio Flor Blanca, que data desde 1935, el Polígono de Tiro Deportivo y el Velódromo de Ciclismo.