- Terencio Casco perdió una parte de uno de sus pulmones. Los médicos le han dicho que podrá trabajar, pero no quiere volver al subterráneo
Amalia Morales y Clarisa Altamirano [email protected]
En sus cuatros años dentro de la mina, Terencio Casco había aprendido a manejar todas las máquinas. Por esas habilidades había alcanzado el título de operador A. Se sentía a un pelo de ser nombrado minero universal, el mayor rango al que aspiran los mineros. Eso les permite un sueldo mejor. Pero un accidente, que le costó la pérdida de un 20 por ciento de su pulmón izquierdo, arruinó ese propósito.
Trabajaba como operador de “yumbo” —la máquina perforadora— en lo más caliente del hoyo, cuando un día hace poco más de dos meses, se desmayó. Uno de sus pulmones, dañado por una bacteria, no resistió más el cóctel de gases, el polvo y la ausencia de aire. Terencio, que pasaba coqueteando con su peso, llevaba semanas sintiendo “un jincón” en el pecho que le “trancaba la respiración”. Por eso había ido a pasar consulta con el médico de la empresa, pero no supo de los resultados hasta que las dolencias dieron sus frutos.
En un principio le diagnosticaron neumonía aguda que se expresaba en vómitos de sangre, dolor y cansancio. En consecuencia, los médicos le cercenaron la parte podrida del pulmón y la pleura, que es una capa que protege a ese órgano. “Me destazaron”, dice Terencio, padre de dos hijas. La operación fue hace 34 días.
NO QUIERE VOLVER AL HOYO
El minero ahora guarda reposo en su casa. No sabe por cuánto tiempo. A pesar de la mutilación, los médicos le dijeron que quedará capacitado para volver a trabajar. Él, al agujero de oro, no quiere regresar. Ha pensado que aunque sea de vigilante pedirá su reubicación en la empresa, porque en las condiciones que ha quedado cree que bajar sería como enterrarse en vida.
Según reportes de los trabajadores, por efectos de las malas condiciones en que laboran, han muerto 36 mineros en los últimos años.
LAGUNA DE CIANURO ATEMORIZA A POBLADORES
La Triton Minera tiene permiso para explorar el subsuelo del Distrito Minero. Y bajo esa concesión perfora no sólo la tierra, sino también la superficie del suelo. A escasos kilómetros del poblado ha abierto una laguna de cianuro, sustancia que usa para procesar el oro.
Esto asusta a los que caminan por el suelo, quienes están convencidos de que poco a poco, ese lago de cianuro está contaminando el manto freático, que alimenta las aguas subterráneas que luego ellos consumen.
No hay un estudio que compruebe el temor de los pobladores, tampoco uno que demuestre la improbabilidad de que esto ocurra. Para esta construcción se hizo un estudio ambiental, sin embargo, se desconocen los parámetros que allí se establecieron.
Nelson Betanco dice que dos de las quebradas cercanas al poblado se han contaminado. La población siente distinto el sabor del agua y, como efecto, han aumentado las infecciones renales. Esta información no se corroboró porque el higienista del lugar no estaba en el hospitalito.
Dos preguntas inevitables de los pobladores son: ¿luego de la explotación minera qué? Y sin la empresa minera, ¿qué otras opciones económicas quedan?