José Barrios V.*
Quienes dicen que en Nicaragua se vive en democracia, creo que, lamentablemente, están equivocados. Eso podrá ser un buen deseo, pero está muy lejos de ser una realidad y nada tiene que ver con la definición de Lincoln de “poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.
El porqué todavía no existe la democracia se debe a dos factores: uno, es la estructura antidemocrática de los partidos políticos. El otro es la escasa participación de la ciudadanía en los asuntos de gobierno.
Siendo los partidos políticos organismos en donde los juegos de poder exigen la figura de caudillos, es utópico pensar que de ahí salgan personas que representen al pueblo. Normalmente, representan intereses del caudillo, del partido o de grupos ligados al partido.
De acá se deriva el otro problema. Los mismos partidos, una vez en el poder, son los que ponen las mayores trabas a la participación popular. ¿Para qué tener dentro del gobierno a los verdaderos jefes de la democracia, si los puedo utilizar —sin mayores riesgos— en su calidad de votantes? ¿Para qué ampliar su participación, si el rol “principal” del pueblo es escoger de entre los candidatos que el caudillo impuso?
Lo anterior explica el fenómeno político que se vive en Nicaragua.
A pesar de que la gran mayoría de los nicaragüenses quiere el desafuero del ex presidente Alemán para que la justicia se encargue de juzgarlo, hay diputados que están actuando en abierta rebeldía a esta decisión popular porque ellos sienten que fueron electos por el caudillo del PLC, y para con él es su lealtad.
Viéndolo desapasionadamente, esa es la realidad. Alemán fue el que eligió la lista de diputados del PLC y por eso los considera “suyos”. Acá no vale si debe o no enfrentar a la justicia. Acá lo que vale es que “él me puso, él manda, y yo obedezco porque soy agradecido”.
Esta distorsión, esta barbaridad política es la que tiene paralizado al país, y es una de las cosas que también hay que cambiar. Para que los diputados representen a la gente que los eligió, hay que hacer cambios completos en los partidos, y dar al pueblo los mecanismos efectivos de control del gobierno (verdadero concepto de Estado de Derecho) para que no sólo los diputados sino todos los Poderes del Estado hagan un buen gobierno.
La tarea de construir una democracia, por lo tanto además de permanente, en el caso de Nicaragua es más difícil aún porque la dictadura sigue vigente y los compromisos no son con el pueblo sino con el dictador o los dictadores. Por eso es que no hay que bajar la guardia ni dejarse confundir con que “se estáperdiendo el tiempo con esto de la lucha contra la corrupción”.
Para los preocupados por los asuntos económicos, les sugiero ver más allá del muy corto plazo. Si no hay honestidad en los gobernantes el desarrollo seguirá siendo palabra hueca. Y si de democracia se trata, lo que está en juego es la voz de los ciudadanos, su libertad, su soberanía como pueblo.
* El autor es consultor en Administración Pública