- Una relación amorosa o de amistad puede pasar de sana y edificante a hiriente y confusa. Esto ocurre cuando aparece en escena la dependencia emocional. Los involucrados sienten frustración al no corresponder la realidad a lo que él o ella anhelan
Erica Ñamendi, de 20 años, conoció cuando era adolescente a su ex novio, con quien mantuvo una relación por un par de años.
“Yo empecé a jalar con él chavala, la mayor parte del tiempo la pasaba con él, a veces llegaba directo del trabajo a mi casa, dos años de la universidad estudiamos juntos, cuando veníamos a clases siempre estábamos juntos”, comenta esta estudiante de la Universidad Centroamericana.
“Cuando terminé con él me quedé sin nada, vacía, no tenía amigas, sólo la que es mi mejor amiga, pero a mi ex ella le caía mal, le chocaba, no la soportaba, ella fue la única que me quedó, hasta ahora estoy haciendo nuevamente amistades en la universidad”. Erica fue víctima de sí misma. Era una dependiente emocional y de quien dependía era de la primera persona de quien se enamoró: su ex novio.
La dependencia emocional, a como explica la psicóloga Ledia Gutiérrez, se puede explicar en otros términos, “como una relación simbiótica muy parecida a la que tiene el feto en el vientre de la madre, porque uno quiere estar con la persona que quiere las 24 horas del día. Uno quiere dormir, comer despertarse, ir a todas partes con esa persona, el uno oxigena al otro”.
“Yo siento que perdí mucho porque anduve con él por bastante tiempo de tonta allí, varios años perdidos de mi juventud en alguien que no valió la pena”, valora ahora Erica, después de tomar conciencia del grado de aislamiento al que la llevó su extinta relación.
¿Quiénes son más propensas?
Según Ledia Gutiérrez, las personas que tienen la mayor incidencia para tener algún tipo de dependencia emocional, “son quienes no han tenido seguridad y estabilidad en la familia”.
“Esa seguridad de la madre, del padre, la confianza, por eso es que muchas niñas se apegan a las amiguitas porque no tienen esa unión que hay entre los padres y los hijos”, explica.
En todo debe haber un límite, hay que dejar espacios de crecimiento, de autorrealización porque de repente una relación no te deja respirar, no te deja crecer.
Este tipo de relación inicia su desarrollo en el noviazgo. Marisela Reyes Cornejo, tiene cuatro meses de estar jalando. “Nos conocimos en la universidad, fuimos primero amigos, pero empezamos a pasar más tiempo juntos, hasta que nos hicimos novios, ahora todo el tiempo que podemos la pasamos juntos, yo lo quiero mucho”.
En las relaciones ya sean de pareja, de amistad o de familia, la fijación hacia otra persona puede aparecer.
“En las relaciones de pareja se dan este tipo de apegos porque sentimentalmente están involucrados, porque es bonito cuando es de dos, sólo entre ellos se puede dar una relación simbiótica, porque si una persona está más pegada que la otra este tipo de relación no se puede dar, tiene que ser de los dos, si él llega a la casa y ella siempre lo recibe es de los dos”, explicó la psicóloga.
“Cuando es que hay que poner atención al tipo de relación que estamos llevando, cuando pasa de un enamoramiento a una dependencia emocional”.
Ese tipo de relación hace daño cuando como persona dejás de hacer cosas para el crecimiento, cuando uno deja de expresarse, cuando ya la otra persona incursionó tanto en la mente, corazón, pensamientos, en todo que “hasta ya opinas igual que él, te vestís al modo del que le gusta a otro, haces todo de acuerdo a lo que dice la otra persona”, dijo la sicóloga.
Para María Danelia Molina, de 21 años, pasar todo el tiempo compartiendo con su novio no es ningún problema. “Porque nos amamos y queremos compartir todos los momentos que estamos juntos, los 7 días de la semana, paso con mi pareja, ya tengo tres años de estar jalando con él”.
No cree tener algún tipo de dependencia porque cada quien tiene sus espacios. “Yo salgo con mis amigas y no tengo problemas al igual que él lo hace”, comentó Molina.
Valor para el final
Terminar con esa persona que tanto hemos querido y con la que tanto compartimos, es duro y la dificultad de enfrentar esta situación crece con la costumbre.
“Paso todo el tiempo con él y no me da tiempo para otra cosa, a veces es frustrante y sofocante, pero yo lo quiero así”, sostiene Marisela.
Las personas dependientes emocionales no toman conciencia de lo que pasa en sus vidas hasta que llegan a situaciones como, “que no cultiva amistades, que no cultiva otras cosas que como persona debe hacer, pierde el poder de decisión, elección. No se puede depender de otra persona, al cabo del tiempo vos te das cuenta de que viviste para otra persona y que vos no hiciste nada”, aseguró Gutiérrez.
“No es que sea malo enamorarse o compartir con la persona que amamos, pero hay que estar conscientes de tener una relación con alguien no significa que nuestras vidas, nuestras decisiones y nuestras aspiraciones tienen que girar en torno a esa persona”, recalcó la especialista.
Hay que saber compartir y dividir nuestro tiempo en todas nuestras actividades, para todo hay tiempo, para compartir con los amigos, con la familia, con la pareja. “Se tienen que crear espacios para que te podás desarrollar como persona, como individuo para poder llevar una buena relación sentimental”, aconseja.
Señales
– Siente celos frecuentes, sentimientos posesivos y un deseo de exclusividad, viendo a las otras personas como una amenaza para la relación.
– Prefiere pasar tiempo a solas con la otra persona y se frustra cuando esto no ocurre.
– Se enoja irracionalmente o se deprime cuando la otra persona se aleja un poco.
– Pierde interés por otras amistades.
– Experimenta sentimientos sexuales o románticos que llevan a fantasías con esta persona.
– Se preocupa excesivamente por la apariencia del otro, por su personalidad, problemas e intereses.
– No tiene deseos de hacer planes a corto o largo plazo sin incluir a la otra persona.
– No puede ver las fallas del otro de manera realista.
– En el caso de los amigos, brinda un afecto físico que va más allá de lo apropiado para una amistad.
– Muestra una intimidad y una familiaridad con este/a amigo/a que provoca que los demás se sientan incómodos o fuera de lugar en su presencia.