Noel Hernández Ramos [email protected]
La protección al medio ambiente es una idea que ha calado en la forma de pensar de las personas que viven en los alrededores de “El Chocoyero”, como el caso de Maritza Samuria, quien ya encontró en la reserva una forma de subsistencia para su familia.
Samuria junto a otras tres socias decidieron crear un vivero con plantas ornamentales y silvestres de la zona, las cuales son muy apreciadas por los visitantes de la reserva.
“Estamos más atraídas por la naturaleza, porque la vemos de otra manera, y, además, es más viable para nosotros”, expresó.
Desde que se decretó la reserva como área protegida en 1993, afirma que las comunidades han tomado más conciencia de la importancia del bosque húmedo, porque él es el que mantiene con vida las dos cascadas naturales de agua, que son las que utilizan para beber.
“Si maltratamos el bosque, ¿cómo vamos a hacer cuando el agua se seque, si de ahí nos ayudamos con el agua que tomamos que sale de la cascada El Brujo?”, se preguntó.
Samuria y sus socias han sabido aprovechar el conocimiento que tienen las mujeres más viejas de la comunidad sobre cómo hacer que las plantas de los “peñaderos” peguen mejor en los sacos de tierra.
“Antes miraba que quienes cuidaban los árboles eran locos, pero ahora no. Ahora si maltratan a un animal o a un árbol esa persona no me cae bien”, agregó.
RECIBEN CAPACITACIón Y FINANCIAMIENTO
Proyectos como el del vivero de Samuria son parte de los trabajos que el Centro de Acción y Apoyo al Desarrollo Rural (Cenade) realiza para involucrar a las comunidades en las actividades de protección y conservación de “El Chocoyero”.
La mayoría de estas personas dependen del cultivo de la piña y la pitahaya, explicó Edgar Castañeda, encargado del proyecto de proyección de la reserva.
AID APOYA PROYECTO
Estos proyectos son realizados con el apoyo de la Agencia Internacional para el Desarrollo del Gobierno de Estados Unidos y del Gobierno de Nicaragua, a través de un proyecto llamado Comanejo de Áreas Protegidas (Comap).
“Lo que se quiere con esta idea es que la comunidad se inserte en la dinámica del turismo, para que sea aprovechada localmente y no a través de empresas de afuera o tour operadoras, que establecen las condiciones de cómo guiar al visitante”, comentó.
En ese sentido, dijo que el proyecto se orienta hacia la capacitación de las comunidades en temas como la promoción turística, capacitación sobre manejo de recursos naturales, así como aprovechamiento y desarrollo sostenible, que comenzó en enero de 2001.
Según Castañeda, desde entonces se han financiado, a través de créditos, las iniciativas de pequeñas empresas comunitarias, como la creación de dos comedores, para favorecer el servicio de comida a los visitantes, y la creación de un sistema de transporte a caballo, carreta y alquiler de bicicletas.
Indicó que también están los micronegocios, que son los huertos o viveros donde se venden plantas silvestres que la misma gente de la comunidad reproduce.