Diálogo en Venezuela: ¿Solución o mal ejemplo?

La democracia podría trabajar mejor, y más completa y eficazmente, cuando se le dé tiempo de trabajar; cuando sea capaz de sobrevivir a un decepcionante liderazgo… Marcela Sánchezwashingtonpost.com WASHINGTON.— Han coincidido en darle el nombre de “salida electoral” — una solución legal, a mitad de camino, que podría representar un ordenado final para la crisis […]

  • La democracia podría trabajar mejor, y más completa y eficazmente, cuando se le dé tiempo de trabajar; cuando sea capaz de sobrevivir a un decepcionante
    liderazgo…

Marcela Sánchezwashingtonpost.com

WASHINGTON.— Han coincidido en darle el nombre de “salida electoral” — una solución legal, a mitad de camino, que podría representar un ordenado final para la crisis política que plaga a Venezuela mediante la revocación del mandato del presidente democráticamente electo.

Pero ahora que líderes del gobierno y la oposición de ese país han comenzado oficialmente a negociar ese proceso, la esperanza de los observadores en Washington es que la urgencia de las circunstancias no los limite simplemente a eso: a negociar una salida sin entrada.

La pregunta que debe plantearse, afirman los analistas, es cómo hacer del voto por una “salida electoral” algo más que una distracción momentánea en el tortuoso proceso de forjar una democracia más completa. Independientemente del resultado del referendo, de cuándo se realice, ¿aceptará el lado perdedor los resultados o se creará un ambiente aún más volátil?

O ¿es éste un caso oportuno para recordar que la “democracia” en América Latina en el siglo 21 significa más que sostener procesos electorales? ¿Cómo regresará Venezuela a enfrentar los retos de construir democracia una vez termine el conteo de votos?

Visto desde acá, el inicio de las negociaciones es un importante avance para un país sumergido por meses en excesos y confrontaciones de ambas partes. La polarización condujo incluso a un efímero golpe de estado el 11 de abril, en que la oposición pareció suprimir la democracia con el pretexto de defenderla. El comienzo de las conversaciones es el más positivo desarrollo en estos últimos siete meses.

Está facilitando las negociaciones César Gaviria, el Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, cuyos 34 países miembros reafirmaron el año pasado la importancia de la democracia y sus componentes esenciales: separación de poderes, un sistema pluralista de partidos, un Estado de Derecho, respeto por los derechos humanos y más, según la Carta Democrática de la OEA.

En ese sentido un traspaso de la banda presidencial puede parecer imperioso pero quedarse peligrosamente corto en satisfacer las expectativas. Alberto Fujimori en Perú, Jean-Bertrand Aristide en Haití y, también, Hugo Chávez en Venezuela, fueron todos elegidos popularmente. Pero en ninguno de esos casos la elección garantizó que la democracia vendría consecuentemente después, una realidad igual de válida para cualquiera de sus sucesores o reemplazos.

Por años Washington se vanaglorió de que el modelo democrático estadounidense había arrasado con el autoritarismo y las dictaduras del hemisferio y todos con excepción de un país eran democracias. Hoy, en cambio, funcionarios de la administración Bush hablan de 34 países con elecciones libres pero democracias imperfectas — con creciente desigualdad, pobreza, desconfianza y apatía.

Esta admisión en cierta forma reconoce que la democracia en el hemisferio ha madurado más allá de los primeros pasos. Por lo mismo tampoco se debe esperar que un mal paso se pueda deshacer con un paso a medias, o, peor aún, un salto al vacío.

PELIGROS PARA LA OPOSICIÓN

Venezuela es el único país del hemisferio donde lo que ahora se negocia está constitucionalmente permitido. Y lo está precisamente porque el propio Chávez llegó al poder convencido de que una democracia representativa —basada en elecciones— no era suficiente. El problema es que la Constitución no requiere que la oposición ofrezca alternativas en caso de que el electorado vote a favor de revocarlo.

La oposición venezolana dice saber que una elección es sólo un primer paso. Pero algunos analistas en esta capital se preocupan de que en su afán por convocar al referendo demasiado pronto la oposición podría terminar con un electorado menos preparado y podría incluso asistir al triunfo de Chávez y sus tácticas divisorias.

¿MAL PRECEDENTE?

Chris Sabatini del National Endowment for Democracy en esta capital, advirtió además sobre el preocupante precedente que puede sentar para Venezuela y el resto del hemisferio un intento por convertir las elecciones en herramientas para la resolución de conflictos como el venezolano.

Para entender mejor este conflicto, es necesario no sólo tener en cuenta el argumento por el cual Chávez debe irse del cargo a mitad de camino, sino, aún más importante, las condiciones que lo llevaron al cargo en primer lugar.

Los venezolanos estaban desilusionados con los partidos y los políticos que habían elegido para representarlos, así que eligieron a un independiente que parece incapaz de cumplir las mejoras económicas que prometió. Y la respuesta que se está discutiendo es: convoquemos a otra elección.

Esa es la democracia en funcionamiento, arguyen algunos. Tal vez, pero sólo en parte. La democracia podría trabajar mejor, y más completa y eficazmente, cuando se le dé tiempo de trabajar; cuando sea capaz de sobrevivir a un decepcionante liderazgo, cuando las elecciones representen más el comienzo de algo y no su final.  

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