¿Cristianos e indiferentes a la Purísima?

Nina Lucas Callejas [email protected]

¿Podría llamarme cristiana y no aspirar a amar a la Virgen María como Cristo la amó? Tratarla con el mayor respeto y en la celebración de siglos de la Purísima demostrarle veneración y fiel cariño.

¿Podría llamarme cristiana y no reconocer que la Virgen María es la primera cristiana? La primera en saber del Dios con nosotros. (Lc. 1,35). La que inicia la evangelización al dar la buena nueva a su prima Santa Isabel (Lc. 1,39). Podría llamarme cristiana y dejar sin cumplir las palabras de las Sagradas Escrituras, dichas por Santa María en esa visita a su prima: “Porque Él ha visto la humildad de su esclava me llamarán bienaventurada todas las generaciones”. (Lc. 1,48). Bienaventurar que no es adorar, adorar sólo a Dios.

¿Podría llamarme cristiana y no rendirle veneración al ser más especial salido de la creación de Dios? Ella sin mancha de pecado, la nueva Eva. El SÍ de Eva nos condenó a la muerte. El SÍ de María nos abrió a la vida con Dios y alcanzar la plenitud de gozo que nunca se acaba. Ni ojo vio, ni oído oyó lo que Dios tiene preparado para los que le aman.

¿Podría llamarme cristiana y sólo creer en la propia mediación?

Se le dice al hermano: “Oraré por ti para tu sanación”, “Hermano, le pido que ore por mí”. Y no se cree en la mediación de la Virgen tan claro en las bodas de Caná: “No tienen vino” todavía el Señor le dijo “¿qué nos viene a ti y a mí que ellos no tengan vino, además no es mi hora”. Sin embargo, ella le dice a los criados: “Haced lo que Él les diga”, esto deja abierto a que el Señor disponga lo que quiere hacer y lo demás, ya lo sabemos. El Señor hace su primer milagro a destiempo, convirtiendo el agua en vino… Todo por su Madre.(Jn. 2, 1-12).

¿Podría llamarme cristiana y creer por una mala interpretación bíblica que la Virgen tuvo más hijos? Poniendo en duda su virginidad perpetua. ¿Y dónde están todos esos hijos cuando la Virgen está al pie de la cruz? Jesús mira el desamparo de su madre y la confía al cuidado de San Juan (Jn. 19,25-28). Y como San Juan yo también y en especial en estos días, la acojo en mi casa y acepto esa herencia maravillosa. ¿Y cómo puedo decir que amo a Cristo y no apreciar a su Madre, que además es Madre de todos los católicos?

¿Podría ser cristiana y no creer en la concepción inmaculada de la Virgen? Dios, que es Dios de lo imposible, pudo crear a su propia Madre y colmarla de todas las gracias, sin mancha de pecado, para ser su digna morada. Dios le dice a la serpiente que la mujer le aplastará su cabeza (Gen. 3,15). Todo esto se cumple en la concepción inmaculada de Santa María siendo tan purísima, el enemigo no puede contra Ella.

Que en esta celebración a la Purísima la haga con toda devoción para que las gracias se desborden en las almas y se pueda seguir el modelo de su pureza. Acudir a ella, abogada, Madre, auxiliadora, reina de la paz y del amor… Es tiempo de empezar a cantarle “vencedora del fiero dragón, saludemos al plácido día, de su hermosa y feliz concepción”, “más que tú sólo Dios, sólo Dios”… “cuan pura, cuan bella la aurora te vio”… Y desde el ser, profundamente mariano, con todo corazón y a todo pulmón ¡Que se oiga en toda la nación la gritería…!

¿Quién causa tanta alegría? ¡La Concepción de María!

La autora es psicopedagoga.  

Editorial
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