El aguinaldo navideño

Todo aquel que en estos días tiene la fortuna de estar empleado en Nicaragua se alegra con la llegada del mes de diciembre, porque en este mes su ingreso es doble —el sueldo regular más otro de aguinaldo—. El empleador, por el contrario, no experimenta esa misma alegría porque el aguinaldo, conocido también como décimo tercer mes, significa para él un desembolso adicional, un incremento de su nómina al doble. Al mismo tiempo, sin embargo, la demanda de bienes y servicios experimenta un fuerte estímulo por los cerca de 950 millones de córdobas adicionales que, según informó LA PRENSA ayer, la gente tiene de más para gastar.

Como consecuencia de lo anterior, en este mes se nota una efervescencia comercial que da la sensación de que la economía ha mejorado. Pero no hay que engañarse, ya que se trata de una reactivación económica temporal que es provocada por un estímulo artificial no sustentado por un aumento de la producción.

Al ver el repunte de la actividad comercial, algunos podrían pensar que para que las cosas anden mejor bastaría con subirle el sueldo a los empleados, quienes de esa forma tendrían, como en este mes de diciembre, posibilidades de gastar más. Pero eso no es cierto, ya que los aumentos de sueldo que no están respaldados por un aumento de la productividad son terriblemente inflacionarios y causan más mal que bien.

La historia económica del mundo abunda en ejemplos que prueban lo anterior. La inflación, que no es más que una subida permanente —no temporal— del nivel de precios, es el peor impuesto que se le puede poner a la gente, ya que evapora por completo el poder adquisitivo de su dinero. Nuestro país ya vivió en épocas del sandinismo esa amarga experiencia. Muchos todavía recordarán cómo los billetes de 20 córdobas, por ejemplo, pasaban, por el simple hecho de ser resellados, a ser billetes de hasta 200,000 córdobas, pero con la triste realidad de tener un poder adquisitivo todavía inferior al que tenía el billete en la época en la que la tasa de inflación era mínima y dentro de parámetros normales.

En realidad, el aguinaldo equivale a un aumento de sueldo del 100 por ciento, pero por el hecho de que ese aumento se da en un solo mes, la presión inflacionaria es temporal y poco perceptible. Si el ingreso total (sueldo más aguinaldo) que reciben los empleados en diciembre se mantuviera fijo, la tasa de inflación se dispararía. La razón es simple: al haber más dinero en manos de la gente, los comerciantes tenderían a subir los precios de todos los bienes y servicios y cada vez se necesitaría más dinero para adquirir una cantidad igual de bienes. De esa manera se anula el efecto benéfico del aumento salarial, y si el Gobierno decidiera continuar “estimulando” la demanda tendría que poner más dinero en circulación, lo que vendría a alimentar aún más la presión inflacionaria.

Sólo un aumento de la productividad laboral, es decir, un aumento de la cantidad de bienes y servicios producidos por cada persona empleada, es lo que puede hacer que se mejoren los sueldos y salarios sin peligro de atizar el cáncer de la inflación. Pero la productividad se aumenta, fundamentalmente, sólo con más inversiones, y éstas, como lo hemos señalado en muchas ocasiones anteriormente, son la resultante de un ambiente que las atrae. Y ese ambiente se forma cuando hay paz, leyes claras, simples y estables, un gobierno honesto y un sistema judicial eficaz, eficiente y confiable. Pero es de gran importancia también, que haya una población que esté convencida de que sólo la inversión —nacional y extranjera— es la que puede mejorar sus condiciones de vida a través de empleos productivos y permanentes. No es, como quieren hacernos creer algunos políticos, que la mejoría del nivel de vida de la población se puede alcanzar por decreto o por aumentos obligados de salarios.

Pero, por de pronto, aquéllos que en este mes tendremos la fortuna de recibir un ingreso extraordinario, no olvidemos que hay muchos otros que no recibirán nada, y que por esa razón debemos compartir un poco de lo nuestro con nuestros hermanos más necesitados.  

Editorial
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