Dra. Karmen Jiménez Guido
El atentado sufrido por LA PRENSA es un acto repugnante, pero al mismo tiempo es un acto de repugnancia a las agresiones propias y verdaderas que hacen los medios a algunas personas e instituciones independientemente si son culpables o no del delito que se les acusa.
El editorial de LA PRENSA del lunes 28 de octubre dice que los medios denuncian a las personas que han cometido violaciones a los derechos humanos, pero hay una gran diferencia entre presentar una noticia tratando a una persona como presunto culpable hasta que le sea demostrada su culpabilidad, y darlo por culpable ante la opinión pública desde el primer momento.
Cometen la misma violación a los derechos humanos que supuestamente denuncian en el otro. Deberíamos todos reflexionar pues ese acto violento nos da la campanada de alerta de cómo la presión ha subido muchas veces por culpa del tono que se usa en los diferentes medios.
Han levantado una gran polvareda en torno al atentado presentándolo como “atentado contra la libertad de expresión”, pero se tapan los ojos cuando se trata de buscar su responsabilidad ante lo ocurrido.
Al menos LA PRENSA intenta el profesionalismo cuando en un editorial se retracta de cómo presentaron la noticia de un supuesto pacto entre el Cardenal y Daniel Ortega, pero continúan publicando noticias confrontativas, como el lunes 28 de octubre sobre la homilía del Nuncio y la supuesta reacción airada del Cardenal. En el título se dio a entender que la reacción fue contra la homilía pero al leer el contenido me di cuenta que la molestia es por la manera como lo tratan los periodistas.
Como católica protesto enérgicamente contra la campaña de desprestigio que han montado los medios de comunicación, en general, en perjuicio de la persona del Cardenal Miguel y contra la Iglesia Católica. Estoy en contra de cualquier violencia. Considero que es también un acto de violencia manipular la información. ¡Dejen en paz al Cardenal Miguel!