Inmaculada Concepción de María

Justo P. Ramos

Nicaragua celebra nuevamente, con la alegría de siempre, la tradicional Gritería en honor a la Inmaculada Concepción de María, y entre el jolgorio volvieron los congregados desfiles de cantores que hace más de tres siglos cantan a María “la Madre de Dios”. Esta vez ante el desconcierto y la incertidumbre de una crisis que afecta en gran manera la economía del país, se visten las calles de madroños y pastores y se reafirma esta especial tradición que constituye una relación religiosa apegada cada día más a la cultura nacional.

Siempre se ha dicho, dentro del aspecto cultural, que la religiosidad es parte inseparable de la historia de los pueblos y por consiguiente indica las virtudes y vicisitudes históricas, así como la medida del contenido espiritual de la vida exterior.

En el devenir del tiempo el siglo XVII se inscribe en el mundo como el siglo de la transformación cultural y científica. En Europa se discute y difunde la cultura y el pensamiento con un brío renovado que imprime en el ámbito un cambio cualitativo en las estructuras culturales tradicionales promoviendo el resurgimiento intelectual y el nacimiento del barroco europeo que entre otro viene a crear una nueva cultura sobre el mundo y la naturaleza, incidiendo en el campo católico de España particularmente, con actitudes renovadas que se manifiestan vehemente en los países con más libertad de pensamiento sobre la ciencia y la cultura.

En ese contexto histórico la conquista española por medio de los padres franciscanos imprime en el pueblo nicaragüense un espíritu de veneración a la Madre de Dios en el misterio de la Inmaculada Concepción cuyo origen se remonta precisamente al siglo XVII, con Fray José de Velazco, quien en 1676 proclama con la elocuencia de su verbo encendido en materia religiosa, las virtudes sagradas de la Virgen María en la ciudad de Granada, y con Fray Rodrigo de Jesús de Betancourt que en 1720 llama a María “El candor de la luz eterna” mediante la publicación de una novena dedicada a su exaltación, haciendo tanto como Góngora que llamó a la Virgen Morena del Tepeyac “Primavera Indiana y Gloria del Querétaro”, lo cual resulta de la acción concienciadora ejercida en los albores de la Conquista bajo la presencia de los misioneros franciscanos que desde el inicio de la Colonia se habían establecido en León y Granada la que se caracterizaba por una manifestación de bondad, que al igual de otros evangelizadores observaban inteligentemente.

De esta manera los Franciscanos fervientes devotos de la Virgen María dieron lugar al advenimiento de esta nueva creencia que instituye el culto a la Inmaculada Concepción de María, oficializado en 1708 por el Papa Clemente XI como festividad.

Esta proclama es como la expresión de un canto de amor en un preclaro amanecer, es como el verso que viene de la aurora para quedarse viviendo en el sentimiento de un pueblo al que le han enseñado a amar y a bendecir el amor y la poesía que aflora en los cantares alimentados en la fe y la esperanza como la espuma de los mares o como el blanco de los madroños que exaltan a María como la única dama Reina, que ostenta en sus blasones la excelsa primicia de los amores celestiales y la nívea pureza de los lirios primaverales con lo que el Papa Pío IX el 6 de diciembre de 1954 proclama “El Dogma” de la Inmaculada Concepción.

Bajo este piadoso signo anunciado hace más de cuatro siglos en Tezoatega por Pedro de Ahumada y afirmado por la fe, sobre el lago de Granada en 1554, los nicaragüenses han continuado alegremente llevando en sus clamorosas gargantas el grito del amor por la que causa tanta alegría y aunque a veces nos encontremos entre el océano de tantas dificultades siempre se canta a “La Purísima” esperando su intercesión sagrada como en las bodas de Caná para que termine esta desenfrenada lucha estéril de los políticos que sólo problemas nos traen, nos conceda refugio en nuestras necesidades, el conocimiento y la sabiduría, para que los sentimientos se vuelvan nobles en beneficio de los pobres y decir agradecidos:

Purísima Concepción de María

¡Salve! Orquídea de plácidos candores.

Místico lirio de sacra galantería

Eres aroma de la flor de mis amores.

El autor es historiador.  

Editorial
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