Nuevos ricos

Ernesto J. Marín

Cuando ocurren cambios demasiados violentos en el sistema de un país, aquejados como terremotos y otros fenómenos naturales, sobrevienen choques traumáticos en un gobierno recién nacido, a consecuencia de un sacudión institucional, con el fin y propósito de una simple profilaxis para sanear los dineros públicos. Por tanta infección purulenta que el presidente Enrique Bolaños ha descubierto en todos los engranajes gubernamentales, nos hace considerar como simples principiantes a los presidentes que lo antecedieron, los Somoza, Ortega y Chamorro.

Los escándalos en este irredento país son el menú cotidiano que nos obsequian como diario festín los medios de difusión. Y los nicaragüenses se preguntan, ¿por qué todavía nos clasifican como pobres? Si suman centenas de millones de dólares el gran botín producto del trabajo y los préstamos que nos han otorgado, cuando apenas a unos meses del cambio de gobierno se supo que se han zampado con un cucharón muy gordo una fortuna que ha ido a parar a los bolsillos de los nuevos ricos, que con nombre y apellidos todavía permanecen en estos lares, más una docena que huyó con esposa, familia y servicio doméstico incluido dejando todavía aquí a los grandes pirañómetros rodeados de guardaespaldas disfrutando de las inmunidades y privilegios que exhiben a la luz pública sin el menor rubor posible.

Es difícil escribir tanta desfachatez que recuerda el refrán: “Lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta”. Y se cae la cara de vergüenza ver en los días de fiesta y guardar, a fieles católicos que se pasean por los recintos sagrados de las catedrales, sacar sus lenguas bífidas y recibir la Santa Eucaristía. ¿Con qué valor me pregunto, estos despreciables cleptócratas se atreven a burlarse de los símbolos más sagrados del cristianismo?

Pero el cinismo es también una parte de la cultura de quienes al apropiarse del poder lo consideran como parte de su patrimonio familiar. Plutarco no menos cínico por ser más sobrio recomendaba a sus discípulos: “Si queréis apropiarte de la amistad y voluntad de un renco, pues aprende a renquear”, esto permite observar que aquí se han formado legiones de imitadores que han aprendido a caminar como su jefe y han dejado al país, y al estómago de la mayoría de los nicaragüenses en los pañales más lamentables de sus necesidades.

Los nuevos ricos no son difíciles de reconocer por la arrogancia y ordinariez de sus gestos por el uso del palillo del diente en los sitios más públicos, por el exceso de penetrante perfumes que usan sus compañeras y porque apuran de un solo golpe una pobre copa de vino digna de mejor consideración. Los de antes eran parcos en las propinas y hacían lo posible por remedar las buenas maneras de los ricos de toda la vida. Los nuevos le han perdido el respeto al dinero, eso es grave porque merece que se le respete aunque sólo sea por los placeres que nos procuran y lo mucho que cuesta ganarlo. La élite del PLC, los manchados de pies a cabeza no quedarán en la impunidad, porque ya perdieron la mística del aprecio popular que tanta confianza alentó a semejantes trogloditas.

El autor es diplomático.  

Editorial
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