Dominique de Villepin (*)
Me siento muy feliz de volver a Colombia para hablarles de un futuro que nos corresponde forjar juntos, más allá de las dos orillas del Océano y de la historia. Durante mucho tiempo, el mundo estuvo dividido en dos bloques: el Este y el Oeste. Las fronteras de las ideologías y las de los territorios y la de las economías se solapaban. Ahora, después de la caída del Muro de Berlín, la situación es diferente. Sin embargo, quedan por encontrar las nuevas referencias, en momentos en que la tentación del miedo y del ensimismamiento amenazan con volver.
Las desigualdades son cada vez más profundas, entre el Norte y el Sur dejando rezagados a quienes no logren acoplarse al ritmo de la mundialización. Los más ricos a menudo cierran los ojos, sumidos en el escepticismo o en la indiferencia. ¡Qué paradoja! Nunca antes nuestros destinos han estado tan estrechamente ligados como hoy. Hace más de dos siglos que América Latina perfila nuestro horizonte. A ambos lados del Atlántico, construimos un círculo de amistad, de intercambios y de solidaridad. Y, sin embargo, jamás antes los riesgos han resultado tan amenazadores.
Debemos enfrentarlos juntos, trate se del terrorismo, de la proliferación de armas de destrucción masiva o del fundamentalismo, del desarrollo de las redes mafiosas, de la criminalidad organizada o del narcotráfico. No dejemos que vuelva a surgir el rostro del odio y de la intolerancia. Sepamos responder a estos nuevos retos para edificar un mundo mas justo.
Antes que nada, el reto de la democracia. En la pasada década, América Latina experimentó una notable evolución, consagrada por la Carta de Lima (La Carta Democrática de la OEA). En todas partes, se han modernizado las constituciones, con una democracia participativa, y con numerosos esfuerzos para responder a las nuevas exigencias de los pueblos en cuanto a su identidad y su cultura.
En toda América Latina este movimiento se amplifica. Se han adoptado leyes de descentralización, a menudo audaces y la mayoría de sus constituciones otorgan un relevante lugar a la defensa de los derechos humanos. Sus instituciones son más sólidas, frente a las crisis económicas o políticas. Las elecciones se celebran sin tropiezos y queremos creer que los golpes de Estado y los pronunciamientos pertenecen al pasado, sin embargo, con demasiada frecuencia la inestabilidad política sigue amenazando. Es menester defender, fortalecer y consolidar día tras día la democracia y el Estado de Derecho.
EL RETO ECONÓMICO Y EL SOCIAL
Luego tenemos el reto de la economía, con las angustias de la pobreza, su séquito de miserias, de injusticias, de violencias y de desplazados. ¿Y cómo olvidar la crisis financiera? Crisis que hoy azota de lleno a Argentina y podría propagarse: somos solidarios con Argentina, como con los demás países amenazados por la crisis. La comunidad internacional tiene hoy el deber de proteger a los Estados y a las poblaciones contra los estragos causados por esas ondas de choque.
Debemos escuchar esos mensajes, pues no habrá desarrollo sostenible sin la adhesión de las poblaciones. Para ello es necesario superar el reto más profundo, el reto social. Facilitemos el acceso de todos a la salud, a la educación y a los bienes más necesarios. Aceleremos la marcha hacia la paz, la democracia y el desarrollo.
IDENTIDAD Y CULTURA, FUERZAS RENOVADORAS
Los pueblos encontrarán la fuerza necesaria en lo más recóndito de su identidad y de su cultura. La de América Latina es rica, abundante y pujante. Es fuente de extraordinaria vitalidad, que fascina a Europa sin cesar y de una inspiración que ha de guiar la acción y la voluntad de renovación. Recuerdo aquella historia narrada por José Enrique Rodó, de un niño que por casualidad descubre una copa de cristal; al golpearla con un junco, emana de ella una delicada melodía. Luego la llena de arena, y la copa se enmudece. Descorazonado, se dispone a romper la copa, cuando entonces ve una flor. La recoge y la siembra en la arena de la copa ; así la música perdida cede su lugar al destello de los colores.
Como ese niño, no tiremos la copa de nuestro mundo nuevo. Cambiémoslo más bien. Frente a un universo a menudo hostil, siempre misterioso, los mitos fundadores de su cultura nos hablan de la vida. Las nuevas generaciones de artistas, de escritores y de cineastas latinoamericanos muestran con un realismo sin complacencias los sufrimientos de la vida cotidiana, pero también reflejan una profunda humanidad.
INTEGRACIÓN, IMPERIOSA NECESIDAD
La solidaridad constituye una imperiosa necesidad, como ya nos decía Octavio Paz en su poema el Cántaro Roto: Hay que soñar hacia atrás, hacia la fuente, hay que remar siglos arriba.Esta renovada solidaridad debe desplegarse en dos direcciones prioritarias. Primero, la de la cohesión regional, que es la única que permite constituir amplios conjuntos humanos de paz y de intercambios. Así como los pueblos de Europa siguen uniéndose, las naciones de América Latina deben estrechar sus lazos y fortalecer su integración. Porque existen puntos de correspondencia, de resonancia entre Europa y América Latina. Esa fuerza de acercamiento ya ha echado a andar: renace el antiguo sueño de Simón Bolívar. Lo demuestra la reactivación del Pacto Andino, transformado ahora en Comunidad Andina de Naciones; la creación del Mercosur, así como el Sistema de Integración de América Central, que sigue desarrollándose. En cada caso, no se trata solamente de unir economías, sino también de construir proyectos políticos.
Francia y Europa creen en América Latina. Ven en ella a un actor relevante en el escenario internacional, pilar de paz y de estabilidad. Pueblos latinoamericanos : escribamos juntos esta nueva página de la historia.
IRAK
La cooperación entre Europa y América Latina constituye de hecho el segundo eje de la solidaridad que debemos renovar. Compartimos la misma sensibilidad frente a los problemas del mundo. La búsqueda de una solución a la crisis iraquí ofrece un contundente ejemplo. Sólo la acción colectiva basada en la responsabilidad y el respeto del derecho y de la ética, es capaz de propiciar soluciones legitimas y aceptadas por todos. Es la condición para la estabilidad y la paz en el mundo. En este sentido, Francia se congratula por la calidad de la cooperación con los Estados que, como Colombia, México y mañana Chile, representan a su continente dentro del Consejo de Seguridad.
CULTURA Y PROTECCIÓN AL MEDIO AMBIENTE
América Latina constituye al igual que Europa uno de los mayores viveros de diversidad cultural. Francia desea, junto a ustedes, contribuir a que avance a nivel internacional la definición de las reglas que permitan a todas las culturas ocupar el lugar que se merecen en un mundo que debe resistir a los riesgos de empobrecimiento del pensamiento.
Nos esperan momentos importantes, tanto en la OMC como en la UNESCO, en la que proponemos la adopción de un convenio sobre la diversidad cultural. inseparables de los retos del desarrollo sostenible, que la comunidad internacional abordó por vez primera en su globalidad, en la Cumbre de Río, en 1992. Francia anunció en Johannesburgo que se comprometería con decisión a la búsqueda de soluciones a los grandes problemas del planeta: el agua, la energía, el cambio climático y la protección de la biodiversidad. Este último punto reviste particular interés para Francia, que confirma con Guyana su responsabilidad como país amazónico.
Como nos exhortara el Presidente Jacques Chirac, debemos mundializar la solidaridad.
En 1983, Europa brindó su apoyo al Grupo de Contadora, y a la resolución de los conflictos centroamericanos por la vía de la negociación. Con el Grupo de Río, nacido de ese proceso, la Unión Europea ha instaurado las Cumbres Unión Europea – América Latina y Caribe, por iniciativa de Francia y de España. Europa se asocia cada vez más estrechamente con México, Chile y el Mercosur. Prosigamos y profundicemos ese diálogo político, para tejer los lazos de un futuro compartido.
REFORZAR NEXOS ECONÓMICOS
Reforcemos igualmente nuestros nexos económicos. Para tres de las cinco primeras economías regionales la Unión Europea es ya el principal socio comercial. Las inversiones directas de los países europeos en la región se han situado a un nivel equivalente a las de Estados Unidos. Esas inversiones, con un fuerte valor añadido, garantizan un considerable impacto en los años venideros, ya que abren el camino para la transferencia de tecnologías y la modernización de las economías. Juntos debemos infundir nueva fuerza y vitalidad a la cooperación latino-europea. Unamos, como decía Víctor Hugo, la luz de Europa al sol de América.
Francia desea constituir un nexo de unión entre esas dos regiones del mundo.
Nuestra relación está arraigada en las profundidades de nuestra Historia. No lo olvidemos: para nosotros, América fue una región soñada antes de ser descubierta. Luego, a través de los nobles ideales de la Revolución Francesa, nuestros destinos se entrecruzaron sin cesar al correr de los siglos.
EL PAPEL DEL ESTADO
Tenemos igualmente con América Latina una visión compartida del papel del Estado y de su responsabilidad en beneficio de sus ciudadanos.
Debe seguir desempeñando un papel decisivo en la regulación del juego económico y financiero, así como en las relaciones sociales, para que no se encuentren sometidas exclusivamente a las reglas del mercado ; para que no destruyan el ímpetu de sus pueblos.
La lucha contra las crisis financieras y los efectos de la desaceleración económica mundial en los países emergentes forma parte de nuestras preocupaciones comunes. Deseamos reflexionar con ustedes acerca de los medios para reformar la arquitectura financiera internacional. La dramática situación de Argentina nos impulsa a actuar con rapidez. Esa será una de las prioridades de la Presidencia Francesa del G8 en 2003. Porque nuestras discrepancias, en particular con respecto a la agricultura, no deben hacernos olvidar nuestras convergencias ni perder de vista nuestros objetivos.
(*) Ministro francés de Relaciones Exteriores. Fragmentos de su discurso en la biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, Colombia, 29 de noviembre, 2002 (cortesía de la Embajada de Francia en Managua).