José Leñero G.

Importancia de las holguras

*José Leñero G. Hace más de quince años, estudiando las características de la gerencia japonesa, especialmente en producción industrial, me sorprendió su advertencia que era mala práctica programar el trabajo al 100 por ciento de la capacidad instalada. Sin embargo, su justificación era tan interesante que la recomendé a mis clientes. El razonamiento es simple: […]

*José Leñero G.

Hace más de quince años, estudiando las características de la gerencia japonesa, especialmente en producción industrial, me sorprendió su advertencia que era mala práctica programar el trabajo al 100 por ciento de la capacidad instalada. Sin embargo, su justificación era tan interesante que la recomendé a mis clientes.

El razonamiento es simple: si las máquinas trabajan al 80 por ciento, su grado de desgaste es mucho menor que a plena capacidad. Además, si se produce una falla por cualquier motivo, queda reserva para recuperarla y cumplir las entregas comprometidas. Además, esa reserva es suficiente para atender el mantenimiento, con lo cual éste no interfiere con la producción.

Tanto en la producción física como en la administrativa, encontramos que en los últimos años, la intensa presión de la competencia que han vivido las empresas de los países de mayor desarrollo y de mercados abiertos —y también muchas de nuestra región— ha hecho que algunas de ellas imaginen que el gasto más fácil de reducir es el de personal y han aplicado temerarios downsizings, que a veces le dan el nombre de “reingenierías”, con la engañosa esperanza que siempre es posible obtener mayor productividad de los empleados que quedan.

Por desgracia, las reingenierías y downsizings efectivos, tienen estrictos requisitos de rediseño de procedimientos que han sido temerariamente ignorados por las empresas burocráticas —que son las que no hacen mejoramiento continuo de sus procedimientos, limitándose a mantener los que diseñaron hace años— o peor aún, las empíricas que simplemente hacen lo que ordena el jefe.

Aunque en unas y otras se da un efectivo mal aprovechamiento de su personal, la simple eliminación “a ojo” de algunos o muchos empleados no resuelve el mejor aprovechamiento del potencial de los que quedan y el resultado son recargos irracionales en muchos de ellos que, junto con la incertidumbre que crea el despido de compañeros que siempre cumplieron lealmente con lo que le ordenaban sus jefes, da origen a un ambiente de temor que no aumenta, sino que disminuye la productividad.

Pero aún en las empresas en que estos downsizings se han hecho como consecuencia de una auténtica reingeniería, la tendencia es dejar a cada empleado con su carga al 100 por ciento de su capacidad.

En el nuevo ambiente comercial, donde el pronóstico es que se competirá, no por los bienes y servicios actuales, sino por la capacidad de innovarlos (como lo he demostrado en varias columnas), tanto Michael Porter como C.K. Prahalad han advertido que esa solución (carga 100 por ciento), amenaza seriamente el futuro de las empresas.

Prahalad advierte que estos despidos son más la expresión de una anorexia que de un adelgazamiento saludable, ya que la esencia de ellos “debe ser no sólo quitar la grasa, sino también crear el músculo adicional que se necesitará mañana”. Este pensamiento es reforzado por Porter diciendo que ese tipo de eliminación no deja reservas para generar las innovaciones que la empresa necesitará mañana.

* Consultor Internacional.  

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí