- Menores que se desempeñan como lustradores, vendedores ambulantes, acarreadores de bultos y ayudantes de buses, distribuyen su tiempo entre el trabajo cotidiano y el aula de clases. A sus diez años de edad, Johnny Christie Marloth, va por la mañana a la escuela y por la tarde tiene que darle brillo al calzado de los parroquianos en el parque de Rosita, para mantener a su madre y su hermanito enfermo de cáncer
Heberto Jarquín M.CORRESPONSAL/Triángulo [email protected]
A doña Marta Marloth Pérez, una señora miskita de Rosita, RAAN, no le queda tiempo para trabajar porque tiene que peregrinar por los hospitales de la región caribeña y Managua, en busca de medicinas para su pequeño hijo Leo Joseph Christie Marloth que tiene un tumor canceroso en la garganta. El sostén de la familia es su otro retoño, Johnny, que a sus diez años de edad, lustra todos los días en el parque del pueblo, para llevar el sustento a su casa.
Un grupo de ciudadanos de este municipio minero, encabezados por el jefe de la estación de policía, capitán Carlos Malespín Lorente, se unieron para buscar una alternativa de estudios a decenas de niños que al igual que Johnny, deambulan por las calles, vendiendo, lustrando, acarreando bultos o cobrando el pasaje a los usuarios de buses.
A fines de agosto se instaló un aula en la delegación municipal del Ministerio de la Familia, y el Ministerio de Educación designó a la profesora Nora Alonso García, para que impartiera clases a 15 niños indigentes, trabajadores, con problemas de conducta y en situación de riesgo. El rango de edad de estos escolares oscila entre los diez y los quince años.
Telma Martínez Vázquez, trabajadora social de Mifamilia, dijo a LA PRENSA que establecieron contacto con dueños de talleres de carpintería, ebanistería, mecánica y electricidad, para enseñar a estos niños diversos oficios. “Ellos serán como una especie de padres adoptivos. A cada uno se le asignará un muchacho, al que le dará la comida y se encargará de su formación”, señaló Vázquez.
EL “QUINCHO” DE ROSITA
Cuando uno conversa con Johnny Christie Marloth, recuerda a Joaquín Carmelo, el personaje de la canción de Carlos Mejía Godoy, “Quincho Barrilete”, ejemplo vivo de pobreza y dignidad. Y es que Johnny es un ejemplo de coraje, dignidad, discernimiento y tenacidad.
“La calle es peligrosa, los chavalos más grande le pegan a uno. A mí me han arrebatado el dinero que gano lustrando. Me han invitado a oler pega. Esas cosas pasan todos los días, pero yo tengo que trabajar para ayudar a mi familia”, cuenta Johnny casi en susurros.
Dice que hay que aprender a vencer el miedo y descubrir el peligro antes de que sea demasiado tarde. “Los niños no tenemos que aceptar propuestas de hacer cosas que te meten en problemas, como probar drogas o robar”, aconseja el “Quincho” de Rosita.
NIÑOS MIGRANTES
Eymar Rodríguez tiene 15 años de edad y 2 de haber abandonado su casa en una comarca de la zona para buscar suerte en las calles de Rosita, duerme donde le agarra la noche y se ha involucrado en riñas callejeras. Ahora asiste a clases por primera vez, dice que le gustaría aprender un oficio útil como albañilería o carpintería.
Antonio Vargas es un desconocido en este pueblo de la RAAN, pero si pregunta por “Cosito”, todo el mundo le da referencias de un muchacho inquieto que llegó del campo y le hace entrada a cualquier chamba. A veces lustra en las calles y otras, vende frutas en el mercado de Rosita.
Cuenta que está entusiasmado con los estudios y que su familia lo apoya para que supere sus problemas de comportamiento. Al igual que su amigo Eymar Rodríguez, perennemente participa en trifulcas y pleitos con otros chavalos de su edad.
MECENAS:
El jefe de la unidad de Policía de Rosita, capitán Carlos Malespín Lorente, manifiesta que una de sus mayores satisfacciones es haber logrado que varios niños indigentes y con problemas de comportamiento, vayan a la escuela. Por iniciativa suya se conformó un grupo de apoyo integrado por representantes de la Alcaldía, Mifamilia, MECD, Organismos no Gubernamentales y ciudadanos que se han unido para ayudar a estos menores desamparados.
Silvio Valdivia Blandón es un comerciante de Rosita que distribuye cajas de lustrar con todos sus implementos, entre los muchachos que deambulan por las calles. “Es mejor que se ganen el sustento trabajando, pero también se tiene que respaldar esta iniciativa de llevarlos a la escuela”, indicó Valdivia.
“La maestra Norita”, como llaman los pobladores de Rosita a la profesora Nora Alonso García, es la encargada de impartir clases a este grupo de niños indigentes. “Estoy orgullosa de mis muchachos. A veces tengo que atajarlos para que no peleen. Pero el principal problema de indisciplina es el ausentismo y la deserción. Necesito la participación del comité de apoyo y los padres de familia para que no fracase el proyecto”, sugirió la maestra Norita.