Néstor Avendaño
Es insólito que el Poder Ejecutivo envíe a la Asamblea Nacional una propuesta de ley de presupuesto nacional para 2003 con un déficit equivalente a US$267 millones, previo al registro de la buena voluntad de la Comunidad Internacional de donarnos US$156 millones con el fin de contribuir a la reducción de la pobreza humana.
Lo que trato de aclarar es que los especialistas, asesores y consultores gubernamentales se olvidan que Nicaragua es uno de los 41 países pobres muy endeudados del planeta, a pesar que ganan jugosas remuneraciones, llamadas “megasalarios” y “lícitas” porque hoy son “transparentes”, acorde con las palabras de un funcionario de primera línea muy cercano a la Presidencia de la República, quien además no cumple la orden judicial de devolver el sobresueldo que recibió en la administración pública anterior.
Las metas presupuestarias que formulan estos funcionarios públicos, creo que deben ser muy jóvenes en el ejercicio público, no deberían, por principio y por prudencia, reflejar ningún déficit después de contabilizar el monto de las donaciones de los países cooperantes y minimizar el nuevo endeudamiento externo que, aunque concesional, ya representa el 40 por ciento de la deuda externa total del país.
Sin embargo, desde el despacho presidencial se enviará a los diputados un déficit de US$111 millones antes de la búsqueda de más endeudamiento externo, un déficit que es igual a la mitad del alivio interino esperado en el pago de nuestra deuda externa en 2003. Por eso corremos el riesgo de que la mitad del alivio interino del pago de la deuda externa sea utilizada para pagar la deuda interna, que es muy onerosa para nuestra población.
Y ese nuevo endeudamiento externo para cubrir el déficit fiscal, en una buena parte, será posible obtenerlo si cumplimos el nuevo acuerdo económico trienal que aún el gobierno no ha podido suscribir con el FMI. Tener ese acuerdo en Nicaragua es fácil, cumplirlo será muy difícil porque no se visualiza una sólida colaboración legislativa con el Ejecutivo.
En este entorno económico y político, es muy probable que nuestra Asamblea Nacional volverá a aprobar antes de fin de año, como lo hemos observado en años pasados, un déficit fiscal sin financiamiento externo seguro, pero debemos pedirle a nuestros representantes que no nos exijan un financiamiento interno creciente para cubrir ese déficit porque nuestra nación es pobre y algunos ricos no pagan impuestos.
La Asamblea Nacional sabe muy bien que si no colabora con el Poder Ejecutivo, Nicaragua no aprobará los doce exámenes económicos trimestrales que le deje el FMI probablemente en noviembre de este año. Les recuerdo a nuestros legisladores nuestra previa experiencia como nación frente al FMI, al no pasar las pruebas del Acuerdo Stand-By de octubre de 1991 ni los dos primeros Programas ESAF’s de junio de 1994 y marzo de 1998. Y también recuerdo que ex representantes del Ejecutivo organizaron una fiesta y proclamaron nuevos ingresos de US$250 millones anuales para los más pobres, porque el mundo más rico nos reconoció como un país pobre muy endeudado.
Parece que los funcionarios de este gobierno no pertenecen a un país pobre, a un país que no puede endeudarse en términos comerciales en el mercado internacional ni puede hacer uso de los recursos prestados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para atender los urgentes problemas sociales de los más pobres.
Los recursos que presta el FMI, en forma de Derechos Especiales de Giro, a un país cuyo ingreso per cápita anual es igual a o menor que US$920, sólo sirven para “aparentar” una sólida posición de las reservas internacionales de la banca central. El FMI se autoengaña en su objetivo de estabilidad cambiaria y de precios cuando, desde un inicio, obliga el crecimiento de las reservas internacionales a un país pobre sobre la base de un mayor endeudamiento externo o interno cuando se cierran las ventanillas de préstamos multilaterales. Creo que el FMI debería promover una estabilidad macroeconómica sobre el esfuerzo exportador del país
Los asesores y consultores que pululan en este gobierno no presentan soluciones a los problemas del sector real o de la producción exportable —no me refiero a los ya teóricamente afamados y premiados “clusters”— y, además, rehuyen el debate sobre estos temas con profesionales, empresarios, trabajadores y pensadores nicaragüenses que buscan lo mejor para Nicaragua.
El FMI debería propiciar una discusión sobre la diversificación y ensanchamiento de nuestra base exportadora y proponer una nueva calidad de la política económica con el fin de reducir la brecha externa. No dudemos que el problema estructural de nuestra abultada deuda externa de US$6,412 millones es menos complejo que el de nuestra raquítica cartera de exportaciones, en la cual el volumen de 4 productos participa con casi el 70 por ciento en el volumen total anual exportado. Por eso también corremos el riesgo que, tras un año después que el mundo nos perdone al menos US$4,500 millones de nuestra deuda externa, Nicaragua sea de nuevo un país pobre muy endeudado.
Nuestros legisladores pueden solicitar al Ejecutivo que le envíen una propuesta de presupuesto para 2003 sin déficit, por nuestra condición de país pobre muy endeudado. ¿Por qué? Porque los diputados no pueden, por las condicionalidades del FMI, aprobar una emisión de dinero para financiar el déficit fiscal después de “registrar las donaciones y préstamos concesionales”, ni, por otro lado, pueden obligar a la Comunidad Internacional a que nos donen o presten más recursos. Pero el funcionario del MHCP sí cree que con más endeudamiento externo podrá reducir el déficit fiscal de 2003, a pesar que nuestra nación se encuentra frente a la gigantesca tarea de desendeudarnos dentro de la Iniciativa HIPC para hacer más atractiva la inversión extranjera directa (no la de zona franca, que se instala en tierra de nadie) y facilitar el deseado crecimiento económico.
Finalmente, nuestros legisladores también deben solicitar al Ejecutivo que les presente una propuesta de presupuesto nacional sobre criterios económicos realistas. Desde hace varios meses, y con la complacencia del FMI, he escuchado la versión oficial que Nicaragua tendrá un crecimiento económico de 1.5 por ciento en 2002 y de 3.5 por ciento en 2003. Cabe agregar que, desde un punto de vista estrictamente técnico, Nicaragua entró a una franca recesión económica desde marzo de 2002 y creo que no será posible salir de ella en este año. Creo que en el tema económico, el gobierno del presidente Bolaños ha sido aplazado en 2002, a pesar que la economía nicaragüense ya se estaba desacelerando con Alemán desde el segundo trimestre de 2000.
Estimo que, en el mejor de los casos, tendremos un estancamiento económico en 2002 y un leve crecimiento de 1 por ciento en 2003. Y la proyección de la recaudación tributaria depende, en primera instancia, de los volúmenes de producción y, en segunda instancia, de la inflación que hoy presenta una gran quietud por la importante caída del consumo y la inversión en nuestro mercado local.
Elevar la carga tributaria en estos momentos de recesión económica es algo irresponsable desde el punto de vista fiscal. Es más aconsejable reducir el gasto que no se relaciona con la reducción de la pobreza; salvo las cabezas de los Poderes del Estado, se podría eliminar el uso del parque vehicular gubernamental fuera de las horas laborales y reducir el consumo de combustible; por ética y moralidad, es necesario eliminar los “estipendios” y reducir los megasalarios; es conveniente mejorar la selección de los empleados públicos para evitar la contratación de un ejército de asesores; es urgente cobrar en mejor forma los impuestos ya establecidos. Así haremos un esfuerzo propio para reducir nuestro déficit fiscal, sin salir a extender la mano hacia fuera, lo cual incluye también la ineludible reestructuración de la deuda interna.
El autor es economista.