Juan Antonio SanzEFE
MOSCÚ.- El secretismo que rodea el secuestro de un teatro en Moscú por terroristas y su posterior liberación, creció ayer con las versiones contradictorias ofrecidas por la Fiscalía sobre el número de los rehenes que fueron abatidos por disparos.
Mijail Avdiukov, fiscal de Moscú, fue el protagonista del último episodio del clima de desinformación tejido en torno a la muerte de 117 rehenes en el asalto por parte de comandos de las fuerzas especiales rusas para liberarlos de guerrilleros chechenos.
Hasta ahora las explicaciones oficiales señalaban que sólo dos de estos rehenes habían muerto por heridas de bala y el resto por el gas empleado para neutralizar a los terroristas, mortal para muchos de los secuestrados, debilitados por 58 horas de cautiverio.
En declaraciones recogidas por las agencias Interfax e Itar-Tass, Avdiukov señaló que entre los muertos por heridas de bala había “43 rehenes, más la residente de Moscú Olga Románova, asesinada cuando intentó entrar en el teatro, y otro hombre”, cuya muerte es confusa.
Estas afirmaciones pusieron al rojo las redacciones de los medios de prensa en Moscú, pues con ellas las autoridades reconocían, o bien un violento combate entre terroristas y comandos en el auditorio donde estaban los rehenes, o bien que los chechenos dispararon contra muchos rehenes antes de su liberación.
De esta forma, crecía la polémica sobre el inicial “éxito” de la operación de liberación y se ponía en duda la profesionalidad del rescate, ya objeto de numerosas críticas dentro y fuera del país por el alto número de muertes entre los rehenes, atribuidas al gas.
Las autoridades no dejaron, sin embargo, que esta nueva ola creciera, y una hora después el fiscal de Moscú rectificaba sus anteriores declaraciones y, en un despacho de Interfax, “precisó” que de los 45 muertos por bala, en realidad 41 eran terroristas.
Hasta ahora se había dicho que 50 terroristas habían sido eliminados en el asalto y tres capturados vivos.
EJECUCIONES
Los comandos Alfa que habían participado en la liberación habían precisado que parte de los terroristas cayeron en combate, y el resto, en especial las 18 mujeres que portaban explosivos, fueron ejecutadas “in situ” —tras ser adormecidas por el gas— para evitar que activaran las bombas.
Las rectificaciones del fiscal plantearon, sin embargo, dos nuevas incógnitas: otros dos rehenes aparecen como víctimas de balazos (cuatro ya en total) y no se especifica la causa de la muerte de nueve de los terroristas, tal vez envenenados por gas.
La nueva polémica se unió al misterio que rodea aún la naturaleza del gas empleado en el rescate y la responsabilidad del mismo en la muerte de la inmensa mayoría de los rehenes fallecidos.
Hoy se produjo otra rectificación que añadió confusión al caso, y que según varios medios de prensa independientes rusos, se debe a la creciente presión de las autoridades para controlar la información y aliviar las crecientes críticas sobre la operación.
El jefe médico de Moscú, Andréi Seltsovski, quien hace dos días reconoció que la muerte de 115 secuestrados se debió a los efectos directos del gas, indicó ayer que la principal razón de la mortandad fue “el comportamiento brutal de los terroristas” con los rehenes.
Según Seltsovski, la falta de agua, comida, y el “tremendo shock” debilitó a los rehenes hasta dejarlos indefensos y empeorar sus anteriores enfermedades cardiacas, diabetes, asma o bronquitis.
Pero algunos médicos que atienden a los rehenes niegan que la mayor parte de los fallecidos, entre ellos muchos jóvenes, mostraran signos de esas enfermedades que ahora les atribuyen las explicaciones oficiales para quitar responsabilidad al gas.