- Gran impacto de declaración de Arabia Saudí sobre respaldo a acción si es avalada por la ONU
Naji Al QanniEFE
EL CAIRO.- Una consigna de “sálvese quien pueda” recorre el mundo árabe tras el anuncio de Arabia Saudí de que colaborará en atacar Irak si lo avala la ONU, después de que el Pentágono barajó incluir al Gobierno de Riad entre los enemigos.
Según portavoces diplomáticos en la región, Arabia Saudí aparta con su decisión cualquier sospecha de convivencia con el terrorismo y lo que Washington define como “el eje del mal”, algo que a medio o largo plazo podría suponer un peligro para su propia estabilidad.
De acuerdo con las fuentes, la postura de Riad también garantiza a Arabia Saudí entrar en el reparto de dividendos que conllevará la eventual derrota de Irak si finalmente se produce el ataque, y supone un ejemplo que los países árabes han comenzado a seguir.
Poco después de que el ministro de Exteriores de Riad, príncipe Saud Al Faisal, realizara su espectacular anuncio en Nueva York, su colega egipcio, Ahmed Maher, afirmaba en El Cairo que su país prestaría asimismo su apoyo a lo que decida la ONU, aunque sin precisar las condiciones de ese respaldo.
La declaración de Al Faisal fue interpretada por los analistas como un primer signo de que su país abría el camino para el uso de sus bases militares por parte de EE.UU., y la de Maher disparó los rumores de que Egipto había permitido ya la concentración en su territorio de tropas estadounidenses.
EE.UU. tiene acantonado en suelo saudí un contingente militar de unos 5,000 soldados en la base del “Príncipe Sultán”, cerca de Riad, mientras que fuerzas norteamericanas realizan periódicamente maniobras militares con el Ejército egipcio.
Aunque fuentes saudíes aclararon que la declaración de Saud “no significa un cambio en la posición de Riad”, y portavoces oficiales negaron en El Cairo el supuesto permiso para la movilización militar estadounidense en territorio egipcio, los anuncios de ambos países indican que “algo ha comenzado a moverse” en el mundo árabe.
“No es un secreto que Arabia Saudí, después de los atentados del 11 de septiembre en EE.UU., se encuentra entre la espada y la pared. El reino debe apoyar la campaña contra el terror o afrontar acusaciones de patrocinar el terrorismo”, dijo a EFE Sayed Abdelrazek, experto egipcio en la zona de Oriente Medio.
Tras los cambios de postura tanto de Arabia Saudí como de Egipto, todo tipo de especulaciones han empezado a ocupar ya las páginas de los periódicos árabes, sobre cuáles serán, al final, los estados de la región que prestarán su apoyo a un ataque contra “el hermano” Irak.
CAMPANAZOS DE ALERTA
En opinión de Sayed Abdelrazek, experto egipcio en la zona de Oriente Medio, las señales de alarma del reino wahabí se encendieron con la demanda presentada en EE.UU. por familiares de las víctimas de los atentados contra tres príncipes y varias asociaciones saudíes, acusados de financiar el terrorismo.
Los demandantes justificaron su querella en el hecho de que 15 de los 19 supuestos autores materiales de los ataques del 11 de septiembre eran de origen saudí, al igual que el propio Ossama Bin Laden, que a partir de los ataques de hace un año se convirtió en el hombre más buscado del mundo.
Los mecanismos de alarma saudíes se activaron con la divulgación en la prensa estadounidense, poco después de la demanda, de un informe del Departamento de Defensa estadounidense en el que se recomendaba a la Administración del presidente George W. Bush incluir a Arabia Saudí en el grupo de “países enemigos”.