- El liderazgo personalista de Hugo Chávez Frías surgió en medio de la crisis política y económica de Venezuela, iniciada a finales de los años 70. Cuando el Estado fue
incapaz de continuar satisfaciendo las demandas sociales de bienestar, los mecanismos tradicionales de
representación (elecciones, partidos políticos) se deslegitimaron. Surgió la necesidad de un líder
“antisistema” que prometió cambios pero cuyo barco también hace aguas
Eduardo Marenco (*) [email protected]
Venezuela se ha partido en dos: entre chavistas y antichavistas. La polarización y división del país sudamericano es evidente. En el plazo de diez años (1992-2002) aquella nación ha vivido tres intentos de golpe de Estado. Los dos últimos han tenido como principal protagonista al ahora presidente Hugo Chávez, primero como victimario y luego como víctima de la intentona golpista.
La democracia, entendida como un sistema de representación política por partidos, amenaza con hundirse. La crisis de representación alcanza a los partidos políticos, al Estado y al mismo Chávez. El liderazgo personalista del ex golpista no ha resuelto la división de la sociedad venezolana, por el contrario, la ha agudizado.
¿Qué es lo que explica a Chávez?
De acuerdo a la mayoría de analistas, el “fenómeno Chávez” hay que entenderlo en el marco de la crisis de representación que se vive a nivel global, que tiene como resultado la erosión de la “mediación partidaria” de la política y el resurgimiento de una “mediación centrada en líderes”.
Las consecuencias del resurgimiento de liderazgos personalistas de carácter autoritario en América Latina son de grave importancia. Alberto Fujimori en el Perú, Chávez en Venezuela, Carlos Menem en Argentina, así como el retorno inverosímil de Alan García en el Perú, que casi derrota electoralmente a Alejandro “el Cholo” Toledo, plantean nuevos desafíos a las instituciones democráticas y a los mecanismos de representación política.
LA CRISIS DEL PACTO DE «PUNTO FIJO» EN VENEZUELA
Durante la primera mitad del siglo XX, Venezuela se debatió entre la inestabilidad política y los regímenes dictatoriales. En 1958, con el Pacto de Punto Fijo, acordado entre Rafael Caldera y Rómulo Betancourt, se consensuaron las reglas básicas para instaurar un régimen democrático basado en la idea de la centralidad del Estado en la vida política, la plena vigencia del juego político electoral y un modelo económico basado en la renta estatal del petróleo.
Entre 1958 y 1982, en Venezuela se desarrolló un Estado hiperactivo, intervencionista, una suerte de “Estado del bienestar” que corporativizó la relación entre la ciudadanía, los partidos y el Estado, derivando en problemas de clientelismo y corrupción.
Según la analista Miriam Kornblith, se desarrolló una “riesgosa dependencia” entre el éxito económico del modelo democrático y su adhesión al mismo. Es decir, si había bonanza económica, la democracia valía la pena. Cuando la economía inició su colapso, el Estado no pudo responder más a las demandas sociales y la población desconoció la viabilidad del régimen político.
Con el derrumbe de los precios del petróleo, a finales de 1981, la burbuja del “bienestar” estalló. La renta petrolera y la intervención estatal en la economía, dejaron de ser factores de armonía social. Se inició la crisis de la economía venezolana, lo que arrastró consigo al desprestigiado sistema de partidos políticos y a un Estado paternalista socavado por denuncias de corrupción. El modelo de sociedad instaurado desde el acuerdo de Punto Fijo, comenzaba a saltar en pedazos.
EL YUGO DE LA DEUDA
La solución a la crisis económica se encontró por la vía de un alto endeudamiento externo, lo que disparó la devaluación del bolívar. El viernes negro de febrero de 1983 no trae gratos recuerdos a los venezolanos. Entre 1975 y 1980, la deuda pública externa de Venezuela aumentó de US$1,709 millones de dólares a US$29,344 millones de dólares. Igualmente, se duplicó la pobreza: la proporción de hogares ubicados por debajo de la línea de pobreza se incrementó de 17.73 por ciento en 1981 a 34.64 por ciento en 1991. Disminuyeron los ingresos salariales y aumentó el desempleo a inicios de los ochenta.
La crisis de la deuda se ensañó con Venezuela, un país acostumbrado a la bonanza de los “petrodólares” de la década de los setenta. El descalabro económico impactó en el sistema de partidos. En las elecciones de 1988, en las que resultó electo presidente Carlos Andrés Pérez (Acción Democrática), el abstencionismo alcanzó el 18.5 por ciento, el doble de la tasa promedio de los últimos treinta años. Al mismo tiempo, se veía que entre 1981 y 1993, los ingresos petroleros per cápita disminuyeron de US$1,631 a US$529 dólares, es decir, a menos de la mitad.
EL SURGIMIENTO DEL CHAVISMO
El surgimiento del chavismo está directamente ligado a la crisis económica venezolana, pues el “Movimiento Bolivariano 200” se configuró el 17 de diciembre de 1983, cuando la crisis acababa de estallar. Además, Chávez movilizó a los sectores que no se sentían representados por los actores tradicionales, explica la analista Martha Lucía Márquez Restrepo.
Avanzados los ochenta, las políticas de ajuste estructural anunciadas por Carlos Andrés Pérez, el aumento de la carestía de la vida, así como el descrédito creciente del sistema político, hizo estallar una ola de protestas populares que colocaron en jaque al nuevo régimen. La represión seguida al “caracazo” profundizó el descontento social con los partidos políticos tradicionales, a los que se responsabilizaba de la crisis económica y de la represión.
En escenario semejante, la población ansiaba un golpe de timón que diera al traste de una vez con el sistema político. Esta fue la antesala al golpe de Estado promovido por Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992.
En 1988, en las primeras elecciones para elegir gobernador, alcalde y autoridades municipales, el abstencionismo alcanzó el 54.96 por ciento; y en las de 1992 el 50.84 por ciento. En los comicios de 1993, posteriores a la destitución de Carlos Andrés Pérez, obtuvo la victoria un candidato que por primera vez no era apoyado por la maquinaria electoral de Acción Democrática o del Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI). Se trataba del veterano Rafael Caldera, candidato de Convergencia.
FRACASO DEL ESTADO PATERNALISTA
En síntesis, el surgimiento de Chávez en el escenario político venezolano está ligado a la crisis originada en el fracaso del Estado paternalista, concebido a raíz del acuerdo de Punto Fijo (1958). Esta crisis económica estalló en 1983 cuando se produjo la devaluación del bolívar y el crecimiento de la deuda externa, señala Márquez Restrepo.
Igualmente, dice la investigadora, el fenómeno de Chávez está vinculado “al desprestigio de los actores políticos tradicionales, la ruptura del consenso entre las élites y por supuesto el malestar social ocasionado por los planes de ajuste que se inician en 1983 y que se consolidan en los gobiernos de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera”.
El ingreso de Chávez a la vida política por medio del intento de golpe de Estado del 4 de febrero de 1992, provocó la politización de las Fuerzas Armadas y es una expresión de militarismo —participación de los militares en política— fenómeno que históricamente ha acarreado enorme daño a la institucionalidad democrática en América Latina.
Medófilo Medina, investigador de la vida de Chávez, recalca que en Venezuela hay una relativa tolerancia en las Fuerzas Armadas a la presencia de corrientes conspirativas motivadas por las necesidades de ascenso social, ambición de poder o acceso a los recursos del Estado. Esto se manifestó antes del golpe promovido por Chávez y antes del golpe promovido en contra suya. Y en la actualidad, hay manifestaciones de militares vinculados a protestas sociales.
EL LIDERAZGO PERSONALISTA Y LAS CRISIS
El liderazgo personalista de Hugo Chávez Frías surgió en medio de la crisis política y económica de Venezuela. Cuando el Estado fue incapaz de continuar satisfaciendo las demandas sociales de bienestar que el modelo de Punto Fijo había concebido, los mecanismos tradicionales de representación (elecciones, partidos políticos) se deslegitimaron. Surgió la necesidad de un líder “antisistema” que diera el golpe de timón en contra de la clase política tradicional.
Sin embargo, Chávez ha profundizado la crisis de la democracia de partidos y ha envuelto en una nebulosa el futuro de Venezuela. El golpe en contra suya, siendo un golpe en contra del orden constitucional, revela que su liderazgo no ha podido erigirse como fuente de unidad política ni como articulador de la voluntad general de la sociedad.
La democracia de partidos necesita de liderazgos personalistas sólidos pero sujetos al control de la sociedad civil y del marco legal; medios de comunicación vigilantes y fiscalizadores de la administración pública; pero también partidos políticos que cumplan sus funciones de reclutamiento y de movilización electoral.
La crisis de Venezuela (1992-2002) ha desembocado en una politización de las Fuerzas Armadas que en nada contribuye a la consolidación democrática, al desarrollo económico y a la resolución de la crisis del modelo de sociedad del país sudamericano.
LA POLÍTICA ES PERSONAL
Contrario a lo que se cree, la política no es sólo el cumplimiento de las normas procedimentales de la democracia, sino además, el ejercicio del poder personal conforme a las mismas.
Marcos Novaro, filósofo argentino, explica que Thomas Hobbes (1588-1679) en el Leviatán (1651), concibe la representación en base a los principios de autoridad, comunidad política y publicidad. La representación forma y fundamenta una autoridad política personal. Con Hobbes, el soberano otorgaba unidad a la política y representaba la voluntad general.
Esta idea, que hacía intrínseca la relación entre autoridad personal, liderazgo y representación, fue abandonada por las teorías políticas contemporáneas las que confiaban en el gobierno de la ley y concibieron la representación como un mecanismo procedimental y anónimo.
Una muestra de presidencia personalista, dice Novaro, lo es por ejemplo la presidencia estadounidense en todo el siglo XX.
La diferencia entre los presidencialismos latinoamericanos y el de Estados Unidos, radicaría en cómo funcionan los mecanismos de control de los representados hacia el representante, el papel del balance de poderes y del sistema de justicia.
Mientras en América Latina ha reinado la impunidad y la represión política, en Estados Unidos el presidente puede ser sometido a juicio político, mientras el Congreso lo fiscaliza permanentemente.
LA CRISIS DE REPRESENTACIÓN POLÍTICA
El hecho es que, al erosionarse la capacidad de representación de las instancias clásicas de mediación (partidos políticos) se produce, en palabras de Marcos Novaro, “el quiebre entre la sociedad civil y el sistema político”, lo cual “habría generado un vacío en el que se instalaron liderazgos como los de Le Pen, Berlusconi, Bossi, Haider (En Europa)”…así como Fujimori, Menem y Chávez en Latinoamérica.
(*) Magíster en Estudios Latinoamericanos.