Hermanos & rivales

Las peleas entre hermanos son comunes, pero hay peligro cuando pasan de los gritos a los golpes y del enojo a la crueldad. Aquí, cómo actuar cuando pasan los límites Un escenario común que los padres encuentran al llegar a casa después del trabajo es una lista de quejas de sus hijos, que inevitablemente incluye […]

  • Las peleas entre hermanos son comunes, pero hay peligro cuando pasan de los gritos a los golpes y del enojo a la crueldad. Aquí, cómo actuar cuando pasan los límites

Un escenario común que los padres encuentran al llegar a casa después del trabajo es una lista de quejas de sus hijos, que inevitablemente incluye las peleas.

Las riñas entre los pequeños se dan por múltiples razones. Desde un juguete, el control remoto del televisor, un caramelo, ropa, en fin la lista es interminable, incluso hay algunos que pelean sin aparente razón.

La psicóloga infantil del Preescolar Arlen Siu, Moira Mayorga, explica que los niños reproducen todo lo que ven, ya sea en la calle, en la casa y/o en la escuela. Incluso, si el niño pelea, es un reflejo de su vida diaria y parte de su naturaleza infantil.

Tanto niñas y niños pelean, pero lo hacen de diferentes maneras. Su comportamiento responde a lo que han aprendido. La psicóloga Ledia Gutiérrez, afirma que los pequeños son reproductores de lo que hace el papá, la mamá o los roles del adulto en general de acuerdo a su género.

“Los niños pueden ser más impulsivos al arrebatar algo, las niñas son más sutiles y son más dadas a la palabra porque tanto uno como el otro, así va siendo educado”, enfatiza.

Un niño entre 3 y 6 años no conoce de rencores, esos sentimientos nos van invadiendo en el transcurso de la vida, pero sí se es temeroso, explica Gutiérrez.

Las psicólogas consultadas aseguran que es en los primeros años cuando se dan más frecuentemente los enojos, pero a medida que los niños crecen controlan más su comportamiento a consecuencia del aprendizaje y la socialización.

“Con el crecimiento desaparece el verlos hechos pelota o que se tiren las cosas. El niño de tres años aún no es analítico, ni reflexivo, máxime si lleva iras y enojos o no ha sido preparado para salir de casa hacia el colegio”, explica Mayorga.

Cuando van entendiendo mejor las situaciones pueden acumular rencores, por eso es importante hablar con ellos y acompañarlos en cada etapa.

Hay que estar al tanto de lo que hacen, recomiendan las especialistas en comportamiento infantil. En casos de peleas, la psicóloga Gutiérrez aconseja no castigar a los niños severamente, porque están en período de aprendizaje y reproducen sus experiencias. “No se pueden dejar pasar los conflictos, pero hay que disciplinarlos adecuadamente, sin maltratarlos para salir del círculo vicioso de “vos le pegás y yo te pego”. Disciplinar no significa castigo, sino orientación”, enfatiza.

Asegura que los niños entienden a toda edad siempre y cuando se les hable con ternura y con amor, con palabras sencillas que lo hagan sentirse amado, no que lo maltraten.

Terapias de disciplina

Al disciplinar, debe hacerse con mucho tacto y con modelos que sean modificadores y reforzadores de conducta.

Según Gutiérrez, en la terapia del modelo reforzador se repite una escena para hacer algo de manera adecuada.

El modelo modificador es, por ejemplo, cuando un niño tira un objeto y se le manda a recogerlo, se le dice que no debe tirar las cosas. En las peleas esta técnica modificadora se aplica induciendo al niño a la reconciliación.

Cuando las peleas pasan las fronteras de la casa y el “campo de batalla” se traslada al colegio, Gutiérrez explica que ésta puede ser una forma de descargar ira.

Los gritos, las palabras mal utilizadas que se les dicen a un niño o niña, como “vos chigüín”, “inútil”, “quitate de aquí”, “no es con vos”, o cuando los ignoran o los golpean, provocan que el niño se sienta indefenso y acumule ira o mucha rabia que descargan luego con sus amigos y compañeros de colegio”, advierte.

Por esa razón en algunos colegios donde tienen atención psicológica para los y las estudiantes, uno de los pasos cuando se dan altercados entre menores, es investigar qué está pasando en las casas con los padres, según explica la psicóloga Claudia Valencia, del Colegio Hispano Nicaragüense.

Indagar para corregir

La psicóloga infantil Rosa María Sánchez Lang, aconseja al adulto tener serenidad ante una pelea entre niños. Nunca debe llamársele la atención a los niños con gritos. Cuando hay un conflicto, después de separarlos, debe tratarse de calmar los ánimos de los niños y hablar con ellos recurriendo a algunas preguntas.

Estas preguntas son: ¿qué es lo que pasó? ¿Que quería cada niño que pasara? ¿Qué siente al respecto? ¿Qué hacía la otra persona? ¿Por qué su reacción? Esto es cuando los niños son mayores de un año y pueden expresarse verbalmente.

En cambio, cuando los niños están en el primer año de vida, que es la etapa del apego y del sentido de la pertenencia, hay que tener claro que los infantes simplemente reaccionan a necesidades.

En ese tiempo, tanto niñas y niños, reaccionan con llanto hacia una necesidad o como una manifestación de descontento. La energía de su reacción será de acuerdo al temperamento, lo cual en algunos casos es heredado, pero a medida que crece será influenciado por el medio en el que se desarrolla, dice la psicóloga.

En esta etapa del apego y del sentido de la pertenencia, cuando los infantes inician la escuela, se ve la diferencia entre los niños que socializan más o que tiene otros niños a su alrededor y los que crecen apartados.

Moira Mayorga, del Preescolar Arlen Siu, afirma que “al llegar al preescolar, los primeros pueden compartir más fácilmente y a los otros les cuesta un poquito compartir, y es ahí cuando pelean o se ven las luchas por los objetos y espacios, pero eso cambia a medida de su desarrollo y aprendizaje”.

Consejos

Existen sitios en Internet que brindan consejos para que los padres lidien con las peleas entre pequeños. Entre las páginas que puedes consultar figura:

– www.pediatraldia.cl/pb/ninos_pelean.htm

Según información de este sitio web, mientras más intervienen los adultos, más pelean los niños, porque la pelea está recibiendo premios, que es la atención suya.

– Para que los niños peleen menos, celébrelos cuando juegan amistosamente o cuando se prestan las cosas, y se ayudan entre ellos. No les preste atención cuando se portan mal, molestan y pelean.

– No se deben hacer comparaciones entre los hermanos porque aumenta la rivalidad y competencia entre ellos. Muchas veces son la causa de peleas posteriores y hace tener hijos menos hermanables.

– La revista Selecciones (Reader’s Digest) sugiere no interrumpir toda discusión, pues a los niños les conviene aprender a negociar. Pero si se están haciendo daño o si cree que uno se está aprovechando del otro, intervenga.

– Si interviene, explique el daño que se están haciendo y cómo puede afectarlos, y proponga una solución justa. Procure que lleguen a un acuerdo expresándoles su confianza en que pueden hacerlo, dándoles tiempo para intentarlo.

– Es importante que los adultos sugieran tácticas apropiadas para la edad de los niños, para ayudarlos a encauzar la ira. Fomentar recurrir a las palabras y no a los puños, establecer turnos si pelean por objetos. Contar hasta diez, pensar antes de actuar y ponerse en lugar del otro.

– Los padres no resuelven las disputas sobre posesiones dándole un objeto a cada niño. Es mejor fomentar que compartan.

– Según las psicólogas consultadas tampoco es recomendable culpar siempre a los niños mayores, puesto que los más pequeños a veces son exasperantes y no siempre tienen razón.  

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