Nueva oportunidad para los inmigrantes latinos

Marcela Sánchezwashingtonpost.com Olvídense de que Estados Unidos es una nación de inmigrantes, de que la inmigración tiene un rostro humano. Las cifras solas cuentan la historia: Para el 2010 habrá 20.5 millones de nuevos empleos, sólo en el sector de servicios y apenas 17 millones de nuevos trabajadores, 19 millones si la inmigración ilegal continúa […]

Marcela Sánchezwashingtonpost.com

Olvídense de que Estados Unidos es una nación de inmigrantes, de que la inmigración tiene un rostro humano. Las cifras solas cuentan la historia: Para el 2010 habrá 20.5 millones de nuevos empleos, sólo en el sector de servicios y apenas 17 millones de nuevos trabajadores, 19 millones si la inmigración ilegal continúa a su actual ritmo. Otro millón de trabajadores, como mínimo, será necesario.

El jefe de inmigración James W. Ziglar ofreció dichos cálculos la semana pasada en un foro en un instituto en Washington y opinó que las conversaciones para la reforma de la inmigración que empezaron hace más de un año entre el presidente Bush y el presidente Vicente Fox de México, eran un paso adelante para responder al dilema que se viene encima. Dichas conversaciones se pararon en seco después del 11 de septiembre del 2001. ¿Cuándo se reanudarán? Adivínalo adivinador, afirma el comisionado del Servicio de Inmigración y Naturalización de Estados Unidos.

Así que con el Congreso ahora en receso para dedicarse a las elecciones y siendo improbable que trate el tema cuando regrese, no hay casi ninguna posibilidad de que los vitales cambios a la ley de inmigración que algunos pensaron alguna vez que estaban a la vuelta de la esquina, se materialicen en los primeros dos años de la presidencia de Bush. ¡Qué frustración!

MAL CLIMA

Y qué amargo preludio para la programada reunión del sábado entre los dos presidentes vecinos, con un Bush que apenas ha logrado cumplir su gran propósito de dejar una marca personal en la diplomacia hacia Latinoamérica, y un Fox que llega con su canasto vacío bajo una clima político interno empeorado por sus coqueteos con Bush.

Algunos promotores de cambios en las leyes de inmigración en Estados Unidos califican la reunión, durante la cumbre de la APEC de cooperación económica Asia Pacífico en México, como un asunto de “éxito o fracaso’’. Bush y Fox se han reunido casi al mismo ritmo de las estaciones: esta será su séptima reunión en 22 meses. Dichos gestos de lealtad son poco comunes incluso entre amigos distantes con agendas menos congestionadas.

Si Bush pudiera siquiera mostrarle a Fox algún resultado de sus esfuerzos, Fox podría ser recordado en la historia como el líder mexicano que hizo algo más que simplemente interrumpir la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional en México. Y Bush, por su parte, podría también ganar el derecho de un reconocimiento histórico, como lo tuvo Richard Nixon cuando fue a China, o Jimmy Carter cuando acercó la paz al Medio Oriente, o Bill Clinton cuando trabajó para acabar con el sistema de asistencia social “tal como lo conocemos’’.

Fox ha sido un compañero de equipo, ni oportunista ni ingenuo. Ha mantenido un bajo perfil en inmigración en los meses previos a las elecciones legislativas del 5 de noviembre en Estados Unidos.

MOLESTIAS

Pocos candidatos han tratado de convertir a la inmigración en un blanco de críticas en pleno año electoral. Pero eso no quiere decir que los inmigrantes —incluidos inmigrantes legales, naturalizados o hijos de inmigrantes en edad de votar— están respirando más tranquilos. Muchos están molestos con el precio que sienten estar pagando injustamente por lo que unos pocos que odian a Estados Unidos hicieron el 11 de septiembre.

Defensores de los inmigrantes están llevando cuenta de los cambios: La policía tiene ahora un papel más activo en hacer cumplir leyes de inmigración. A mexicanos aun con documentos suministrados por sus consulados se les ha negado la licencia de conducir. Empleadores han despedido a trabajadores por supuestas discrepancias en números de seguro social, sin hacer preguntas. Inmigrantes han sido detenidos por no cumplir con requisitos de notificar un cambio de dirección que antes eran ignorados.

No está claro si el nuevo enfado de los inmigrantes afectará las elecciones estadounidenses. El líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Richard A. Gephardt (D-Mo), recientemente esbozó una propuesta para legalizar a miles de inmigrantes y dijo que el control demócrata del Congreso será necesario para aprobarla. Tal vez. Pero muchos republicanos, tras examinar sus distritos electorales, han reconocido que su futuro podría estar pronto en mano de los latinos.

OPINIÓN A FAVOR DE LEGALIZACIÓN

Y en una encuesta emitida a comienzos del mes, el Pew Hispanic Center encontró que no sólo una mayoría de latinos está en favor de darle a los inmigrantes latinos una oportunidad para legalizar su situación, sino que dos de cada tres blancos y negros también lo están.

No importa lo que “the two presidents” (los dos presidentes) decidan hacer o no; este fin de semana, la oportunidad de hacer más eficiente al sistema de inmigración y ayudar a normalizar la situación de millones de latinos está disponible para quien quiera aprovecharla.

Bush podría decidir hacerlo. Fox probablemente lo intentará, y no tendría que hacerlo solo. Algunos de sus colegas al sur de su propia frontera —de Centroamérica, el Caribe e incluso algunos países sudamericanos—tendrían buenas razones para unírsele. Ciertamente las cifras solas estarán de su lado.  

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