Ricardo Baltodano y Jolanta Kulka junto a su hijo Andrés Ricardo Baltodano.

Respeto a los espacios

Amparo [email protected] Ricardo Baltodano, de 40 años, procedente de Carazo, tiene otra historia. En su afán por escaparse del Servicio Militar, impuesto en los años 80, relata que aceptó una beca en Polonia donde además de estudiar Administración Turística y Hotelera, conoció a su media naranja: Jolanta Kulka, una polaca de 37 años. Baltodano precisa […]

Amparo [email protected]

Ricardo Baltodano, de 40 años, procedente de Carazo, tiene otra historia. En su afán por escaparse del Servicio Militar, impuesto en los años 80, relata que aceptó una beca en Polonia donde además de estudiar Administración Turística y Hotelera, conoció a su media naranja: Jolanta Kulka, una polaca de 37 años.

Baltodano precisa que la comunicación no resultó complicada ya que él se dio a la tarea de aprender “lo básico”. También ayudó la “química”, que llevó a Kulka a intentar conocer el idioma español y de paso, arreglárselas para aprender a cocinar a lo nica.

“A lo que nunca me acostumbré en Polonia fue al clima, al exceso de papas y sopas. Además siempre tuve el mal de patria”, indica Baltodano.

“A mí, en cambio, nunca me gustó su impuntualidad. Siempre me hacía esperar una hora y eso me hacía pensar que no me quería”, detalla Kulka.

Pero con la convivencia las cosas se superaron. Puestos en este país, después de un año de separación “física”, se casaron. Aunque algunas diferencias siguen haciendo de las suyas. Por ejemplo a Kulka le molesta la bulla y opta por sitios donde se pueda conversar, de manera que no es aficionada a las discotecas, contrario a Baltodano.

Además prefiere la música clásica, el arroz sólo en ocasiones, la comida sin grasa; la independencia económica y le gusta ser exigente con su hijo, a quien no le permite dejar sin lavar el plato en el cual come. En cambio Baltodano suele consentirlo más; acostumbra en sus tres tiempos de comida añadir al arroz; y se siente a gusto con la música del recuerdo, incluyendo la ranchera.

Vida familiar

Aunque en lo referido a la hospitalidad concuerdan. Ya que en Polonia la gente acostumbra al menos dedicar una hora a las visitas, ofrecerle té y ponerle la oferta culinaria a la mano. “No como ocurre en Nicaragua donde a las visitas de confianza se les manda a buscar las ofertas a la refrigeradora y en muchas ocasiones se le deja hablando solos”, apunta la polaca.

Asimismo en la Semana Santa, pasan más en familia como es habitual en Polonia. Actualmente Baltodano dice haber aprendido junto a Kulka a ser puntual, ahorrativo, estudioso. Mientras ella, refiere que con su relación ha cambiado su jerarquía de valores, relegando a un segundo plano el materialismo.

“Cada quien ha cedido espacio y eso nos ha mantenido unidos”, agrega el nica. De momento están atareados con la educación de su pequeño quien físicamente es cien por ciento polaco. Aunque internamente es tan nica como los autóctonos.  

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