Pedro y el dilema de las carreteras malas

Arturo Mcfields [email protected]

Los 500 millones de córdobas que ha perdido Nicaragua por las malas carreteras y caminos que no se han reparado, es un mal con efectos colaterales devastadores. Dicho en un lenguaje popular, “pobreza trae pobreza”.

En un país donde más de la mitad de sus pobladores está en el desempleo y la otra parte tiene salarios bajísimos, el gobierno tiene que poner de su parte para garantizar que los que ya están trabajando tengan condiciones básicas para poder mover esta carreta que se llama Nicaragua. Entre otras cosas más, hace falta carreteras, salud, educación, empleos y viviendas, pero principalmente le faltan agallas a este gobierno para asumir las riendas del país y sacarlo adelante. Creo que si tuvieran los mismo ánimos y el mismo “músculo” que se demuestra en la lucha contra la corrupción para resolver otros problemas más inmediatos, la cosa sería diferente. Pienso, como dijo alguien, por mal pensado, que Pedro Solórzano le ha querido echar tierra al problema de las carreteras, en lugar de “recarpetearlas” y trabajar seriamente en los 600 kilómetros de vías que tienen incomunicado al país. Una gaseosa de 12 onzas, de cuyo nombre no quiero acordarme, en El Rama cuesta casi 20 córdobas. Esto no es resultado de la carestía de la vida, ni mucho menos; esto es porque el país esta incomunicado y la gente prefiere comprar en Honduras que pagar tres veces más por el arroz y los frijoles que no pueden llegar del Pacífico.

La situación es triste y no es para menos. No es casualidad que el 40 por ciento de la desnutrición crónica que se registra en el país se concentre en municipios como San Isidro, Siuna y El Rama, los que comparten un denominador común, pobreza, enfermedad y malas carreteras.

El transporte es un tema que debería ser parte de la agenda nacional y tratado con carácter de urgente, las comunicaciones siguen siendo una clave para aminorar la crisis, me parece…

Solórzano tiene 165.9 millones de córdobas sin ejecutar, mientras los caminos siguen en mal estado.A pesar de esto tiene la desfachatez de pedir a la Asamblea Nacional que le dé una “ayudadita” para resolver un problema que el mismo debió resolver hace mucho tiempo.

El hambre no es un espectáculo. Creo que Solórzano debe empezar a tomar en serio la responsabilidad que tiene como titular del MTI, creo que debe entender que no se trata de un juego, ni mucho menos de una carrera de carretones. No se trata de eso, sino de la suerte de un montón de gente que vive en la otra Nicaragua, la Nicaragua sin agua, sin luz, sin salud, educación y ahora, como regalo de Navidad, sin carreteras.

A pesar de esto Solórzano insiste en esquivar el problema, mirarlo de lejos, ser un espectador, del otro lado de la cerca que mientras muchos padecen, él salva su pellejo, diciendo que todo se trata de una “campaña en su contra”, mientras hace chistes dolosos de un asunto grave, al decir “no tengo riales para reparar las carreteras, voy a ver (como un espectador) de dónde me los cacho (práctica cada vez más común en instituciones del Estado)”.

El autor es periodista.  

Editorial
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