El jefe de Policía del condado de Montgomery, Charles Moose, muestra una dirección para el que público informe sobre el fracotirador que ha sembrado el terror en Washington.

Moose, esperanza de Montgomery

Es el policía que tiene la misión de capturar al francotirador que ha matado a ocho personas en Washington AFP WASHINGTON.- Charles Moose, el jefe de la Policía encargado de coordinar la pesquisa sobre el francotirador que aterroriza la región cercana a la capital estadounidense desde hace 12 días, se vio obligado a asumir un […]

  • Es el policía que tiene la misión de capturar al francotirador que ha matado a ocho personas en Washington

AFP

WASHINGTON.- Charles Moose, el jefe de la Policía encargado de coordinar la pesquisa sobre el francotirador que aterroriza la región cercana a la capital estadounidense desde hace 12 días, se vio obligado a asumir un papel de padre protector ante la creciente psicosis general de que sigan los asesinatos.

Los residentes de la temerosa capital estadounidense y áreas vecinas se aferran al ceño permanentemente fruncido de este jefe policial, y lo escuchan en busca de alguna palabra de consuelo y calma mientras esperan que alguien logre detener al misterioso criminal que desde el 2 de octubre asesinó a ocho personas y ha herido a otras dos.

El miércoles 2 de octubre cayó la primera víctima del francotirador, James Martin, de 55 años, mientras caminaba por el estacionamiento de un supermercado en Wheaton, al norte de Washington. A la mañana siguiente, cuatro personas fueron asesinadas de manera arbitraria en poco más de dos horas.

Todos murieron en el condado de Montgomery, en el estado de Maryland, y el jefe de la Policía local, Moose, debió hacer frente a las cámaras de todas las cadenas de la televisión estadounidense.

Su mayor reto hasta ahora, desde su llegada en 1999 al tranquilo y poco expuesto departamento policíaco, donde tiene a su cargo a unos 1,000 agentes, fue investigar denuncias de discriminación racial por parte de sus subordinados.

En impecable uniforme color beige, que siempre deja ver una camisa blanca debajo, la peculiar manera en que Moose responde a los periodistas que no les dará declaraciones, es tema de conversación en Washington y zonas vecinas.

Su sobriedad, calma, y su capacidad de emocionarse lo hacen atractivo.

Ya convertido en una figura familiar, este negro 49 años, padre de dos niños, sorprendió a los estadounidenses cuando su voz se quebró al informar el ataque contra un adolescente de 13 años, frente a su escuela.

“Aquí se pasaron de la raya, porque nuestros niños no merecen esto. Dispararle a un chico. Creo que esto se está poniendo verdaderamente, verdaderamente personal”, dijo entonces Moose.

Dos días después, se enfureció cuando los medios revelaron que el asesino supuestamente dejó en el lugar del ataque contra el niño una carta de Tarot con un mensaje: “Querido policía, yo soy Dios”. Iracundo, frío, pero sin alzar la voz, lamentó la “irresponsabilidad” de la prensa, a la que acusó de poner en riesgo la investigación y alertar al asesino revelando la información.

Transformado en una estrella de la pantalla chica, muy a su pesar, el “Jefe Moose”, a quien sus compañeros describen como tímido, rechaza muchas entrevistas y evita cualquier personalización de la pesquisa.

Un periodista le preguntó cómo aguantaba la presión de la pesquisa, y él, lacónico, le contestó: “No soy objeto de investigación”.

Aunque la psicosis desatada por el francotirador se parece mucho al sentimiento de vulnerabilidad que imperaba tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, y muchos medios lo comparan con el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, Moose no compite con el carisma de aquél.

Pero como Giuliani, se ha concentrado en su objetivo: detener al criminal para que la vida vuelva a la normalidad.  

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